Miércoles, 24 de septiembre de 2008
Every year is the same And I feel it again, I'm a loser - no chance to win. Leaves start falling, Come down is calling, Loneliness starts sinking in. I´m one Vi una película contigo después de haber pasado todo el día y la noche anterior viajando a través de las palabras y con la música que acariciaba de igual forma tu mirada. Supe que me iba a enamorar y buscar de mil formas el camino para que tú pudieras recorrer el mismo sentimiento. Pensaba que Quadrophenia, esa película retro en los 80 era el postre anhelado de casi 20 horas de no despegarnos del discurso que se fue tejiendo con las palabras que no salían de nuestras bocas pero que el momento presagiaba otras noches de inconciente cachondeo. El piano como maestro de ceremonias para la presentación de la guitarra de Pete Townhsend y la voz de Roger Daltrey de igual forma construyeron el punto de cruz en que nuestros caminos se iban a reflejar en el otro, dentro de una sinfonía de silencios paralelos. Música y palabras, imágenes que pasaban por la pantalla sin que nos percatáramos que se quedarían veladamente en nuestra memoria para festejar meses después el advenimiento de nuestros cuerpos reencontrándose en el otro como el espacio necesario para un largo recorrido en una ciudad con soles apareciendo entre las eternas y repetidas despedidas. Tenía que haber pasado el cortejo de los años transformados en una larga ceremonia de vivencias urbanas y constantes fugas al interior de nuestros propios mundos, perdidos en la inmensidad de un paisaje de piedras y arena como un cuadro oriental a la espera del cerezo. El lamento de un espíritu que intentaba darle un significado a su avatar por medio de una procesión de marginados, oprimidos, subversivos de la palabra escrita, contestatarios de la cultura establecida, chamanes de la poesía en medio del rito de las lagartijas y los conejos. Paredes pintadas a la mitad del diálogo, los mismos seres de todo el tiempo en la búsqueda de sus espejos rotos por la sombra de los opositores, el duelo de la existencia entre dos veces siempre al infinito dividido de Eros y Tánatos, la traducción textual del alma sin los acordes poéticos del espíritu. Una larga fila del desencanto nos esperaba en el cambio de página para que nuestra historia se escribiese en un pequeño espacio a punto de explotar, fantasmas vivientes en búsqueda de su propia muerte para nacer a la vida nuevamente, seres sin tiempo, con el futuro sobre sus hombros ya resuelto antes que el pasado se gestara. La vida comenzó a percatarse de que tú y yo existíamos y nos fue resolviendo entre los tejidos del amor en un multitud de reclamos que nos empujaban por los bordes zurcidos del infinito dividido, pero tuvimos miedo. Fue un instante qué como un tiempo perdido del inicio de los tiempos, nos fue repitiendo en la rutina del desencanto y así la magia no pudo recuperarnos. Ahora que el tiempo dejó de existir y reflexiono con las metáforas que se evaporaron sin poder alcanzar el punto final de una historia sin capítulos (solo una introducción seguida de un largo intermezzo), la dialéctica del olvido reflejado en el lago del desconsuelo, me pregunto como siempre, que hubiera pasado con la poesía madurando las respuestas escondidas en la ausencia. Quadrophenia es una película británica de 1979 basada en la ópera rock de 1973 Quadrophenia (de Who).
Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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