Miércoles, 13 de febrero de 2008
Es más, no podrás olvidarme, aunque vivieras en dos mundos o tres existencias diferentes, aunque por alguna conjura universal y divina, este universo fuera un sueño que a alguien se le escapó de su control, tu desaparecieras en la nada y nunca antes de todo esto hubieras existido.
A Bruma una amiga distante...
La luna, no aquella que miras cada noche que suspiras por lo que tu y yo sabemos; la luna, hermana mía del conjuro, aliada invisible de las desposeídas, arma feroz para los olvidados de si mismos. Después de tu partida, con un soplo, te hará volver nuevamente de la nada...
Y lejos, de ti, cerca de ti, dentro de ti. hacia atrás, hacia delante, en todas partes, regresarás a mi, es mi consigna (“escondido entre el polvo y las sombras”) y mientras Selene, mi eterna compañera, sacerdotisa de mis ritos, la de mil nombres mas: Coyolxauqui, Juno, Diana, la que resucita diariamente, la que marca el tiempo de quererte y olvidarte, mes con mes o lo que es lo mismo: ella, con ella, sin nosotros, para nosotros, agazapada por la orilla de tus pensamientos, acechándote como los cuervos, “espantando el alba”, gran señora de la noche, hermana mía, cederán en su misterio tus defensas del olvido, envolviéndote con el ligero soplo del viento.
Hacer que vuelvas no es una obsesión, es una pregunta que se ha quedado sin respuestas, no son ganas de ti y de tus besos como zumbidos de la miel al depositarse en el panal de mis deseos aniquilados por tu ausencia; el propio deseo de sentirte entre mis piernas, es corregir la brújula que un día anotó su rumbo a Casiopea; no es replicar los cráteres como poros del silencio por una piel que adormece mis sentidos, no es quedarnos en los mares de polvo, secos, ahogados por las constantes paradas en la estación del lado oscuro.
Hacer que vuelvas va más allá de los enredos de la Psique, es ingresar a la lucha del guerrero, vivir con el absurdo, combatir la rutina, desprenderme de mis malestares urbanos, ser residente de otro planeta en el que solo tu mirada me caliente y el sonido de tu risa se prolongue hasta el ocaso, es combatir de otra forma a los vigías de la ruina de esos momentos que también llamamos vida. Es desnudarse de relatos personales, de pronombres, de secretos ocultos en la mitad del cielo y de la tierra, caminar sobre espejos que repiten nuestra imagen reflejada en el otro ser igual a nadie y todos, el otro ser que no es ni tu ni yo y sin embargo es nosotros, desnudarse de historias repetidas y cuentos sin misterio, resolver la ecuación, el teorema, la paradoja de esa pregunta nuevamente sin respuestas en que estaba escrito en que tu y yo no existiríamos.
Hacer que vuelvas es mirar a la luna desde el monte palomar, la ventana, el lago reflejando su figura, la poesía, la ciencia misma y sorprendernos diariamente de su embrujo milenario, saber la referencia, el punto de ida y vuelta, el viaje sin retorno al infinito, viajar con ella y desdoblarla poco a poco, hasta que de pronto en esos malabares de la magia, tu aparezcas de la nada y quedarnos en silencio dialogando desde el fondo de tus ojos a esos ojos que son los ojos míos, besarnos en el flujo de mirarnos, con su soplo, viajar con ella hacia el punto mas lejano de los mundos, es decir, a ninguna parte que no sea este sitio prolongado del vacío en espera; volver hacer añicos todo en ese largo pasillo de espejos repetidos que devuelven nuestra esencia.
La luna, mi fiel amada, me transforma en amante silencioso, guerrero de otras luchas en que el miedo a lo abstracto es la batalla, la verdadera faz de mi muerte obligatoria y entonces no morir es vivir, seguir viviendo, morir otra vez y seguir muriendo hasta no morir. No vivir, dejar de ser lo que en este mundo nos limita, volver a ser nosotros, es decir, ni tu, ni, yo, ni todos, solo nadie, ese nadie que denunció a su agresor en una batalla imaginaria y le quitó la vista, el mirar de los brujos, el no hacer, el no vivir, el no morir, el deslizarse en un enorme declive por de la noche, en que el sol es algo inexistente, como la muerte, olvidado; solo la luna en su reflejo lo recuerda y nos murmura quien es el que nos da vida y nos la quita.
La luna es mi aliada, la sinrazón de mi espera, de mi conjuro, de mis cábalas, de mis hechizos metafóricos para hacer que vuelvas la vista a otro lado en que la palabra vida o muerte no tengan cabida.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (2) | Referencias (0)
Mi querido Modesto:
Gracias por la Luna, ella siempre me trae gratos recuerdos y ahora tendré otro motivo más para pensar el ella.
T.Q.M.
Clementina.
Clementina | 15-02-2008 01:01:51
Ana | 19-02-2008 20:40:36
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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