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La ciudad de los soles nocturnos

Viernes, 16 de enero de 2009

El recuerdo

El caminar será un misterio

no pude morir antes de nacer

después de todo lo vivido,

que el sueño continúe su delirio.

  Patricia Elizabeth



       

I

 

 

En la palma de tu mano

que me ofreces

para albergar el tiempo,

en las horas que resurgen

para ser renacida en el silencio,

en la estela de estrellas que la palabra

te dejó como un soplo,

en el poder manifiesto de una mirada

que se ha perdido en el vacío,

en ese instante que la distancia entre ambos,

parece rescatarnos

para no quedarnos ciegos

por la rutina aplastante

de los lugares repetidos y comunes,

es verdadero lo que esconde el tiempo.

 

 

II

 

Los sacerdotes del silencio despertaron

en la voz suplicante del maestro,

aquel que fue bautizado en la poesía

entre vientos que borraban  sus preguntas

y allá en el tiempo exacto del conjuro

el corazón pudo ver con los ojos pasmados de la nada.

 

Hoy, en esta madrugada de conciertos

Cuando todo el mundo duerme

acariciado por los sueños,

La historia se construye

en una sinfonía de voces

suavizadas con la tersura de tu  mirada

para el desconcierto de los ciegos.

 

El canto dulce del señor,

como un lamento

una caricia,

regresa a mi de nuevo

para quedarme en el recuerdo

cuando las flores invisibles del amor

brotaban del silencio,

en la postura de asombro repentino

del que no sabía de cierto que estaba muerto.

 

 

III

 

Antes de que el viaje de las horas

en el trayecto del sueño

se fuera apoderando de su sangre

y sus quebrantos.

Antes de sentir la nada

en el hueco de tu mano

y con una palabra en el centro del vértigo

renacieras nuevamente con su soplo.

 

 

Tras de ti, detrás de tu mirada,

que es repetida en el espacio

y en otros rostros que dejaron

su huella de amor y pertenencias

en intentos de equilibrio mágico,

la memoria se sacude la nostalgia

con los ojos internos,

 

el retorno a lo que fue diferente,

sentirnos vivos en la presencia

compartida con el otro,

diálogo del jardín perenne

de la multitud sin nombre,

oraciones a la ausencia

de un corazón dividido.

 

En ese cuarto solitario

que la soledad los compartía,

se reunían las voces descubiertas

por el brujo para leer poesía;

en esa sinfonía de soledades,

almas inquietas  y a la deriva

compraban un pedazo de cielo

para sembrar verdades

al destino injusto de los hombres,

y abrir sus pulmones

para cantar el himno hacia la vida.

 

 

IV

 

 

Mi tiempo ya es tu tiempo

hemos navegado en el silencio

guardado las partes rescatables

construido con metáforas la espera,

saber que existías en alguna parte

no tener un templo para conjurarte

o para rezar y pedir que regresaras

solo el pensamiento mismo del intento

la fuerza de ese hueco de tiempo

que no se llenaba con los otros tiempos

o lo que nosotros ya sabíamos,

que en alguna parte de este mar profundo

que algunos llamamos universo

y en un disfraz de rostros y de cuerpos

procesiones largas  de vidas en espera

fantasmas en línea y al lado del cortejo,

tierra sobre tierra para nosotros muertos

partos de luz para nosotros renacidos

y vueltos a nacer en otros

 y dar amor para los otros

que callados nos amaban

en el sueño intermitente de nosotros:

 

Estás ahí,

casi te encuentro,

espérame,

no se quien eres y te siento,

no se por qué sin conocerte

ni saber nunca de ti

te necesito.

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

La necesidad del saber,
la necesidad imperiosa de escribir,
la necesidad del dar,
la necesidad del estar,
en fin, la necesidad en sí...
Buenos tus últimos poemas.

Ignacio González | 20-01-2009 19:33:07

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