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La ciudad de los soles nocturnos

Martes, 06 de enero de 2009

Gaza

 Que soledad tan grande hermano
Que enorme vacío compartirla
Que terrible revelación se abre
A nuestros ojos interiores
El tremendo fracaso de ser hombres


 

Amargo como el café, mis pensamientos hacia un pueblo dividido

por la feroz y aterradora preservación de la impotencia,

hostilidad que se confunde con defensa de un criterio milenario

igualmente despreciado por tanto horror que en los tiempos

de existencia han venido pagando el crimen supuesto del hijo

de dios asesinado que de igual forma en la otra parte de la historia,

mil masacres igualmente perpetuadas hacia el rito de la sangre incomprendida

a los hermanos de un solo Dios en doce tribus paralelas y enemigas

Abraham no es el culpable de la herencia arrebatada de un hijo egipcio

ni tampoco los otros doce hermanos peleando como fieras contra hermanos

ahora que sigue, me pregunto, una franja mil veces dividida y fragmentada

muchos vecinos al borde de la muerte y las lágrimas de sal en sus heridas

otros con miedo justificando con su voto y su dinero la tranquilidad en vida

el poder pagar la gasolina, perforar el cielo con el humo de sus fábricas,

los supuestos beneficios de la ciencia al transformarse en progreso fragmentado

solo le quedan a los pobres la ignorancia, el fanatismo al defender con lunas

y estrellas la dignidad robada como la tierra usurpada por los caballeros de la banca

solo le resta a los otros amantes del dinero engatusar con el becerro de oro

a los otros hijos de Jehová, de Dios, Alá, la trilogía perfecta en un triángulo roto

aperturas del miedo en los vértices del fuego, tierra y arena sin vergel o cedros

es la misma historia de los hombres que se refleja en un millón de espejos,

tierras abonadas por el capataz del miedo, asesinos de la indiferencia,

criminales de corbata realizando fraudes en pirámide y justificando  los chacales,

industria de la guerra para que se den en la madre los desposeídos de la carne,

espirituales reflexiones de que el mundo está escrito en un libro sagrado

donde Huitzilopochtli es la paloma blanca de la paz entre guerreros sanguinarios.

 

Solo la presión de la palabra que es fecundada  por la nada, y parida en el silencio

podrá detener en parte a los chacales de la guerra, antes víctimas del odio de la raza,

ahora justicieros de Isaías e Ismael, hundidos en una cabala incomprendida;

paradojas son los justicieros asesinos cuando en otros tiempos eran las víctimas

del miedo. Es mi pueblo de igual forma un conjunto de retales sin reflejos en el prisma

de la tierra, indios sin dioses rescatables, ahora reliquias de museo para un occidente

sin pasado.

 

Cuatro momentos que en el crisol del tiempo, han sido trabajados en otros continentes,

solo en Europa, en parte Platón y Cicerón la ciencia haya servido

 para matar en masa como esquirlas de granada pulverizando islas, y conciencias

en el calor del átomo; liberación de otras razones que la ciencia ignora y es reproducida

en las dunas de Mahoma o en los terribles descontentos de la ignorancia de la media

luna  en un desierto sin flores y en otro, vergel de estrellas.

 

Solo la palabra vomitada por los pájaros que anuncian la llegada de la muerte

es la que suele pronunciarse en este desierto de la vida, camposanto de la fe

tierra sepultando la esperanza y niños mutilados en ambos lados, defendiendo

una porción de paraísos infernales, donde la miel es el vinagre de los cerdos

y la leche solo es recuerdo en un lejano edificio enterrado por el polvo:

 

 

¿Paz?

La derecha justiciera o la izquierda vengadora, los ángeles del cielo y del infierno,

los hijos de David y de  Mahoma; los apóstoles, doce siempre como doce meses

tiene  el año y en cada ellos una semana santa y otra del diablo.

 

¿Hay que borrar el calendario y comenzar a contar desde el futuro?

o mejor dicho:

¿Hay que esperar que la soberbia, antes pecado capital, se desarrolle más?

Y como borregos desquiciados hacia el precipicio en el mar del descontento,

nosotros los seres humanos como especie, nos hayamos extinguido

Y así empezar en serio como dice la poesía, ¿de la Nada?

Por: Modesto Herrera González | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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