Miércoles, 09 de abril de 2008
Un pueblo sin poesía es un pueblo sin alma, una nación sin crítica es nación ciega.
Últimas palabras del texto de presentación de la revista Vuelta. Octavio Paz, noviembre 1976
(A Sanjuana Martínez y Lidia Cacho)
No siempre pasa el tren de las palabras a la misma hora
hay días en que tampoco se detiene; sin embargo
la espera es un punto importante del trabajo.
Hoy por ejemplo, los pescadores se encontraban charlando
nunca llenaron de peces sus redes y el sol anaranjado
silencioso los miraba en la esquina de las escolleras.
yo quería seguir caminando pero esa imagen me detuvo;
los pensamientos cotidianos del dinero no impidieron
que siguiera pensando en ese cuadro sin peces ni palabras
Pero esa mañana después del jugo de las nueve, un saludo a
la mujer que sudorosamente bella sonreía, media hora de
trote y otra mas de caminata, la fábrica de versos me esperaba.
Solo el ruido de las podadoras y las tijeras; uno que otro
pájaro cantaba, la taza de café aunque sabía a nostalgia
se vaciaba entre noticias de reformas petroleras y un homenaje
al Octavio Paz de aquellos años en que todo seguía igual.
Fue primero Plural, antes Díaz Ordaz y sus gorilas, después una
Vuelta más al tornillo de las letras, Nexos y el Proceso, La jornada
y una larga discusión alrededor de ellas me recordaban al tren
de las palabras ansiosas que esperaban detenerse en este andén.
Que si el intelectual y la política, que si Fuentes o Krauze, que
si solo la novela o el compromiso de las letras con la historia
que si otra vez recordando esa discusión de Monsiváis con Paz
que si Pablo González Casanova y Roger Bartra o las mesas
de Nexos y la UNAM, que si Vuelta y los marxistas o Cuba
y la guerrilla; que si esta burocracia cambiando de estafetas
antaño burócratas kafkianos, ahora yupies del ITAM o de la Anáhuac.
Solo quería escribir un poema que se llenara de palabras
y el poema de noticias y revistas me alcanzaba mientras
el tren de la esperanza no llegaba por estas horas en que
la mesa se cansó de ser cuadrada; el blog, el taller, el libro
inconcluso y sus hojas malgastadas por la ausencia de la crítica
y el análisis; las viejas discusiones, la humildad desterrada
(en estos días) y la soberbia estúpida del que puede distinguir
entre un verso que rime y una imagen, una metáfora y una
alegoría, un poema bucólico, un haiku, o un verso corto.
Ese viejo vestido del maestro que en pocos años se gastó
y se sigue usando como defensa de la ausencia de palabras
que el tren de las 10 de la mañana no regresa.
Poca humildad para tan pocas natas, poco misterio ante
las otras líneas que escriben los periódicos en este país
de pocas cosas que no son lo que los pocos monos
gramáticos (pensados en una cátedra por Paz) aportan
a este continente de un sinfín de soledades y regiones
demolidas por discursos de gatos y de perros, mientras la
ausencia de los médicos o leche, de pocas cosas como
expresión libre o un buen concejal de ciudadanos, brilla
por las mismas carreteras de hace 30 años.
Son los mismos monos que en ese cuento de la india, soñó
el maestro para explicar a sus alumnos que otra vez la
experiencia de la historia no sirvió después de tantos años;
que las muertes en la plaza o la masacre en un lugar
llamado Acteal o Aguas blancas o Santiago, no enseñaron.
Siempre hay bandos o parvadas, jaurías y manadas, siempre hay
también animales que se pasean en solitario y otros más que
en solitario se acompañan, pero eso no es el problema de las
otras manadas que en disputa se arrebatan patrimonios y prebendas,
parvadas de sanates encerrados en una cámara o siete lechuzas
que deciden el destino de los monos con un "aquí no pasa nada";
no hay crimen que se impute a un "buen regente" o un "buen líder",
solo palabras de atención para la dama que en un arranque
valiente de su oficio, desnuda las pasiones pederastas de los
que a veces sustentan el poder de las ideas o de la iglesia o
del dinero, o de la vida y de la muerte sobre seres que indefensos,
después se convierten en personas pisoteadas en sus sueños;
porque alguna vez tuvo la idea de entender lo que en este continente
estaba sucediendo, en una región del Amazonas o en la selva lacandona.
Solo un bono de 100 pesos y demagogia.
Anunciar que ahora si con esta reforma saldremos al progreso,
a la victoria de un México nunca jamás habitado por iletrados,
cholos, analfabetas, emos, chemos, panchos, indios, esclavos,
sirvientes, o al menos guerrilleros.
Me he cansado de esperar un tren que pasa a veces y a veces pasa
sin decirme nada, ni arrojarme al menos un ramillete de violetas
o garnachas, empanadas, café de olla y mujeres vendiendo en los
andenes su pobre juventud desperdiciada a la espera de esa gran
reforma tan "bellamente" pronunciada.
Allá los intelectos, allá los que hacen las leyes y ganan cien veces
más que la mitad, de los que tienen que acatarlas y se llenan de ellas.
Allá los que encienden la tv a las 6 de la mañana a la espera de ese
gran portavoz de las noticias huecas, las que solo confunden y dicen
muchas cosas para al finar no decir nada.
Allá ellos.
El tren nunca llegó y aunque la espera es un punto importante
del proceso, también me sirve para poner punto final (a este momento).
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (3) | Referencias (0)
Mi estimado Mody;
Aun cuando los temas políticos no son mis favoritos, me gusto la entrada del tren y los pescadores buscando las palabras.
Un abrazo mi hermano.
Guillermo,
PD por cierto que estuve en la mesa con 3 políticos veracruzanos ya te contare.
Guillermo | 10-04-2008 01:39:43
Modesto Herrera González | 14-04-2008 19:43:20
jajaaja. Oye, me dejaste un comentario en mi flog, solo una cosa: la verdad desconozco la historia de Pocahontas. Extraña coincidencia. Te recomiendo la trilogía Inca, de Antonie B. Daniel,pues de ahí salió tal texto. Saludos.
juan felipe sanchez pantoja | 05-05-2008 21:36:56
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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