Sábado, 05 de enero de 2008
He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre, arrastrándose por las calles de negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche…Ginsberg
How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?
Páginas de mi pasado definitivamente era la canción que me definía por estos largos días y semanas en la que estaba atravesando precisamente eso, Mi pasado como si fuera una recapitulación a la manera del ejercicio que le imponía Don Juan a su alumno Carlos para nunca mas volver a esas grutas que le movían todas sus angustias y miedos escondidos para nunca jamás regresar a el una vez que fuera borrado literalmente como si fuera una tabla rasa para comenzar a cada instante.
Crimson flames tied through my ears
Rollin' high and mighty traps
Pounced with fire on flaming roads
Using ideas as my maps
"We'll meet on edges, soon," said I
Proud 'neath heated brow.
Ah, but I was so much older then,
I'm younger than that now.
Cuando escuché a los byrds antes que a Crosby Still and Nash, antes que a Dylan y después de Peter Paul and Mary, comencé a entender esa increíble fusión que se gestaba entre lo tradicional (el Folk) y lo contemporáneo (Los Beatles o el sonido Beatle), no por algo, ellos habían copiado, junto al mismo Dylan el sonido que salía de la guitarra de 12 cuerdas de Geoge Harrison, por algo no podía desprenderme nunca de los Beatles ya que no eran ellos solamente sino que todos, es decir, el sonido California, antes el sonido Dylan con todos los antecesores monstruosos del country y del Rock, me iban a sacudir el cerebro cuando de vez en cuando y con dificultad traducía alguna de las canciones.
No podía, ni podíamos, decir que era lo mejor, cada canción o rola traía una pequeña dosis de bomba explosiva de la conciencia, música que reflejaba el sentir de tal o cual microcosmos en tres o 4 lugares puntales del planeta: Londres, New York , San Francisco, Chicago, Los Ángeles; y las otras Aldeas planetarias a la espera de la retroalimentación, del concierto de los nuevos sacerdotes, o del último disco grabado. Había varias consideraciones que no dejaba de asombrarme después de tantos años en que ellos ya habían pasado a formar parte del museo de los cronopios, la primera, la especial conjunción de circunstancias históricas que hacían mágico y revolucionario el de aquellos años: lo político, otra vez lo político como parte esencial de nosotros a pesar de la no participación directa, el consenso de la moral de los poderosos consensuando a las mesas familiares de las nuevas sociedades urbanas cuasi provincianas, la resistencia a no aceptar el futuro y vivir el presente como una consecuencia trivial de las ideas de ese entonces sobre el existencialismo, la vida al instante, el happening, las ideas rebasadas de una cultura occidental que no podía ni quería extinguirse, con el acercamiento a otros puntos de vida distintos, raros, diferentes, como si fuera una continuación de un romanticismos social, adentrándose en otros modos de pensar que en lo individual ya estaba extinguido. Las culturas orientales e indígenas de Mesoamerica como nunca fueron puestas en la vitrina por muchos empezando con los Beats y sus viajes a México entre otros, Harrison y sus incursiones a la India. La polarización de dos mundos, el maniqueísmo de los malos contra los buenos que nos habían hecho pensar. El conocer otros mundo revestidos de poesía y literatura por los mismos actores, (Zimmermann se conocía se había “bautizado” Bob Dylan por el poeta Dylan Thomas y sus estudios en la Universidad), retomar la cultura popular que el Jazz y los Beats ya lo habían iniciado en ese largo y sinuoso camino de su propia filosofía, entre hoteles de pueblos perdidos y lugares sórdidos de los barrios pobres de Estados Unidos y Liverpool, entre los Aullidos de Ginsberg y sus búsquedas religiosas en el Budismo Zen, la importancia de la poesías etc. una generación cansada de guerras contra el “monstruo del comunismo” a miles de kilómetros, las respuesta clásicas y contestatarias de una generación que se resistía a no aceptar el destino marcado por su condición socio económica, etc. En México teníamos nuestro propio Vietnam, nuestra propia rebeldía, nuestro 68, la copia de algunos rasgos de esa respuesta cultural que se universalizaba como una reacción en cadena, salíamos de un cuadro “enmarcado” por la Revolución, una revolución que tampoco comprendíamos o entendíamos, a pesar del crecimiento de las clases medias (pero también de la pobreza), y no nada más con el sonido 13 y el trío Matamoros, los boleros, el danzón, la música tropical, lo vernáculo y las películas de rumberas o las clásicas películas mexicanas en que el modelo era el hacendado o el junior, el pobre de la vecindad, “humanizado y con valores” el rico que se arrepentía y al final los modelos de poder paternalistas (El cura, el industrial ahora, el político) se autocorregían dando el toque de “no pasa nada” y seguimos igual, tan bien comentado y analizado por Carlos Monsivais, una de tantas tardes que perdía mi tiempo viendo la tele. Los nuevos líderes culturales quizá eran unos cuantos y no abarcaban todo, mas que una parte de nuestras correrías existenciales, pero así surgió José Agustín, y los demás, como extensión de la cultura de los suplementos en los periódicos de aquel entonces que pocos leían. También la cultura estaba en la calle y se multiplicaba y crecía de boca en boca, y nos podíamos ver de igual forma en la tocada gloriosa de Canned Heat en la explanada de CU o en las tocadas de los hoyos funkies de Neza y Tlaltelolco o en Eugenia, pero nada esto era tan importante como la influencia que dejó la música en nosotros de una forma visceral como era el Rock, el alarido, el grito, el desmadre, el rompimiento como la película de Zabriskie Point, metáfora que no pudo delinear Antonioni, porque a lo mejor la faltaba ser de esa época, hubiera hecho lo que Jean Louc Godar con los Rolling, solo tomarlos, filmarlos mientras trabajaban, sin embargo, a pesar de la crítica había que aceptar que su metáfora era bastante buena para su edad (ya rebasaba los 40) y la música era de lo mejor, escrita por Pink Floid y algunos temas de Grateful Dead y los Rolling. Y el desierto como escenario natural de la desolación y el supuesto aislamiento de una generación que estaba entrando por la puerta grande, pero después de algunos años iba a votar por Reagan, así nada más.
Mary marihuana…
La poesía en la cultura sajona de los 60 definitivamente se encontraba en el Rock, si no, tendríamos que revisar algunas canciones de Cohen, Dylan, Dead, Beatles ( a pesar de lo simples) de Morrison quien siempre se consideró poeta, punto que no se cuestionaba, pero que a pesar de todo yo sentía que estaba mas cerca de Kerouack y Ginsberg .
Avándaro era el sueño de muchos después de saber de Woodstock y si algo había que escuchar era La Revolución de Emiliano Zapata con Nastie Sex me encantaba, y para nada le hacíamos feo, al contrario, producto cien por ciento jalisquillo como Santana, era un sonido que quería recordar a Grateful a Ten years after y al mismo Blind Faith pero eran también ellos y Santana, ellos y Canned, ellos y nosotros, ¿como puedo recordar Avándaro si no había ido? Ni que fuera el mago Septién narrando un partido de base ball que no veía, sin embargo, la euforia, la antesala del concierto, los preparativos de todos nosotros, los cobertores enrollados o los “slipins”, las cantimploras y los dos cigarros de mota dentro de los calzoncillos por si nos atrapaban, el permiso de los papás, en fin toda la parafernalia de antes del concierto, nos inundaba con singular alegría de haber entrado a la onda con nuestras propias raíces ¿copiadas? No importaba, éramos ya parte del suceso y habíamos muchos que también tomamos las calles años antes mentándole la madre al sistema, nos gustaba esta forma, era por fin parte de nuestras entradas al mundo, la marihuana, los viajes en hongo y peyote y Carlos Castaneda solamente lo leían unos cuantos por esos tiempos, los privilegiados, los que estaban un punto mas arriba que nosotros, la élite de nuestra generación, los propios escritores y traductores. (¿No había sido en Narvarte en una reunión con Juan Tovar y Parménides que José Agustín hablaría después de ello?) la envidia de la buena porque nó? Y sin embargo todo este rollo era de nosotros sin exclusividades, todos nos habíamos convertidos en cronopios sin excepción, después vendrían los comentarios y los anécdotas de Mundo y el Memin, de Ulises y el Abuelo y todos los que estuvieron en esa tocada que nunca pude llegar y que a pesar de que lo habían filmado no salía nada por esos días del festival. Avándaro resultaba siendo un paréntesis para algunos y el flolklore del rock para otros y un dolorcito de cabeza para las “buenas conciencias” del gobierno y su censura y sería como esa inquietud de ir a la tienda todos los días porque si no, nos podíamos perder de algo trascendente en nuestras vidas pero que aparentemente nunca pasaba nada, años después me daba cuenta entre sentimientos de culpa y rescates culturales y filosóficos de mi postura existencial ante la vida, que en realidad si era parte esencial de mi deformación cultural y social. Avándaro también había sido el recrear las voces fregonas que sin ser Robert Plant sonaban casi igual, el Hard Rock, el Huaca Rock bautizado años después por Botellita de Jerez y el grito como parte fundamental de nuestra metáfora única y representativa (paradójicamente así se había llamado el famoso documental que veríamos por los cine clubes de la Facultad, sobre el 68 del chingón de Leobardo Lopez y los estudiantes del CUEC y Alfredo Joskowicz, que en verdadera paz descanse y con la gratitud de habernos dado ese testimonio gráfico de lo que intentamos cambiar por esos tiempos, a pesar de que yo era un simple borrego aprendiz) pero el Tri ya estaban haciendo historia (Tree Souls in my Mind se llamaban en ese entonces cuando los vi en la pista de hielo Revolución con los Dugs Dugs otro grupazo de aquellos años) y explosión ya que después de Avándaro, durante años y décadas, iba a manifestarse como verdadero exponente de un Rock mexicano sin la plástica de otros grupos pero con la originalidad del pensamiento de todo el lumpen mexicano, verdadero protagonista de lo que fue el Rock después, aunque para algunos era tan solo una muestra de lo que no se debía hacer, cuestión que no compartía (Chac Mol, tiempo después, era punto y aparte y otro apartado especial).
Recuerdo que el domingo en la tarde, ese fin de semana de Avándaro, con unos pantalones de gamuza blancos, unos zapatos “Canadá” tipo mocasines redondos al puro estilo de Liverpool, una camiseta beige y un saco jaspeado amarillo, mientras la misa de las seis se estaba dando en la Iglesia de Cumbres, esperaba a los cuates mientras tomaba la consabida y mencionada “coquita”, gusto que desgraciadamente me convirtió en adicto, mas que la marihuana en esos tiempos; lo fresa no se me podía quitar, lo sabía.
( Oye cantinero sírveme otra copa por favor, quiero estar borracho yo quiero sentirme de lo peor, quiero tomar mucho , quiero tomar mucho para olvidar, oye cantinero no te hagas del rogar, yo se lo que quiero y me quiero emborrachar, pues la mujer que quiero con otro se fue a bailar…óigame señor, yo a usted no le puedo servir, este manicomio no tiene servicio de bar y no soy cantinero soy el loquero de este hospital )
Los grupos que habían tocado en Avándaro eran: Dug Dug's, El Epílogo, El Ritual, La Revolución de Emiliano Zapata, Tequila, Iguana, obviamente Javier Bátiz, Peace and Love, Love Army, Spiders, 39.4, La Vida, David y Goliath, Oz, División del Norte, La Tribu, Mayita Campos Los Locos, Freedom , de ellos conocía aparte de los Dug Dug´s y el Three Epílogo ( que se llamaría Epílogo 33 según el cartel que lo anunciaba en alguna de sus tocadas) y el Ritual que me gustaban bastante y los escuchaba en un cafecito de Juanacatlán cuando fuimos a ver, toda la flota de Narvarte, a los amigos de mi primo Raúl, Los Fratelos, también se encontraban los grupos de Peace and Love y Love Army y quien no conociera a Javier Batiz ( El Zappa Mexicano)… en fin, a los otros nunca los oí hasta que tuve en mi poder el disco pirata de Avándaro. En realidad eran fusiones y copias de muchos grupos que escuchábamos pero con una buen calidad de interpretación en su mayoría (no recuerdo quien tocaba la flauta transversa pero se escuchaba bastante bien y sin copias, pero los sonidos de las trompetas no le pedían nada a Chicago ni a ningún grupo que los utilizara o al propio Santana que fue bastante copiado en esa rola por la guitarra).
El ácido era todo esto y no necesitaba ingerirlo, mentira que lo necesitaría para poder ser “Watusi”. Era Rokero por esos tiempos en que la música alternativa y la latinoamericana se estaban colando en mi tiempo político, el Jazz mas puro esperaría después y la música clásica o culta o de conservatorio como le denominaban varios, siempre estaría presente en su mas pura expresión o en el Rock progresivo, toda esta revolución de la cual no he comentado algunas cosas y otros grupos mas a fondo, me removerían constantemente las estructuras y la compartiría con toda la flota y todos mis mundos: el de la Universidad que me había introducido aceleradamente y sin las notas de la radio, el de Narvarte, impresionante, y mis amigos que había dejado en Veracruz y Minatitlán y bueno, Coatzacoalcos con el Betus, y su hermano fresa y reventado a la vez el de In a gada la vida, ya estaba aquí igualmente, como Raúl y todos su mundo instantáneo de Coatza, que llegaría después a bailar al ritmo de los Fratelos en mis vacaciones.
¿Qué pasó con lo que dijo? ¿ya tan pronto se olvidó?... Lora sí era representativo a pesar de lo que alguna página de Internet dijera lo contrario… prefiero en mi cerebro caminar… como comentaba que lo hacía por las calles de Narvarte (oye cristo no regreses, no te vayan a rapar, …)
Algo que también me gustó del Rock mexicano fue la forma que fácilmente se acomodó al Blues (“que no es lo mismo pero es igual”) quizá porque ese ritmo viene de lo mas profundo de la opresión y nosotros, los otros, nosotros y los de entonces y los de enfrente y los de a lado, lo que no y los que sí, todos estábamos reprimidos de igual forma.
Y donde quedaban los Everly brothers mexicanos? Los Hermanos Carrión? Bueno, ellos me gustaban porque eran buenos cantando covers, los que interpretaban con un sonido muy de ellos y no podía negarlos con todo y sus letras o sí?.
Las mujeres rokeras, las reventadas, las fans, las groupies, las hippies, tenían que esperar unos dos años más para que las pudiera asimilar, sentir, amar y olvidarme de todas las fresadas de nuestras primeras experiencias amatorias que no sexuales…
Ellas eran las compañeras de mis cuates, las amigas incondicionales, pero nunca las novias… sin embargo soñaba y soñaba.
Diane la bruja del encanto
Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)
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