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La ciudad de los soles nocturnos

Lunes, 10 de marzo de 2008

Soliloquio (de Rock)



“Yo dormiré en este lugar con una multitud solitaria
engañando a la oscuridad donde las sombras huyen de si mismas”

“White Room”
The Cream



En el cuarto blanco, rememoro a Clapton y otros mas, pienso en los pícaros, y su camioncito lleno de flores y colores sicodélicos, pienso en el cantante de blues en otro viaje durante 20 años y en mi mismo junto con todos los cuates que ya se fueron, los que no he visto, los que se quedaron y también pienso en la tristeza que miro en el rostro de algunos.

La vida tiene que seguir me decía, pero las esperanzas como flores muertas arrancadas de la tierra, se veían reflejadas en los ahora abuelos en parte otrora viejos y jóvenes en que el futuro era un palabra que no existía en su diccionario.

Sabía que así se formaban las generaciones y un día pasaba una y otra se estacionaba en la siguiente como las hojas de un calendario cuando se arrancaban ininterrumpidamente para simbolizar el paso de los años.

La muerte había cobrado su parte deudora en unos como acreedora repentina, pero a otros los había dejado remolinarse con el tiempo temerosos de que en cualquier instante llegara y sin poder hacer nada, se llenaban de todo menos de lo que en realidad importaba: la vida misma como aquellas viejas canciones, pasaba a través de la ventana y era como un camión de flores y sonidos, de locos por no hacer nada, solo sentir y que invitaban a viajar en el para un pase mágico a la eternidad del instante y no ser nunca los mismos.

Todos cayeron, todos callaron, todos encallaron y todos se bajaron para entrar al otro lado del cuarto huyendo de si mismos hasta perderse por completo en las caras anónimas de cualquier multitud por muy pequeña que esta fuera.

Escucho el sonido de la campana, de los metales y este perdura a través de la distancia y del propio tiempo viajando con el, atravesando cordilleras de pensamientos, valles de sensaciones, bosques en que los colores y las plantas se confunden con los acontecimientos de los pequeños duendes que a pesar de nosotros, trabajan para nosotros; algunos se quedaron entre las nubes o en algún barco de papel que transportaba el arroyo hasta la eternidad o la nada que es lo mismo:

En ese entonces el otro era mas importante y uno no contaba, había que rebasar el momento en que paradójicamente nos sentimos importantes como guerreros invencibles dispuestos a cambiar el mundo y doblegarse totalmente ante la humildad del primer misterio entonces: no ser nadie para después ser todo quizá en otras vidas u otras muertes.

No era necesario tocar al mago o hacerle caso, o empezar hasta después de la angustia desoladora del no ser; no era necesario fragmentarse en otro que no éramos nosotros, luchar con ese yo aplastante y demoledor de la parte de la vida que es la muerte, la enajenación, el relato mudo o ese silencio desolador entre dos de la misma sangre nuevamente para pensar que ya nosotros no éramos los mismos, sino que (desgraciadamente) siempre fuimos lo que nunca quisimos.

Era difícil darse cuenta en donde estaba la trampa (Who am I decía Country Joe Fish en una canción), pero era sencillo encontrar nuevamente la puerta para poder salir y no seguir soñando en la ventana mientras la vida pasaba enfrente de nosotros ofreciendo flores.

El mundo después de todo no era cuadrado, siempre me lo decía, y ya estaba dentro de esa burbuja de la historia en que me encontraba obligado a romperla, como si fuera la pompa de jabón que viajaba por aquellos lugares en que Diego y Frida, los coyotes flacos, las hosterías de un tiempo inexistente, los vendedores de pachuli y los huicholes con sus cuadros retacados de venado y peyote, se daban cita para tomar un helado en la plaza mientras los sonajeros se deleitaban recreando otros tiempos y para nosotros podía ser simplemente una mañana de domingo.


Quise escuchar en el relato, como parte importante del relato mismo, a Grateful Dead, los Mamas y los Papas, Jefferson Airplane, Quick Silver, a Bob Dylan y Patti Smith entre otros, para poder darle un significado a las ausencias y los que se convirtieron en estatuas de sal por haber regresado por los mismos pasos, voltear la vista hacia atrás dudando de que las profecías eran ciertas. y la magia del momento me permitía escuchar Comin´Back to me de Jefferson Airplane.

Pero era imposible aprisionar los recuerdos entre mis manos, viajar con ellos en un momento y después volverlos a armar en ese rompecabezas de la memoria; el tiempo y la historia eran lo mismo, no se habían ido, ni acabado, solo regresaban a los mismos lugares en que ya no pasaba el tren debido a que faltaban piezas para reconstruir las vías o la varita mágica para desencantar a la tristeza profunda de los que solo dejaban que el propio tiempo esperase el momento de partir.

Me asomo a la ventana y ya se fueron…

Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)

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