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La ciudad de los soles nocturnos

Sábado, 24 de noviembre de 2007

La Estancia de Boca



Llego a mi restaurante preferido para desayunar, La estancia de Boca, pido una mesa con vista al mar, aunque todas tienen vista al mar, esta mesa se encuentra literalmente pegada a la ventana, veo las villas y la calzada intermedia rodeadas de almendros y palmeras, los techos de los bungalows asomándose entre las ramas.

El mar: majestuoso y tranquilo, mientras el sol descansa y permite que sus pequeños: la ligera lluvia y el viento, jugueteen con las hojas y las ramas de los árboles para delicia de mis ojos; los colores se diluyen con mis pensamientos y mi vista fija, puesta en el barco petrolero que a lo lejos asemeja un ciempiés detenido en el horizonte.

Los verdes del mar también se diluyen en un contraste tenue con las palmeras y las copas de los árboles; las paredes y los balcones blancos de las villas y bungalows y los techos de un rojo quemado terminan de completar el cuadro que contemplo y estoy también dentro de el, junto con mi mesa y los comensales, ya que el ventanal es largo, apenas separado por las columnas que detienen el edificio; pero mi sensación es “estar” ahí, formar parte del mismo paisaje que veo y describo, veo el horizonte y soy el horizonte, formo parte de él, de los colores apaciguados por el viento, buscando a la ligera lluvia que se fue a esconder y lo dejó solo, inquieto y aburrido de jugar con las palmeras solamente, molestando ligeramente a los pájaros y las gaviotas que prefirieron no salir a jugar, salvo una que otra gaviota disidente y algún gorrión perdido y rezagado de su parvada, como yo mismo, lejos de mi mundo, del asfalto y de los ejes viales, del tráfico inmenso y los desayunos diferentes en Coyoacán, o algún centro comercial, lejos del bosque de Tlalpan y las caminatas matutinas con un vestuario diferente entre los robles y las coníferas, los encinos y los arbustos por donde juguetean las ardillas.



Mis recuerdos me regresan a este paisaje en que el cielo es tapizado con rasgones nebulares y un fondo azul grisáceo, presagiando a la tormenta enojada con el sol, agazapada como la lluvia cansada de jugar.

Pido “gordas blancas” con salsa de tomate, como aquí le dicen al jitomate, estas gordas están hechas a base de masa muy suavecita, con masa de maíz haciendo “tortillas” para freírlas en un cazo con aceite hirviendo, al esponjarse, se da la vuelta apenas un minuto y se saca del cazo para escurrir el aceite embarrado en la gorda, una orden de frijoles refritos y queso fresco aparte de la cebolla rayada para acompañarla, mi café lechero con doble carga para que sepa a café con leche, recordando aquellos vasos grandes que me servían en casa para salir a la primaria corriendo aunque esta se encontrara casi enfrente de la casa. Tomar café en el puerto es tomar buen café casi en cualquier lugar que lo preparen, tomar un buen lechero o un Express cortado, solo en algunas partes del puerto, pero por fortuna son muchos los lugares para mi y todos cercanos.

Las gordas y las picadas son el platillo básico para el desayuno jarocho, las hay blancas, “negras” que están amasadas con frijoles y dulces, estas últimas, amasadas con piloncillo; pero la base de las gordas y las picadas, una variante de sopes, es la salsa, ya que el jitomate tiene que ser asado y molido en el molcajete con ajo, sal y chile serrano al gusto, es la clásica salsa ranchera de tomate como se le dice por acá, también se pueden servir con mole y pocas ocasiones con la salsa verde (esta si a base de “tomates”) que es muy socorrida en la capital y otros lugares del país. Las garnachas en la cena, los tamales de masa y los bollitos de elote, los frijoles refritos, son parte importante de la causa de que Veracruz sea el estado con mas problemas de gordura, pero ese gusto es difícil de quitar por mucho que las picadas sean preparadas al comal sin nada de grasa, los frijoles por lo regular se guisaban con “manteca” de puerco hace algunos años y estos eran muy sabrosos con ese sabor de manteca quemada in confundible, no obstante, freírse con lo que sea es grasa, ya la manteca se ha quitado casi de las cocinas veracruzanas. A las gordas y picadas se les puede acompañar con un buen plato de huevos a la oaxaqueñas, o huevos en “salsa” como le decimos en casa, caldosos y casi hirviendo y la forma como los preparan en La Estancia es exquisita y los sirven en un molcajete con tiritas de queso fresco alrededor.

Los pensamientos con la comida y el paisaje, la tranquilidad del momento, me conducen a una sensación interna de paz y tranquilidad que es recurrente en estos días. Pienso en mis amigos de Pemex, los desayunos los viernes en el Correo Argentino, en Pepe el capitán y las chicas que atienden, Gabriela y Angélica, leyendo un libro o una revista a la espera de Héctor y Oscar, pelearme en silencio por el volumen tan alto de los televisores y prepararme para la discusión según sea el tema de moda, el fútbol o la política o algún acontecimiento cultural, pero siempre con esas ganas de reunirnos, saludar a los comensales, casi todos ellos trabajadores de Pemex, conocidos y antiguos compañeros.

Recuerdo las comidas con Enrique y Gustavo y Miguel en el centro Asturiano, paladeando un buen vino, sencillo, y económico, con cuerpo, ligero, degustando la cocina española tan parecida a la veracruzana en algunos platillos, como que si fueron 300 años de influencia marcada; pero sobre todo en los amigos que están allá, en sus rutinas como yo en las mías en este oficio de escribir cualquier cosa y gozar la vida y al mar, no me aburre y pienso en ellos y mi compromiso es doble para el gusto de la plática inexistente que se suple con este monólogo y la lectura para ellos, para mi, para mi…

Del mismo tema:
Los amaneceres

Por: Modesto Herrera González | Crónica | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Ese restaurante es muy bueno, se come bien.
Porque sólo Veracruz es bello, no?
El otro día tomé unas fotos excelentes en la playa, el cielo se veía de distintas tonalidades anaranjadas y azules.
Y pues como comparar esta tranquilidad con el distrito.
Me gusta mucho tu manera de describir las cosas.
Saludos.

Jessica Rivas Herrera | 21-11-2007 00:53:06

Leerte es un verdadero placer y al hacerlo es como transportarme al mismisismo Puerto, a mi mente vienen recuerdos tambièn vividos (Veracruz tiene una magia y un encanto especial), espero seguir disfrutando de todo lo que escribes.

saludos desde MTY

Ruth Herrera | 21-11-2007 21:14:28

Mi estimado Mody, no cabe duda que tanto tiempo, de tu tiempo no fue desperdiciado en una oficina, te hizo como al buen vino en espera de ser degustado, mas bien se gano en sabor y esencia.

Y eso que solamente lei la entrada.

Saludos

Juan Guillermo | 22-11-2007 07:43:07

Tio, tu forma de escribir refleja lo que tu eres y me encantas!!

Citlalli | 23-11-2007 05:03:42

Que te puedo decir si cierro los ojos y me trasmites todos los olores y sabores,me quedo en Silencio y escucho el mar, me encanta como escribes........
Besos

Maru Herrera | 24-11-2007 15:07:27

Tío. Como te comenté, tu post trajo un recuerdo de la cocina de mi abue Teté y, como sabes, ella dejó de cocinarnos cuando yo aún era pequeñita. Se sintió muy bien regresar el tiempo y ver los amontonaderos a la hora del desayuno y a la hora de dormir.

Un beso

Ireri Herrera | 05-12-2007 17:58:08

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