Lunes, 24 de marzo de 2008
(Al blusero un “acechador del espejo&rdquo![]()
Noche urbana
sabatina
disfrazada de almanaques vivos
rodeada
de observatorios ambulantes,
cúmulo de piedras que giran
alrededor de Marte Dios de guerra;
no habla de treguas
o pactos temporales.
Armisticio que cubre
de polvo y óxido
el día de fiesta.
Risas dichas y predichas
desdeñadas por un astro.
Así la tierra seca
después de doce años.
Así el ligero asomo
a la ventana
en una noche de Rock.
…
Pero era imposible aprisionar los recuerdos entre mis manos, viajar con ellos en un momento y después volverlos a armar en ese rompecabezas de la memoria; el tiempo y la historia eran lo mismo, no se habían ido, ni acabado, solo regresaban a los mismos lugares en que ya no pasaba el tren debido a que faltaban piezas para reconstruir las vías o la varita mágica para desencantar a la tristeza profunda de los que solo dejaban que el propio tiempo esperase el momento de partir.
Me asomo a la ventana y ya se fueron…
La melancolía forma parte de la ventana en una tarde de lluvia mientras escucho Rock. La ventana forma parte del discurso en una tarde de Rock mientras descifro la calle.
El lamento es la lluvia fina que embarra el vidrio, se posa en la transparencia del cristal.
La armónica y la guitarra son dos silbidos en que los campos de la primavera son visitados por ellos y los escuchamos desde el porche que ya no existe por estos rumbos y por estos años; compañía necesaria de los juglares.
La puerta es ocasionalmente abierta, la ventana sí, la ventana es la mirilla, el telescopio, la lente por donde atraviesa la mirada que quiere alcanzar el cielo cuando ve pasar una mujer que corre por su destino. La introspección es necesaria, sentirse raro o diferente quedarse callado por horas en que el silencio se forma le da cuerpo a las ideas y prepara el grito, el despertar, le da forma a esa sensación de soledad no acompañada.
El Rock es eso y más, una sinfonía de soledades al principio, el espejo en que el otro se reconoce a través de la ventana, la ventana que se asoma a otra ventana y se contempla así misma antes de iniciar el viaje, la travesía, la partida. El grito fuertemente contenido, los sueños dormidos, el rompimiento del globo, la eternización del instante, la dialéctica de la soledad y la búsqueda de otros mundos, viajar adentro de nosotros para expandir el universo.
El Rock es una forma de vida que no se queda en la melodía ni en la guitarra acompañando el sentimiento desgarrado. No puedo decir que es solo nostalgia, alegría disfrazada de nostalgia, es la tristeza de reconocerse en el viaje realizado en el momento que despierta la conciencia. Salirse por la ventana en lugar de la puerta, rompimiento, despegue, viaje por el viaje mismo, comenzar la caminata el toque, la caricia, la mezclilla, en el inicio otra vida en una mercadotecnia diferente, otra cultura oprimida.
la búsqueda por otros caminos iniciados por el Alarido el regreso a la comuna y los cuentos dichos alrededor del fuego, la poesía colectiva, el pasón y los jarros de barro cociéndose al calor de las manos en la casa de piedra.
Una forma de vida que se desvanece para la mayoría, pero queda el imbatible el que no se mueve, como la roca y la piedra rodante.
El cuarto solitario de los solitarios con una ventana pegada al infinito.
Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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