Domingo, 30 de agosto de 2009
Alineo mi energía a un punto imaginario donde mis pensamientos se dirigen, no es un punto de amor, ni un lugar paradisíaco, solo es un punto que atrae mi luz cuando hacia el viaja; no es un lugar real por donde fluya el tiempo, éste se rompe en una vasija sin contorno; pero ahí, en ese punto imaginario, se encuentra el innombrable, el que es conocedor profundo de todas las cosas que suceden en el devenir del universo, el que mira sin ver y no se queda detenido, el que es dueño y creador de eso que llamamos nada y que de ese punto de luz sin resplandor, espacio, materia, o palabra que decante. emerge lo que percibimos con el alma o con los ojos del cerebro y la razón, aquello que Tomás el santo tenía que ver para creer. He gastado miles de palabras para encontrar la metáfora perfecta, al menos aquella que pueda interpretar el susurro de luz negra o un murmullo de luz blanca, ambas nos definen en torrentes en estas reflexiones del sentir, que mi pensar es relativo y que la nada existe como existe la materia pero también desaparece. Me olvido por instantes de este crujir de espíritu y salgo de lo que llamamos día, supervivencia cotidiana, aconteceres en la vuelta por sí misma de la tierra, unidad del círculo, Pi, número ancestral y mágico. Pero así como el Zen indica que para entender que el momento siempre ha estado con nosotros hay que olvidarse del momento, así la tierra y todo lo que bulle de la vida y de la muerte donde son olvidadas mis plegarias y el lamento surge repentino. Ya no soy yo, el que pide una respuesta sino el hombre, el colibrí sin flor, la gaviota atrapada en un polímero, el niño retratado con una carabina en una fila de soldados de la muerte, las focas blancas recién nacidas en el lumen prodigioso de la nieve para ser depositadas en el río enrojecido de crímenes siniestros, la mariposa que bate sus alas sin ese ritmo alegre de hace algunos años o la chicharra, abejorro de mis tierras con un canto de amor ahogado por el rugido del sol no tan lejano. No solo es el niño que porta un arma para placer de sus maestros, también es aquél que en una imagen desfallece ante la mirada siniestra de los buitres. O el que se enferma mortalmente al tomar de un charco de agua que se encuentra repleta de desechos para que otros la desperdicien en una alberca y botellas de agua pura para el sediento, computadoras para llenar con el silencio la soledad indiferente de una sociedad robotizada. Siempre hay playas de lujo y hamacas finas para ese tipo de viajeros espacios resguardados para los privilegiados mientras el mundo se muere con otra luz en el cielo perforado y se cuela en sus pecados, porque pecar es quebrar a la armonía y eso es lo que el hombre como especie ha realizado, no solamente la bestia sanguinaria de si misma, sino matar a cuanto ser viviente se encuentre en ese estado. hoy dirijo mi energía hacia la luz de un punto imaginario, donde mis pensamientos se polarizan y sin embargo la intención de pedir por mis miserias, afortunadamente se olvidaron.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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