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La ciudad de los soles nocturnos

Sábado, 28 de marzo de 2009

En estos días...

En estos días todo parece alinearse en contra mía... a pesar de los colores presagiando su retorno.

       

 

Hoy

 

Me quedé suspendido en el letargo de las palabras,

un artículo sobre el best seller,

la continua narración de lo cotidiano,

los pensamientos sin rumbo,

dos poemas sobre la catástrofe y la belleza

de una ciudad blanca en medio de la mugre,

ochenta mundos alrededor del cuento

de una historia escrita con muchas manos,

cantada por un coro de personalidades divergentes

en la sintonía de la convergencia,

con la música escrita por un sordo

y los sordos no escuchando su mensaje,

nada que ver con la melodía de un verso

en la pauta del silencio prolongado

en medio de las voces que nacen de la nada,

o el poema del espejo que refleja la metáfora

perdida en los escombros de la imaginación,

resonando con el clamor de los pájaros encarcelados

y un perro dormitando el tiempo del estómago.

 

 

La estación

 

 

Dentro de mí hay una estación abandonada

en medio del desierto, entre un pueblo perdido

y un camposanto donde yacen mis recuerdos.

 

En una sucesión de claroscuros secos y sedientos,

mi reloj es una espiral de eventos solitarios

que moldean su gestación en el útero del caos.

 

En el lado invisible de un círculo plateado y líquido,

el reflejo es una imagen de silencios difractados

por mi otro yo

que deambula en una ciudad inexistente.

 

El infinito,

es la parte recíproca del cero en un teorema muerto,

La metáfora del orden

devorada por la implosión del tiempo,

 

una larga noche...

 

Cárcel

 

 

Horas gastadas que rodean mi abandono,

objetos al cuidado de un cronos indolente,

ideas atrapadas entre las letras,

escondidas por los anaqueles viejos

y asfixiados  por su destino incierto

en una cárcel  de papeles polvorientos.

 

Afuera del presidio, las aves se pasean,

los versos escapan de este crucigrama,

los niños juegan con el fragor del agua,

la vida se desplaza en tonos verdes

y yo camino por mis  huesos arrugados

en  el recuerdo  disoluto de los tiempos;

 

respiro un aire con olor a  camposanto,

una procesión encadenada de silencios  

en medio de oquedades temporales.

 

Espero el tiempo de flores y  sirenas.

 

Silencio,

Se cuela un soplo de abeja solitaria

con una brisa de verano en pleno invierno,

presagia un río de amarillas mariposas

donde pueda sumergir mis soledades.

 

Silencio,

Escucho un aleteo insistente...

 

Un pájaro me avisa tu presencia

envuelta en terciopelo de ángel

para abrir esta prisión sin cerradura

en que mi cuerpo es su propio carcelero.

 

 

 

 

 

 

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Bienvenido de vuelta

Ignacio González T | 30-03-2009 04:13:01

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