Jueves, 17 de julio de 2008
A mi hermano Iván ¿Para donde virar, de que hablar, de sentirse perdido? Eso me tiene digamos, como Alicia en el espejo reflejando la imagen de una historia inexistente de un rostro sin cuerpo un cayuco en medio de la selva el pájaro nadando en la profundidad del río las gaviotas buscando peces en un mar de piedras, un desierto sin cactus o lagartos rojos. Para donde virar cuando se navega en un mar desconocido donde la inmensidad nos apabulla y la brújula perdida de los cinco sentidos y la brújula de piedra y hierro buscando ambas a la luna a la estrella del alba la tierra firme en que lo sueños nos esperan. Eso me tiene, digamos que a escondidas difícil de encontrar la puerta o asomarse a la ventana en que el sol al inicio de la búsqueda presagiaba más días de playa y azucenas sirenas que habitan la isla de los manatíes me esperan después de esta travesía en que una lluvia de palabras anega la cubierta de una embarcación resistiendo sus embates. Y sin embargo en estas marejadas de dudas Incertidumbres, (des)conciertos, es el espíritu, que en vez de brújula perdida, me acerca al susurro imperceptible del viento que presagia la alegría, al advenimiento de otros mares tranquilos donde sus aguas reflejen las estrellas que me permita resolver los crucigramas. La navegación en estos días de tormenta cuando es la calma la que en un asomo entre las nubes negras del verso provoque en su eterno frenesí la chispa eléctrica del pensamiento: Los días de verano perdido entre sus brazos Y sus piernas Y sus senos bebiendo de sus labios la esperanza despertarme enredado en sus cabellos bendecir el maná, el dátil, la miel que sorbo de otros sueños que me esperan entender que la isla que vislumbro como punto final de mi retorno es la puerta, la entrada al paraíso la ventana donde se asoma mi amada esperándome con ansias la verde campiña en que las flores de igual forma reafirman su belleza los día tan soñados en las noches de insomnio y cafés fríos o esos despertares amargos en que el constante rabiar de la rutina me alejan del punto de partida y mi cama es una roca densa, escollera en medio del océano y las horas que se asoman en mi rostro no bastan para purificar el día, ¿Adonde virar? ¿Adonde partir? ¿Adonde buscar? Solo el espíritu me indica tiempo tiempo de espera tiempo de ausencias tiempo sin besos tiempos en que el valle es necesario para elevarse a la cima en la montaña tiempo sin flores en que se gestan las semillas tiempo de parto para los días futuros tiempos de ciclos en que el fuego muere y otro fuego después del tiempo nace y en ese instante que es un tiempo que perciben mis sentidos como único tiempo de los tiempos es el tiempo de la espera y de la travesía. Adonde virar, donde partir, de que hablar el susurro del viento el murmullo del espíritu el guiño de la luna las palabras que se quedan adheridas al suelo de mis sueños las sirenas el manatí la estrella de mar esperando el viaje de las olas la puerta la ventana una taza de café por la mañana un estado de alerta en lugar de un estado de ánimo me van a conducir a ese mágico lugar donde me esperan.
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Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (2) | Referencias (0)
alfonso gómez rico | 16-08-2008 02:54:07
A la poesía de Modesto Herrera, particularmente rica, con una prosa impecable, rebalsada de metáforas, situando al sujeto en un escenario mágico, donde se dan cita el universo y sus componentes. Cada línea envuelve y devuelve a la persona-cosa, las recrea, y las convierte en un todo para seguir deslumbrando hasta el final.
Te felicito.
Angeles Charlyne | 16-08-2008 23:58:15
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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