Miércoles, 11 de febrero de 2009
... mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,...
Piedra de Sol Octavio Paz
Lo que es un instante,
un simple transcurrir del tiempo
en una forma imperceptible,
lo que es una duración menor a un segundo,
puede ser el intervalo mas grande de la vida,
el sobresalto del ser
al percatarse que por esa rendija de momentos
que se asoman a una ventana abierta a otros mundos,
atisban los misterios de aquello que nunca se conoce
y en ese lapso de tiempo que se va desenrollando
como un gran rollo de papel en blanco trasparente,
se relacionan las historias
que le dan eco a las vidas y las cosas que se observan,
las sensaciones físicas,
los deseos dominando el quehacer sin forma de los hombres;
abstracciones que desvían el significado de lo incierto,
vislumbrado en ese instante como un resplandor que ciega las ideas.
Y entonces comienza la labor del artesano,
el oficio sin par del escribiente
en ese intenso proceso de apretar las energías,
macerar intensamente al verbo con el martillo de los símbolos
y alargar la membrana de signos imprecisos
hacia un cortejo bruñido de espejos infinitos
que retienen el instante,
ese punto cronométrico
donde la profundidad del negro
atrapa el colorido resplandor de los misterios.
En un mirar de luces y de sombras,
las palabras son gestadas
por un sinfín de asombros incoherentes,
balbuceos que inventan la metáfora
en el buche del pájaro invisible.
En una sinfonía de gritos mudos,
esperas musicales de silencio,
el espejo se transforma en graznidos encendidos
y vomita la palabra diferente
mas allá de relatos congelados
o presentes enterrados,
mas allá de cualquier rescate del futuro
con las hojas registradas de un manuscrito milenario.
El instante es una razón de ser
de todo aquello que nunca comprendemos
y por lo mismo bautizamos los eventos
que transcurren dentro de los ojos,
con el miedo,
la inconciencia,
o la ignorancia,
cuando en momentos de oraciones mágicas,
el silencio se acurruca en la palma de la mano.
Las formas que delinean el espíritu
se apoderan de su esencia
con símbolos concretos y fugaces
para romper el equilibrio de la vida suspendida
en el largo segundo anticipado por la muerte.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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