Miércoles, 18 de junio de 2008
Los emisarios de una historia ucrónica siempre avisan de muchas formas que solo el que puede ver percibe los mensajes depositados en el buzón del sueño, en que un golpe de homóplatos es la receta para desnatar el caldo en que se cocina la metáfora, como una parte del trabajo invisible de lo brujos y los que bordan el tapete invisible del silencio.
La palabra existe, siempre acecha en el rincón
y de repente llega en intervalos de puntos suspensivos,
por paquetes, en entregas inmediatas o mensajería;
ellas se derriten en el papel blanco y las ideas
construyen las señales que avisan el tiempo exacto
en que el cocido de versos se prepara con recetas de jazz
y en otras ocasiones con el sonido de la cuerda y de la jícara,
Macunaima como uno más de mis fantasmas anacrónicos
mas bien cronopios bailando tango en Brujas y en Paris.
Es en realidad una delicia,
como una delicia es encontrar
el punto exacto,
la cocción del evento que se fue gestando
entre una plegaria elaborada
con los ruidos del mar
y voces de un lejano país
vislumbrado en mi ventana.
Cuando la tristeza por uno mismo
se anuncia en cada célula,
cada vaso conductor
que además de sangre oxigenada,
también lleva en su transporte
al corazón,
una carga infinita de dolor.
Las lágrimas en un llanto
pincelado por una mañana
que no deseaba ver,
dibujada con sonidos libertarios
cuando los pájaros dialogan,
con canciones cromáticas
del sentimiento solidario
por aquellos que sufren más
en cuerpo y doblemente en alma,
por ausencia de alimentos,
caricias y morada,
de una paz arrebatada
por desastres naturales
o guerras fraticidas,
comprender que el real
significado de la vida
es el latir
de cada criatura del planeta,
cada gota de agua,
o cada lágrima que se vierte
en un cortejo de letras
que con ellas son pegadas las palabras.
La compasión por la cara angustiada
del que no tiene
un pedazo de pan
para el estómago
y el alma,
dos seres en uno igualmente con hambre
que no permite pensar en paraísos
y sin embargo,
no siempre una plegaria
o el canto solidario
es suficiente;
el deseo de ayudar,
la caridad,
el dar todo
por aquellos que sufren
y atraviesan el dolor
dos veces infinito
al que me aqueja.
Los emisarios de un tiempo diferente
siempre están presentes,
hacen brotar la bella flor
de una mañana diferente...
Hay que desprenderse de las cosas
que superfluas esconden
lo que realmente somos
y cambian la historia
del verdadero sentir de la existencia.
II
Frente al ocaso de mi reflexión,
pretendo vislumbrar el día
en que me pueda sentar así,
como lo hago ahora,
a terminar por fin
el cuento de la nada
que me propuse describir
en mil quinientos versos
pensando que los campos
en que crecen matorrales
y se esconden los conejos
del coyote y de las víboras,
no tienen puertas ni ventanas,
así el verso que en estos años nace
o mas bien dicho, se gesta,
sin ser sencillo o fácil,
no tiene fronteras ni cárcel
de cuartetos, ni forma de soneto,
es más, la rima es un artificio
para el que no encuentra
esa parte oculta del poema.
No se si se inició el relato
cuando otro día dispuse hablar
de laberintos, despeñaderos
o del brujo y la teoría de cuerdas,
quizá divagaciones en la casa
de otros necios que como yo,
Se dirigen al reflejo del espejo
cuando la luz es quien proyecta
la sombra incesante de la nada.
Hay mucho material dispuesto
a comenzar en este cuento
en que la música de alguna forma
siempre está presente,
aunque sea la parte ausente
en estos momentos de silencio.
En mucha partes del cosmos
en otros firmamentos
en mundos paralelos
o igualmente imaginarios
está el hechizo del llamado
o de las voces de los ángeles
que yo les llamo brujos,
aliados del poder en sueños
o simplemente: los emisarios.
Esta parte del relato comenzó
con el graznido sin sentido
del cuervo mientras buscaba agua
Y a través de sus gorjeos
o mas bien de sus cantos,
comencé a interpretarlos
en una mañana de verano.
Mientras caminaba por la playa
y la reflexión se gestaba con
un par de pescadores entre
las gaviotas y los peces
luchando ambos por su vida,
el pez doblemente por las redes,
así fue como apareció el tejedor
de telarañas en medio del océano
mientras el sol se estrellaba
con las piedras que escollaban
a dos aguas diferentes.
El cuervo comenzó entonces
a contar su historia anunciando
con su pico la llegada del brujo guardián
en medio de un escrito mágico
que tenía que descifrar
y darme cuenta del momento
que tenía que entrar por la ventana,
pero no sabía si ésta era igual
a la misma de mi casa
o de una madera diferente,
otro elemento sin cristal
ni mosquiteros.
Por ese entonces aparecieron
mas señales que no entendía
y sin embargo poco a poco,
con los versos iba asimilando.
Entonces me percaté que había
un poema que en murmullos
Me relataba las historias de los vientos,
de la noche, de un brujo perdido,
de harapos o jirones remendados
de estrellas y astros de humo,
hilos de araña tejiendo pensamientos,
deidades bailando con las llamas
de una hoguera solitaria,
pájaros negros diferentes a los cuervos,
sueños de esclavos transportados
en la galeras criminales de la muerte,
laberintos construidos con palabras
zurcidas en la travesía del viento
susurros de criaturas despojadas
de sus tierras, sus ríos y sus cantos,
y una historia que comenzó
en la otra parte del océano
en que el espíritu del bosque
el alma inanimada de las cosas
los animales de la selva,
el jaguar de este lado del mundo
y el león simbolizando la otra parte,
serían los sacerdotes del lamento,
testigos de los desposeídos
que en ese entonces entre lágrimas
y cargas de dolor sobre su espalda,
crearían la red invisible
de conjuros con notas discordantes
que solo ellos entendían
en la parte que los dioses
se ocultaban de los vivos
pero no de ellos,
casi muertos cosecharon privilegios.
Tendrían que pasar cientos de años
y aún así, mas de tres culturas
aniquiladas por el intento reflejado
de lo que el intento verdadero
quería regalar a sus aliados,
legaron las pistas adecuadas
las enseñanzas trasmitidas
a unos cuantos, pero no como
otros cuantos comentan
que pueden ser guardianes
del espacio, ellos,
los emisarios de los cuales hablo,
fueron los mismos que un día lejano
comenzaron a jugar con los tejidos
del alma y de los sueños,
artesanos,
humanos que aprendieron
a ser dioses constructores
de templos del saber y de la magia,
un conocimiento ajeno
al de los siete sabios
pero no tan lejano en sus principios;
solo caminando sin hacer nada
descubrieron la esencia de las cosas,
del mismo reclamo universal
de ajenos mundos, al comprender
que era solo un juego de la nada;
la enseñanza de otras vidas
en otras muertes por venir,
sistemas de un saber diferente
a la ciencia de los números
o de los astros,
o del crimen feroz
de lo que llaman finanzas.
Algunos abuelos, otros sabios
que creían en otras vidas
y le rendían el culto soberano
a la muerte, ahora desaparecidos
hace mas de dos mil años,
intentaron descifrar el manuscrito,
los papiros del mundo de los muertos
y de nada sirvió,
tuvieron que pasar mil años más
para que un avatar producto
de todas las creencias de los siete sabios,
del maestro en la montaña,
de los creadores de Ra y Amon,
les enseñara sin resultados mágicos
que el principio de todo es armonía,
dejar que pasen las cosas simplemente
que el pez grande se come al chico
porque no piensa y el chico se hace grande
cuando escapa a su destino,
pero su destino es siempre el mismo
devorado por el signo inevitable
de ese tejido que llamamos cosmos
y sin embargo es un principio
que todo lo que está aquí,
será devuelto a sus orígenes
y que el polvo cósmico es el panteón
de otro principio intentando regresar a si mismo
por el mismo camino
de la nada, cuando antes
de lo que llamamos vida
o percibimos que es la vida
no había nada,
quizá un recipiente para guardar
la medicina que permita aliviar
el alma y olvidar que eso somos
antes de este ciclo que comienza,
estalle en mil pedazos al principio,
se expande, luego se enfría,
después de calentarse
y como si fueran paradojas,
vuelve a convertirse en nada
y en medio de ello
se encuentra el manuscrito
que hay que descifrar,
y es la música inventada con plegarias,
gritos, lamentos, sonrisas
y la paz del que se sabe muerto
antes de que esté con vida,
y así disfrutar la esencia real
de lo que llamamos libertad.
De esta forma nació el canto por todo,
por el sol, por el fuego, por los animales
que en su momento alimentaban
a los dioses que nacieron niños
y niños al final se convirtieron,
al no querer oír a las otras criaturas
que aprendieron a cantar
como si nada.
Cuantas veces la palabra nada,
se tendrá que escribir
para entenderla;
es cierto que la nada es nada
y sin embargo después de ella,
en esta sinfonía del universo
y lo que los físicos llaman materia
y energía, combinadas en doce dimensiones
y varias vibraciones en las cuerdas,
en ese tiempo aunque infinito ( abstracto)
en lo que llamamos percepción,
se cumplen esas leyes,
no obstante, antes de ello
y después,
solo la nada
nunca transformada
siempre cantada en mil palabras
o pintada,
o dibujada
con los colores profundos
del vacío,
es lo que al final,
o al principio
nos representa en el concierto
de todos los seres que no vemos
pero se encuentran escondidos
susurrando en nuestro oído
las notas musicales de este himno
que pude mas o menos descifrar
por medio de la rima sincopada
a veces a dos voces
y otras ocasiones
con todas las voces del que sufre,
del que llora, del que ríe,
o simplemente del que nada dice
pero entiende que esa pautas
de silencio son los verdaderos tiempos
que marcan las historias
de los hombres y de los ríos
que desembocan casi siempre
en un caudal de agua,
agua con agua
que también es la parte espiritual
de todo aquello que se inicia
en este canto que emerge
de la nada.
Después de los murmullos,
de tres historias diferentes,
de la jícara que hace sonidos
para ahuyentar a los fantasmas
de la selva, de las cuerdas
que se estiran para lanzar suspiros
de viento en los rincones del sueño,
después de la extinción de las ideas
que se fueron construyendo
con el ritmo de las piedras
y las formas geométricas
de los lamentos;
comienza el caminar sin objetivo,
el inicio del misterio:
descifrar las palabras de los magos
el crucigrama escondido en el tapiz
construido con las historias
que platican los Huicholes
del venado y del peyote,
emisarios de otros gigantes
de la nada o mejor dicho:
herederos del no hacer,
tantas veces recurrentes
en mis cantos
y sin haberme topado
con ninguno,
que no fuera en mis sueños,
o en el trance epistolar de las palabras
que invisibles desarrugan el tiempo,
desatan los nudos del conjuro
cantado por el cuervo,
escrito en el largo poema
de la Historia, o mas bien,
de todas las historias conocidas
y aún por conocer;
y aquí comienza en realidad
el manuscrito que escribieron los dioses
con los signos inconclusos de la vida:
Dos mujeres hablando
en otras lenguas perdidas
en la sierra donde antes
se escuchaba el canto del venado
y las yerbas de agua
quemando las gargantas,
el barro negro
y las grecas de colores
bailando alrededor de sus caderas,
fueron masacradas por la muerte.
Como hace varios años
otras veinte mujeres
fueron igualmente destrozadas
por las bestias del alcohol,
de un supuesto poder de las ideas,
y del atraso de eso que llamamos tiempo
en otros tiempos
habitando el mismo espacio.
Otros personajes del siglo
fueron incautados de su alma
y trataron de encerrarlos entre rejas,
como jaulas de pájaros
al querer callar su canto,
mujeres por cantarle a la esperanza
de un sexo puro
y nunca mas corrompido
por el vientre abultado del alcohólico,
el perverso, de igual manera fueron transportadas
hacia un infierno igual que Beatriz,
sin embargo tampoco pudieron embozar su canto
y el clamor de unos cuantos
invadió el salón de los macacos
para impedir el crimen del incesto
entre dos almas gemelas.
Los hombres de corbata que hasta ahora
no se si es el símbolo del cáñamo
o la sujeción de un poder abstracto
como el águila, pero de un matiz contrario,
siempre permanecen indiferentes
a los cantos del cenzontle,
del colibrí
y del canario complaciente.
Insensibles a la máquina atroz
que degolla las gargantas
de aquellos que claman
por que el agua fluya
dentro de sus cauces.
Que hacer si lo único que tienes
son palabras,
finalmente son el arma angelical
del manuscrito,
el ropaje del sonido de las almas,
la parte vestida de la nada,
las rocas que construyen la muralla
en que chocan las armas asesinas
de los que no entienden
otra vez el canto universal
de esto que llamamos existencia,
los que muertos hacen morir
a los que aún no han nacido,
a los nonatos que esperan
nuevamente incorporarse
al himno hidrogenoide
de eso que los dioses
de otros continentes
llaman amor
y por aquí decimos armonía,
canción del espíritu,
susurro de la hamaca
al columpiarse con el viento
y dentro de ella,
dos hermosos animales,
macho y hembra
dialogando con sus cuerpos,
las caminatas al cerro de la abuela
para cortar las flores encantadas,
que nos hacen hablar con las estrellas
y con la señora que alguna vez
fue diosa viviente
entre los hombres de maíz,
la misma que despoja de impurezas
a la tierra y la convierte en vergel,
con ríos liberados de los tubos
del pecado de los hombres
que engañaron con su ciencia
al macehual, y al sacerdote
mil veces mas sabio,
mas inocente,
que ahora integra la parte oculta
de los seres que vigilan a los brujos,
emisarios del amor cantado
en mil formas distintas.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
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