Sábado, 10 de mayo de 2008
En mi acostumbrada caminata, a un lado del mar, el sol estalla y cientos de haces luminosos rebotan, todavía con el sereno matinal, en el gris poroso y fresco de las piedras. Enfrente, una mujer bella y serena al desplazarse por la playa, hace balancear sus piernas con el vaivén sincopado y melodioso de las olas con la arena; Ellas besan sus pies, mojan sus piernas y un poco mas arriba de su cuerpo, majestuoso, unas caderas exquisitas, voluptuosas, las cabalgan y en medio de ambas: una esfera perfecta partida a la mitad y dos mitades, lunas menguantes provocando al mismo tiempo que las olas las mareas en mi mirar. De igual forma la mujer, el sol, las escolleras en su trabajo de separar el azúcar con la sal, me evocan la flora deliciosa del lugar: un mango carnoso (en vez de labios) Melocotones, duraznos melones y papayas, una sandía partida en dos; todo un coctel de frutas que en la mirada se relaciona el comer con el amar; pero también la fauna y el paisaje, las gaviotas, un pobre pez atrapado por las redes, en lucha encarnizada para no ser un pescado, un par de mariposas, perros jugando con sus dueños, jirones de nubes emperladas, azuladas y al fondo, como un cuadro lejano: El horizonte dividiendo los colores y la vasta soledad de la mañana, sumergida y distante de este lado en que el sol acaricia a sus amantes...
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (1) | Referencias (0)
mmm...la fruta...que magnificos nuestros sentidos, sobre todo aquel que nos permite saborear las delicadas atmosferas de la vida!
como siempre...perfecto!
ataraxia | 20-05-2008 17:57:49
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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