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La ciudad de los soles nocturnos

Viernes, 13 de junio de 2008

Las mariposas del tiempo

Hoy recuerdo mariposas

que ayer solo fueron humo

mariposas, mariposas,

emergiendo de lo oscuro… (S.R.)



 

Hace unos años, una mariposa chocó con la ventana,

quería buscar la luz que provenía  de mi casa,

en el mismo acontecer, una canción presagiaba

el batir de alas hecho humo, en el instante

en que el amor se desbordaba con la noche

y se embarraba en las paredes de mi cuarto.

 

Hoy habito en un país en que los días son eternos

las noches demasiado cortas,

pero a pesar de los paisajes

y escenarios totalmente diferentes,

la luz, de otra forma,

proviene del sol y las estrellas,

es filtrada por la luna

y se baña con las olas,

mientras los cangrejos,

agazapados y en silencio

construyen escondites

para los días de gaviotas.

 

Y sin embargo en este país de ausentes soledades,

presentes soles y edades del tiempo discordantes,

a pesar de que se encuentran abiertas las ventanas,

solo los fantasmas del ayer se pasean en las paredes,

y los recuerdos de tarde en tarde se visten con palabras.

 

Regreso al instante anterior de las canciones,

al momento en que los dos encontrábamos un beso

y yo después, silencioso, lo guardaba.

No se si hubo brujería en ese acto

pero finalmente con un soplido,

aquel beso dentro de un capullo

no quiso transformarse en mariposa.

 

En este mes de mayo y recordando abril,

lleno de flores como todos los abriles de la vida

encerrado en treinta días del calendario

de todos los años antes y después

de lo que fue para nosotros

en esa noche de coplas y guitarras;

ahora, observando al pájaro amarillo,

desde el punto de equilibrio

en que me observa;

me hace recordar aquella noche entre mis labios,

aprisionado en el furor de tus abrazos,

sintiéndome morir entre tus piernas,

naciendo de nuevo por tus senos, 

al viajar  juntos con una carta sideral inexistente

en una cama de inmensas geografías,

trayendo a mi memoria  otros pájaros

que fluían por  tu boca, como planetas

gravitando por  tu cuerpo,

en esos besos repleto de recuerdos.

 

Las flores disecadas del olvido,

guardadas en las hojas de la ausencia,

evocan mundos distantes y remotos

en un amanecer que se extinguió con tu distancia,

en un país de nadie,

un país lejano,

mas cercano del recuerdo

de un  momento ya extinguido,

de aquellas mariposas vueltas humo.

 

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

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