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La ciudad de los soles nocturnos

Domingo, 30 de agosto de 2009

EL punto imaginario

       

Alineo mi energía a un punto imaginario

donde mis pensamientos se dirigen,

no es un punto de amor,

ni un lugar paradisíaco,

solo es un punto que atrae mi luz cuando hacia el viaja;

no es  un lugar real por donde fluya el  tiempo,

éste  se rompe en una vasija sin contorno;

pero ahí, en ese punto imaginario,

se encuentra el innombrable,

el que es conocedor profundo

de todas las cosas que suceden

en el devenir del universo,

el que mira sin ver y no se queda detenido,

el que es dueño y creador de eso que llamamos nada

y que de ese punto de luz sin resplandor,

espacio, materia, o palabra que decante.

emerge lo que percibimos con el alma

o con los ojos del cerebro

y la razón,

aquello que Tomás el santo

tenía que ver para creer.

 

He gastado miles de palabras

para encontrar la metáfora perfecta,

al menos aquella que pueda interpretar

el susurro de luz negra

o un murmullo de luz blanca,

ambas nos definen en torrentes

en estas reflexiones del sentir,

que mi pensar es relativo

y que la nada existe

como existe la materia

pero también desaparece.

 

 

Me olvido por instantes

de este crujir de espíritu

y salgo de lo que llamamos día,

supervivencia cotidiana,

aconteceres en la vuelta por sí misma

de la tierra,

unidad del círculo,

Pi, número ancestral y mágico.

 

Pero así como el Zen indica

que para entender que el momento

siempre ha estado con nosotros

hay que olvidarse del momento,

así la tierra y todo lo que bulle

de la vida y de la muerte

donde son olvidadas mis plegarias

y el lamento surge repentino.

 

Ya no soy yo, el que pide una respuesta

sino el hombre,

el colibrí sin flor,

la gaviota atrapada en un polímero,

el niño retratado con una carabina

en una fila de soldados de la muerte,

las focas blancas recién nacidas

en el lumen prodigioso de la nieve

para ser depositadas en el río enrojecido

de crímenes siniestros,

la mariposa que bate sus alas

sin ese ritmo alegre de hace algunos años

o la chicharra, abejorro de mis tierras

con un canto de amor ahogado

por el rugido del sol no tan lejano.

 

No solo es el niño que porta un arma

para placer de sus maestros,

también es aquél que en  una imagen desfallece

ante la mirada siniestra de los buitres.

 

O el que se enferma mortalmente

al tomar de un charco de agua

que se encuentra repleta de desechos

para que otros la desperdicien en una alberca

y botellas de agua pura para el sediento,

computadoras para llenar con el silencio

la soledad indiferente de una sociedad robotizada.

 

Siempre hay playas de lujo y hamacas finas

para ese tipo de viajeros

espacios resguardados para los privilegiados

mientras el mundo se muere

con otra luz en el cielo perforado

y se cuela en sus pecados,

porque pecar es quebrar a la armonía

y eso es lo que el hombre como especie ha realizado,

no solamente la bestia sanguinaria de si misma,

sino matar a cuanto ser viviente se encuentre en ese estado.

 

hoy dirijo mi energía hacia la luz

de un punto imaginario,

donde mis pensamientos se polarizan

y sin embargo la intención de pedir por mis miserias,

afortunadamente se olvidaron.

 

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

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