Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

La ciudad de los soles nocturnos

Domingo, 28 de octubre de 2007

Apuntes del capítulo 3: Diane, la bruja del desencanto... (primera parte)

Diane era una mujer de ojos azules, pelirroja, regordeta dentro de su falda café de flores amarillas, con huaraches mexicanos, pecosa, con una mirada profunda y curiosa

Un amigo me la presentó en la sala de la casa de mis padres en algún lugar suburbano del Sur de la ciudad,.nos fuimos al centro en donde ella se hospedaba, por algún hotel viejo de la ciudad en la que podían aceptarle a su perra, mestiza de color miel. Las pocas veces que podía comunicarme con ella era con la mirada porque mi inglés era muy defectuoso sin embargo me entendía con esa complicidad de “enamorar algún nativo de esta ciudad todavía provinciana a los ojos del mundo, mágica y misteriosa, y contrastante. Me presentó a un amigo de viaje recién desempacado del servicio militar en Vietnam, a pesar de que me gustaba demasiado Diane y había una cierta complicidad de momentos futuros, ella se interesó por presentarme a su amigo de viaje como ella le decía, aparentemente mas joven que ella. Pero Diane me recordaba a la Janis y a San Francisco, ella me comentaría después que era de ahí, precisamente. Con la promesa de vernos en la noche siguiente en ese lugar y que debía “pasear” a su amigo nos despedimos con un beso de gargantas profundas y un tremendo peñizco de nalgas que me proporcionó, la primera vez en mis años primeros de encantamiento erótico al ritmo de un blues que se dejaba oír por la puerta entreabierta de su cuarto, después de que nos habíamos tomado un par de cervezas, mi amigo, su compañero de viaje y yo ante la mirada tranquila y apacible de su perra (que la había castrado para no tener ninguna sorpresa en su viaje Korouckiano por las carreteras de México).

Esa noche no pude dormir recordando ese beso en que las lenguas eran los únicos actores sin la presencia inoportuna de los labios, era otra forma de besar que no sabía, era el libro que tenía en su buró, muy representativo de un cuarto viejo y amplio, en que las calles del centro se dejaban aparecer sin los vestigios del México de las películas de Rumberas o de las manifestaciones, solamente las calles silenciosas del centro mas viejo de Meso América, el mas representativo de todos los fantasmas que lo antecedían y sus leyendas y la Colonia y antes de la llegada del hombre blanco y barbado como barbado estaba su amigo (Mike se llamaba) flaco y enjuto con esa sonrisa de idiota que solamente la comprendí cuando yo también salí del país y no me daba a entender tan bien igual que él.

Al día siguiente le hablé a mi iniciador de los “viajes” a mi buen amigo “Raymundo” que en ese entonces se encontraba enfrascado en su dialéctica con los Rollins , mientras yo me apresuraba a escuchar lo poco que tenía de la Janis para asociarla con esa criatura que me había convertido finalmente al “underground” a la liberación cósmica sin saber en ese momento de qué se trataba Tarántula, escrita por uno de los grandes Gurús del Rock, de los Derechos Civiles, de la Poesía gringa, de mi amor naciente y fresco como la noche del centro, en que las miradas se bombardeaban hasta llegar al infinito al descubrimiento de mi sacerdotisa sin querer en un lugar olvidado y anónimo, accidental y familiar de una casa que me atosigaba con su arquitectura serial de colonia suburbana, templo clasemediero del arribismo, receptáculo de la freses, paréntesis de mi vida, puente entre la Narvarte y la Nápoles, resistencia de mis días narvartianos, furia de la desolación, espacio de las lecturas de Proust y Rayuela nuevamente, el último año del Rock, el preámbulo de su muerte, la anticipada ceremonia de la iniciación a las entrañas de la religiosidad ancestral, la defensa racional ante los fantasmas del inconciente colectivo, en fin el oasis de mis largas noches de espera y lectura de todo lo que estuviera a mi alcance para ahogar la tristeza del desarraigo, del cambio de escenarios.

El norte, los vientos con lluvia en esta noche ya de otoño, me traían los recuerdos del tiempo presente y me preguntaba en que puto lugar se encontraba mi amigo Ray, cuando la última vez que nos vimos, nos fuimos a reventar a otro lugar igual de fresa que el Sur en que vivía, La colonia Florida, cercana a Echegaray, esa noche, en que me acompañaba a una fiesta cursi y familiar fue la última en que nos encontramos y nos despedimos como si fuéramos a vernos al día siguiente, con las traiciones de nuestros respectivos amores de esperanza y compromiso, de una vida nueva que teníamos que buscarla en realidad adentro de nosotros mismos, en otros lugares y en otros tiempo, ya habían pasado varios años en que la terraza de su casa nos había servido para darnos el último toque mágico a la sombra de los Rollin que no sería como ellos porque me recordaban mis inicios mis momentos contrastantes de todo y nada que era nada solamente en ese paréntesis de la preparatoria en Veracruz.

Finalmente regreso a ese momento en que salimos con Mike a los jardines de CU para echarnos un Chubi que no entendería nadie porque los tres, Mike el gringo, Ray y yo estábamos desconectados en tres tiempos diferentes, yo tenía el tiempo del amor, Mike el del olvido y Ray el del hastío que quería olvidarse de aquellos tiempos en que era el mítico personaje que rompió esquemas en mi vida cuando en el cuarto plagado de postres de todos los músicos del planeta (los importantes e imprescindibles de esa época,) estaban vigilándonos en el rito de las vísceras y las sensaciones diferentes o normales en realidad, de esa época que se había esfumado mientras quería recordar cada instante de los momentos en que solo respiraba Diane, Diane, Diane, terrible bruja que me chupó la sangre hasta dejarme igual que ella, desterrado, auto exiliado como Joyce, perdido entre sus nalgas y sus manos callosas producto de su oficio de escultora de chatarra….

(Segunda parte)

Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos


Contador gratis
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009