Martes, 17 de junio de 2008
Dicen que el que lee escribe (a veces);
yo soy lector por convicción
Después de algunos años de primaria elemental y secundaria y a lo largo de una vida amorosa, accidentada, amiguera y llena de una vagancia encantadora que me pasé en esos no menos largos años en la zona sur de la ciudad entre salones de clase, laboratorios y sobre todo esos espacios enormes para tomar café, ya sea en medio del campus o en la misma cafetería de ciencias, pero sobre todo con los hombres de sotana blanca en cuyo espacio conocí mejor el alma de aquellos personajes que cambiarían la historia cultural de nuestra sociedad en parte: sicólogos, doctores, matemáticos, historiadores, abogados, políticos, y también veterinarios; ese microcosmos matinal llamado CUC (allá por los años del setenta) y que en ese lugar, paradójicamente, mi amigo Pepe (ahora un decano de Ciencias, un Físico flamante ) me hablaría de Dios y Pavarotti, (mas bien del español Plácido Domingo), y cantaría cantigas, coplas, escribiría versos, hablaría de amores virginales y puros para ser de aquellos tiempos en que aún adolescentes éramos; pero eso si, de las grandes corrientes literarias, filosóficas, o de las nuevos avances de la ciencia y esa historia interesante de los griegos comenzando por Tales de Mileto, si podíamos con ello; aunque tímidos, nerviosos, soñadores y miedosos no acertábamos hablarle a la muchacha que estudiaba economía y se encontraba de vecina en otra mesa sentada con otras do o tres mujeres no menos bellas y arrogantes de otras facultades.
Pero retomando el tema de que soy lector por convicción, no es cierto del todo ese postulado: fue quizá que en esos días de mi infancia aparte de los juegos fantásticos con todos los alcances que un pueblo grande tiene, rodeado de frutos y chicharras, con pocos cines y las salidas restringidas por las tardes, sin televisión afortunadamente; he ahí que me encontré con un tesoro, (no tan profundo como el que ahora existe ) en su título decía que solo para la juventud se hallaba, me adelanté a mi tiempo y comencé a leer al principio las historias que se llamaban interesantes, el libro del porqué y los países con todas sus costumbres, las historias resumidas de la Ilíada y la Odisea y esas fábulas de la hormiga, la cigarra, el cuervo, la zorra, el burro y los ratones de un flautista que paseaba en Homelin y las novelas de Salgari.
Fue por necesidad, por ocio, por curiosidad sobre todo, que empecé a formarme en la carrera del lector.
Aún no he terminado, los otros años mas largos de vagancia cuando le dije adiós a esas clases de relatividad y exponenciales, de vectores cuadrados y matrices celestiales para entender lo que es la gravedad; fueron los que me provocaron estudiar esta carrera definida de “lector de todo”; como una licenciatura general estoy haciendo.
Es cierto que comencé leyendo a los grandes moneros hoy por hoy perdidos casi, Los Burrón, Tawa, el Memín, Fantomas, los Supersabios, Chanoc y otros pasquines ajenos a mi cultura para volverme universal como los 7 halcones de oro (ahí “comprendí” que el que gana arrebata y los blancos son los buenos y el mandarín solo es sirviente, pero OH sorpresa que han dado los “rojos” ) Superman, Flash Gordon y aquellos hermanos animales: el hermano oso, el hermano zorro, junto a las delicias travesuras de Lulú y su club que le hacían a los siempre perdedores del club de Tobi (ahora son “comics” ).
Después, por aquellos años del movimiento que cambió en parte las cosas en este mundo, comencé a leer a Mann, Rulfo, Fuentes, Cortázar, a Borges y José Agustín, Althusser, Freud, Lacan y al indiscutible Marx apoyado por Rius, los Supermachos y Calzóncin, las imágenes se ayudaban con el cine y fue el cine quien me enseño a leer de otra forma y a escuchar poesía con las palabras de Paz hablando de Nocturnos escritos por Xavier V, no menos famoso que el que hablaba ni menos virtuoso (merecen un anaquel especial los libros de Don Juan ).
Ahora entiendo porque me digo a mi mismo lector y no escritor, es mas fácil decirle a los demás: “soy lector”, a veces buen lector y otras tantas lector a secas, pero no hay un día que no lea unas líneas de novela, un ensayo de cualquier tipo o el correo en mi “mail” y por eso se que los mexicanos nos pintamos solos; algún día cuando al fin termine el Bachelor en libros con alguna especialidad de ensayos sobre temas de chamanes y poesía, podré al fin decir no con cierta timidez que estoy siendo escritor.
Algún día, algún día…
PS Ahora realizo mi tesis de lectura general en el taller Milenio, hay ocasiones en que no me dan ganas y en otras que gustoso leo, pero son los comentarios los que me agradan y me permiten entender el texto. Ese taller es como el sistema abierto de la escuela de arquitectos hace años: no hay maestros, todos leen, y a veces escriben todos, todos son aprendices de cualquier oficio, los hay panaderos, espanta suegros, sastres, costureras, brujas y hechiceras, cantineros, guerreras de tristeza y luchadoras de las letras con mas de tres caídas, palomas, lunas, cuenteras y cuenteros, acosadores de fantasmas, brujos, mariachis, cantantes y roqueros, pero no hay toreros, yo sin ser modesto ya me han dicho panadero, pero en lo que en realidad creo ser bueno es leyendo, ese es mi fuerte.
Por: Modesto Herrera González | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
¡Vaya con el mar de la imaginación que es la lectura! Mar que cuando calmo, la conciencia nutre pero que en la tormenta hunde al lector en la confusión...
Me encanto!!
Enrique Chávez Maranto | 02-07-2008 00:14:59
Alejandro Yelpi Díaz | 19-07-2009 02:33:42
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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