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La ciudad de los soles nocturnos

Lunes, 13 de abril de 2009

Pétalos de tiempo

       

hola y adiós en el abrazo de la muerte
hojas arrancadas en el libro del destino 
Nacha Pop



       

Persistencia de la memoria

 

 

A Zaraceno y Viajero:

cronopios

 

 

I

 

Pasan los días y como algún título de memorias vivas,

también pasan los años

con todos los sucesos arrastrados al último vagón

y las leyendas se incrustan en las sombras del recuerdo

por las  estaciones de un ferrocarril sin destino,

como un lento transcurrir

en que  los relojes

mojados,

son elipses dobladas por extraños sentimientos

sillas de montar para un corcel de cactus

en un desierto mágico donde las flores son de piedra

bañadas  por una fina lluvia de tiempo nacida de la luna.

 

Los pétalos son borrados por el lento acontecer

en el largo engranaje de la historia

en que  cada vuelta de tuerca,

es devorada.

 

II

 

 

En este paréntesis de pájaros inmóviles,

viento de palabras ahogadas por el color profundo del silencio,

por el lago de los sueños;

una niña juega con un aeroplano y una estrella,

en una casa de agua encantada de un país lejano.

 

En el momento que un hombre espera el tren de las cinco de la tarde,

una gaviota encendida con las llamas del futuro,

eleva sus plegarias al azul profundo del alba,

sus alas despliegan la esperanza de arribar a un puerto sin aduanas.

 

 

III

 

En las calles empedradas de memorias rotas,

calzadas que conectan el sentimiento colectivo del pasado,

redes perforadas del desatino conquistado,

caserío abandonado,

pueblo fantasma en que el ayer tenía un destino,

ahora un libro inédito,

leyenda extraviada en un mundo de acertijos.

 

En las Catedrales de arena

construidas en la mitad del mundo

el soy

el eres

son polvo en la oración del infinito

recuerdo sepultado en el arco del olvido. 

 

En esta iglesia abandonada,

brotan crisantemos pétreos

Y en el centro,

la madera nazarena,

cedro de líbano,

ahuehuete perfumado,

altar de ceibas amazónicas,

el polvo pronunciado

de lo que algún día seremos,

reloj de arena,

paso del tiempo de un cristal a otro

duelo de espejos,

las dos caras de este accidente afortunado,

imagen y objeto frente a frente,

misterio y soledad

carnaval y cofradía

en ceniza dibujada

hola y adiós en el abrazo de la muerte

hojas arrancadas en el libro del destino,

collar de símbolos que el pensamiento teje

razones sin razón en este viaje solitario.

Pero sabemos que no es polvo en travesía,

sino el regreso al lago mágico,

a la placenta líquida

stabat mater

amada,

tu vientre iglesia de agua

jardín de dátiles y acacias.

 

A lo lejos una niña juega con estrellas

y un aeroplano

y un hombre sin equipaje,

espera el tren de las cinco de la tarde

que atraviesa el lago mágico de sueños;

del agua viene y  a ella torna

dulce placenta

útero cósmico,

madre universal,

Ella lo espera

siempre,

deshojando los pétalos del tiempo.

 

 

 

 

 

 

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

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