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La ciudad de los soles nocturnos

Sábado, 10 de mayo de 2008

entonces ¿quienes somos los que somos

si no es lo que somos

que sin ser no somos nada?



 

 

No puedo sustraerme de tu encanto, me tienes atrapado

en medio de dos corrientes de agua en esencia diferentes

ambas son anáforas, sinónimas, parónimas, contrarias,

hermanas,  rivales, sacerdotisas de la vida y de la muerte;

a veces parecen enemigas y otras por su origen incestuosas,

una baña el árbol que me brinda un  manto protector

seductor y cristalino, la otra abre su boca siempre inmensa

y se empacha  con su imagen por la esquina de mi casa.

 

 

Eres el mar embravecido, la calma necesaria en la tormenta,

el faro inservible en una noche brumosa y sin estrellas, pero

también la música de pájaros, luz que se cuela en  mi ventana

tardes de abril sin prisas, la mirada serena y fija en la montaña.

 

Sin ti el tiempo entre una jugada de ajedrez es el rey muerto

pero también sin ti la reina es la señora pintora de los cuadros

la albacea de herencias sin fortuna en una mañana desolada,

pintura sin óleo, un jardín sin crisantemos 

y vacío sin eco transparente.

 

En ocasiones voz solitaria sin orquesta, canción sin armonía

a veces lince, pantera o loba protegiendo a sus cachorros

de la hiena; la selva negra, el momento anterior al sacrificio,

la antesala de la vida aprisionada. pero contigo, el mar verde

azul de las seis de la mañana, que vence a las gaviotas y los peces,

pescador de sueños, coral arrepentido de agua dulce, huellas dejadas

por el sol en las arenas de la playa mientras mis sentimientos flotan.

 

No puedo abstenerme de tus reglas construidas en la nada

la conciencia sin verbo, la ausencia de palabras, la ausencia

de todo lo que pueda percibir o imaginar  el pensamiento,

necesarias para poder acechar  al  hacedor de nuestro tiempo.

 

No quiero que seas mujer, amante,  adverbio o adjetivo

no quiero mezclar las recetas que conjuran al misterio y

lo hacen regresar desde atrás para llegar a ese instante en

que la pluma o la máquina, al fin y al cabo dos cosas parecidas,

resuelvan la pugna entre lo que es verso a secas y poesía.

 

Vuelvo mis pasos a las canciones que escuché en otro poema

con otras voces ahora que no me dicen nada y sin embargo

pueden decirme lo que busco: el encuentro de mi yo perdido

entre tantas caminatas acompañado por el sonido en el vacío.

 

No puedo desprenderme de tu espera y salgo a tu búsqueda

con un par de cuencas, una bocanada de humo, papel y lápiz

la mirada difractada en el vidrio de la historia, amores idos

ilusiones escondidas en los caminos recorridos del silencio.

 

Sigo mis pensamientos que se refugian en el diccionario

ellos quieren encontrar la palabra que lo diga todo como

alguna vez fue el Verbo y otras veces el espejo, el sentimiento

desolado, la muerte, los fantasmas, el cuerpo fragmentado,

las frases congeladas como la rabia, el destino, la soledad,

el mismo tiempo.

 

Llevo a cuestas un proceso estéril al tratar de  cocinar 

nuevas palabras, saco algunas de mi viejo  portafolios 

construido por el viento,  quiero coser una frase hecha

con otra ya desecha, la intersección o un conector diferente

a las vocales permutadas, el dedal, el horno a cuatrocientos grados,

los botones del placer, el ojal y el cierre, hilvanados

al  cristal  de las ideas de la misma forma que el camello

pasa por el ojo trasparente del misterio.

 

Pongo punto y aparte en este momento en que te busco

y te encuentro, te acepto y te rechazo y sin embargo estoy

de nuevo en la conjura del sol de las 11 de la noche, repitiendo

las mismas frases,  narrando el cuento de una forma parecida

sin pensar que esto puede volverse diferente, el cansancio

y los párpados cerrados, el ron, el viaje, el cigarro, las reumas

que de un tiempo acá le aquejan a mi mente y sin poder contar

con esa yerba milagrosa que aligera las neuralgias y las penas.

 

 

 

II

 

Sigo en mi pensar, me duermo y pienso que al otro día

seré otro, después de una taza de café, y otros sueños, 

después de haber atravesado tres historias de Toltecas,

Yoremes y Huicholes, de haber tomado un té en el alba

de salvia, romero y cruda, tres flores rojas, palo mulato,

 

después de haberme bañado con flor cuatemocate, anís

de estrellas y corazón de palo, con el poder del águila

que me dan por nacimiento los abuelos del Tlalocan

para emprender sin dolor las enseñanzas del Toltecayotl.

 

Me apresto a recibir tu ausencia con palabras nuevas

que en realidad son palabras que tienen dos mil años 

y en la cornisa en que el tiempo y el vacío construyeron,

ellas esperan que una oración diferente las haga canto.

 

Ahora te invoco con  el sonido del grillo y del tambor,

con los 20 cantos chamánicos del aprendiz de brujo

cuando el aliado le sopló en el ayuno del sexo, y los

bordaron con el  fuego y los pases danzados al compás

del grito  soñado del silencio.

 

La noche regresa una vez mas reclamando tu presencia;

te conjuro en una ceremonia conducida por el cuervo,

el coyote y la culebra y alrededor del fuego, la polilla

envidiosa nuevamente de  las mariposas.

 

No es que seas una mujer, o un collar de cuentas

o las ocasiones  en que nuevamente  la nada te nombraba 

sin presencias nocturnas ni aliados invisibles, o reclamos

de poderes en la cueva del abuelo; solo eres la abstracción

del  principio de los tiempos, la historia del mito en ambas

partes del océano, la mezcla de colores  para tejer con ellos

el tapete del venado, del peyote y el toloache, agazapados

en la bolsa que guarda los deseos de dialogar con Tate Wari,

el viejo padrecito que ilumina la conciencia.

 

Soy el ayudante del que sueña sueños y por lo mismo

los descifra, explica, a los que sin ilusiones, mas allá

de los reclamos de esta gran sociedad de los insectos

consumen el alimento enajenado de las cosas

que no dan saber, ni aceptación, solo el hastío

de seguir ambicionando las luces de neón;

 

de igual forma curan sueños y los trabajos de quien

hace daño; no se porqué no escriben sus memorias

aquellos que entre ellos se llaman Jiteveris, Maracames

Ahuizotes, sanadores, brujos, poetas todos juntos

artífices de símbolos rescatados en los sueños.

 

No se si en Wirikuta la tierra añorada del peyote,

haya abedules u otros tipos de árbol, solo se que

el viejo huichol emprende el camino cada año

mucho tiempo antes que Don Juan fuera leído.

 

 

III

 

No es el toque mágico el que me impulsa a continuar

ni el camino del corazón por las calzadas de la vida

esa idea que encierra el intento de bordar en el manto

de la noche mi firma indisoluble y manifiesta.

 

No es que piense en las palabras

cuando te estoy pensando,

quizá porque el largo cortejo de  los rostros

como películas añejas ha pasado,

como pasa el tiempo

que a veces sin pasar por estos lugares

en que la paciencia es limitada,

parece decir que aquí efectivamente

no ha pasado nada, solo palabras ancladas 

vetustas y  caducas, como disco de acetato

que en los surcos de la ausencia

se repiten gastados, como ellas

que al mirarse en el espejo ante tu espera,

aparentan el cansancio de tantas líneas repetidas,

muchas oraciones que de tanto repetirse,

tampoco dicen nada.

 

No es cuestión de conjurar al diccionario

y rescatar los signos escondidos

del polvo de los libros no leídos, olvidados

y deseosos  de ser una vez mas renacidos.

Repetirse entre frases nuevas

que digan lo mismo repetido,

sentimientos que quieren ser los únicos,

los que en un momento exquisito del silencio,

se pueden convertir en criaturas diferentes

al batir de alas y  pájaros nocturnos

y se esconden en el lado  oscuro 

de hace muchos siglos  y milenios.

 

 

El mundo híbrido ya no es mágico,

no hay burbujas encantadas;

los manuscritos

no revelados

para el grueso de la gente,

grabados con  las piedras y el silencio;

son reescritos nuevamente por los signos

ocultos de la luz estacionada en la cabaña

en que el viejo Hooker cantaba "of big town".

 

Ciudades grandes que se tragan mis palabras,

anzuelos  como máquinas  rastreras a la búsqueda

de mundos aún no descubiertos por los sueños.

 

 

Me encuentro a la espera de la carta

que se ha escrito en mil lugares,

con manos diferentes,

de personas con un solo lenguaje:

el que acecha la palabra que se esconde

en el sonido del jaguar y del tigrillo,

producido por varios instrumentos,

antes tambor, sonaja, teponaztli, huehuetl, 

caracol, chirimía,  berimbau, clavicordio, laúd

y ahora una guitarra valenciana.

 

IV

 

 

Estoy  rodeado de papeles y de libros,

de objetos inservibles,

y cuadros de los Beatles

de Alberto Einstein,

del Ché,

de Marcos,

de mi madre,

yo mismo hace treinta años, 

mi mujer, mi hija;

un viejo pizarrón, discos

y una silla verde que recuerda mi nostalgia,

dos aparatos de sonido

y dos computadoras,

 varias revistas de historia  y de poesía,

un perro, viejo, 

que por soledad, le hago compañía.

 

 

Sigo revolcado en mis entrañas mar adentro

de mis viajes interiores como Jasón y Eneas,

buscando nuevos continentes de palabras,

amuletos encontrados en la mitad del viaje

que acompañan este sentimiento de ausencia

y ansiedad por nuevas frases que atisben

el mundo de los muertos y renacer con ellos

en un país de olvidos y de símbolos  perdidos.

 

Tengo en mis manos y releo Altazor de Huidobro,

Piedra de sol  de Paz y  Muerte sin fin de Gorostiza.

Narradores de ciudades celestiales e invisibles

exploradores del ser entre las trampas de la historia,

prisioneros de su búsqueda,

universales de si mismos,

sonajeros haciendo ruidos con metáforas

miradores del hombre

creadores de ventanas

hacedores de estrellas silenciosas

inventores de letras y de mundos

náufragos en mares de palabras

nuevos inquilinos en  nuevos continentes

creados, recreados

y vueltos árbol y pájaros

en los pasajes desérticos de arenas amorosas,

críticos de si mismos y de los otros

que al final son ellos mismos de otra forma

recogiendo sus pedazos de alma

en los fragmentos del cuerpo repetido

en uno y otro viajando por los vientres

de mujer, oficiantes en catedrales

(de campanas) mudas,

suicidas concientes al caer en los desfiladeros

como tropos,

exploradores de montañas,

senos manando la savia de la vida

y muriendo en ellos.

Los que desnudan el agua

y le dan a Dios forma de vaso

y al vaso recipiente de almas hechas a medida,

sedientos de tiempo cuando los belfos fueron agua,

monjes cartujos que en sus celdas

hay reclamos de tiempos paralíticos

y silencios como pájaros

alrededor del beso

como pensamiento

al escribir en sus versos

la palabra beso.

 

Cantos a la poesía y el lenguaje,

creadores de infinitos,

inventores del amor con otras formas

y como pretexto:

el hombre, sus pasiones, 

la mujer y Dios.

 

V

 

Salgo de un mundo y entro a otro en que "el otro"

es el locutor del yo extraviado y fragmentado

de los espejos rotos, la llama como imagen fortuita

la cárcel con barrotes de palabras y de versos;

de animales mitológicos que vuelan a la mitad

del cuarto y  buitres al acecho de los tiempos

olvidados por los muertos del mañana.

 

Mi cuarto es otra trampa, y otra trampa mi ventana

los ruidos yuxtapuestos, los sonidos lejanos

el poco viento, el ulular de la sirenas prediciendo

que el sol se extingue entre las ramas de los árboles.

 

El mediodía no es una hora adecuada para hacer poesía,

preferible la noche, recinto donde se aparean las serpientes,

lenguaje mudo de  arañas cuando ellas tejen

la colcha del silencio, los hilos invisibles del rocío.

 

Una sombra que se piensa en su propio pensamiento

presagia lo que hoy es placer inmenso, después nostalgia,

líneas que marcan territorios y expulsan negaciones,

mala vibras, malos viajes  en el rito del mitote

me impulsan a pensar en la meseta y abajo en la cañada,

el refugio del coyote cuando abandona la otra parte.

 

Me enfrento a mi Nahual, un  animal de seis cabezas,

soy el coyote, la víbora y el conejo escapando de ambos,

vuelo con el cuervo al prestarme sus graznidos.

Regreso a mi cuarto aquí no hay nadie, ni yo mismo,

Lo cotidiano me persigue y en vez de sortilegios esperados

descubro nuevamente el holograma de mi ser que se

pierde en un vieja foto cuando me torno pájaro y después 

serpiente que se arrastra por la tierra para encontrarse

al fin con su morada.

 

 

VI

 

Me sustraigo en mi pensar y solo te evoco

y me recreo;

el dichoso pensamiento es un vórtice fotónico

en hoyos negros, micrométricos,

que me chupan energía,

es tu imagen que gravita por mis venas 

y mi cuello,

detiene mi cerebro la oración precipitada

para clamar por tu regreso,

mientras el sonido de las almas

diluyéndose en el humo,

ahuyentan de igual forma los espíritus molestos

e invocan  con su ruido silencioso

a todos mis aliados y mis muertos.

Hoy es el tiempo del conejo,

el salto de la iguana y de la rana,

afuera la explanada espera por sus velas, 

la cañada es de nuevo el laberinto,

entonces escuchamos al que canta letanías y parábolas, 

el hacedor de cuentas y de cuentos,

el que provoca que  las piedras graviten alrededor del fuego;

 danzan las partículas del cosmos

dibujan en un soplo los mapas de la nada

y en la segunda noche,

cuando el árbol tiene sed y el animal se duerme,

pueda salir del círculo de fuego,

robándole el secreto que me conduce a ti,

mariposa de las alas negras

y en el centro de su vientre

un punto rojo simbolizando al fuego

y en su manto nocturno las pinceladas de plata

las estrellas y una bola amarilla en cada ala 

invocándose a ella misma, mariposa de la luna,

la que provoca terremotos al otro lado del océano,

la que desborda las palabras y las convierte en manantial

de pájaros volando al infinito,

ecuaciones silenciosas tapizando las respuestas

que la ciencia niega

y eso que llamamos brujería,

tampoco explica,

solo el canto del hombre con bastón y la lechuza,

el que sueña los sueños de todos sus ancestros

y todos los ancestros de los hombres,

el que escribió la primera palabra

con las plumas del águila y del cóndor;

aquel que también se convierte en zopilote

para limpiar al mundo

de todas las inmundicias de los hombres

y todas las mentiras

 y todas las verdades de la historia,

el que nos deja sin  lenguaje

y nos conduce hacia la muerte

y nos regresa hacia la vida,

el que sueña que puede soñar lo que soñamos

cuando el sueño es el lado oscuro en que habita el universo

con todo su manar de gravedades y de cuerpos

y entonces, solamente entonces,

es el verbo, que nace igualmente de la nada.

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

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