Viernes, 26 de octubre de 2007
...Allá donde ustedes van; ¡No hay nada!
Se perderán entre un mar de gentes
que les negarán hasta el saludo.
y cuando alguien se atreva a mirarlas
despectivamente las llamarán "Marías".
Y tendrán que vender chicles y naranjas
para que puedan ganarse este santo nombre.
Pedirán limosna para dar de comer a sus hijos
y si bien les va, serán sirvientas en una casa...
Fragmento de "Marías" ¿a donde van?
Fausto Guadarrama López
La situación del país era bastante crítica, aunque aparentemente se encontraba estabilizado y “trabajando” normalmente. la mayoría comentaba que los conflictos intestinos y locales, eran brotes regionales, totalmente identificados y que si se salían del control como el caso de Oaxaca, poco a poco se restablecería el orden en una guerra de desgaste erosionada por el tiempo y la presencia de fuerzas de la policía federal, los nuevos "rurales" (los viejos eran parte de la historia negra de la dictadura de Porfirio Díaz).
Pero muchos veían que en estos conflictos regionales, se estaba cocinando y gestando un movimiento de insurrección, caótico y violento que los propios líderes serían rebasados por las bases de sus correligionarios.
No era solamente un problema identificable o quizá fuera uno con varias cabezas, como la Hidra la cual no podría ser vencida porque no existía un Hércules que ya estaba siendo devorado por el estado.
Uno de los principales problemas o causa de ellos era la creciente pobreza de una sociedad que no alcanzaba a cubrir los satisfactores básicos de supervivencia con todo y el programa Oportunidades del gobierno; pobreza que era una bomba de tiempo y que no alcanzaban a percibir, las capas medias, no tan pequeñas y bastante importantes para el consentimiento de la violencia y la represión por parte del estado en esos brotes que se salían de control.
Pobreza que llevaba cosida al borde sus carencias, la falta de educación, de empleo, de “oportunidades” y de canales adecuados y permanentes para acceder a mejores condiciones de vida, motivo por le cual crecía el desempleo, el ambulantaje en las zonas urbanas, las escapadas al otro lado de la frontera para buscar trabajo, o el crimen, la red de tráfico de drogas y como consecuencia, la corrupción mayor, pero por otro lado también el descontento para los más que se resistían dentro de sus condiciones precarias de vida, siendo manipulados por organismo o partidos y agrupaciones políticas para direccionar su descontento; por otro lado, esa gran mayoría de jóvenes que ingresaban a las filas del desempleo, abandonando sus estudios por necesidades económicas o la misma suerte que les había tocado vivir, al darse cuenta por los propios egresados de la mayoría de las universidades públicas, no encontraron un fácil acomodo al desarrollo de sus profesiones, mal formados, medio preparados, sin ninguna oportunidad para competir con los egresados de universidades privadas.
Ese descontento social y real, alimentaba e incrementaba el potencial del detonante de la bomba de tiempo que en cualquier momento podría explotar, como las explosiones de los ductos en Pemex por parte del EPR al exigir la entrega de dos de sus miembros aparentemente detenidos en Oaxaca por el estado. Y al final (como una muestra) pero no menos importante, la sensación y el descontento por el fraude de estado y las diversas fuerza del poder económico y religioso que sin haberse comprobado, agitaba como gelatina inflamable el propio descontento y el sentimiento de traición y abandono por los que sustentaban el poder.
¿Como se podía resolver todo esto? La raíz de estos problemas no era fácil de identificar sin salir “lastimada” toda la planta.
Era la idiosincrasia generada por el poder de ese entonces, que provocaba que todos quisiéramos ser genéticamente criollos, como caricatura de un Michael Jackson queriendo borrar su ascendencia negra, convirtiéndonos en un rostro deforme y abominable que lo tomaba como metáfora de ese lado oscuro del mestizaje biológico y cultural que tenía la carga del rechazo y desprecio hacia una parte de nosotros mismos, que lo identificaríamos siempre en el “otro” como una catarsis, una transferencia de nuestros traumas históricos y culturales, un espejo que no nos regresaba nuestra propia imagen.
La herencia política de los conservadores contra los liberales, los rojos contra los azules, de un proyecto de vida que siempre se antepondría al tradicional, serían parte de las raíces históricas, arrastrando a los que supuestamente defendían ambos bandos por “el bien común”. Haber negado desde el principio la cultura madre, los modelos de educación y vida como el Calmécac y el Telpochcalli, el propio Teocalli, para “mochar” cortar de tajo, dejar el tronco raso y superponer otro modelo impuesto y obligado, quizás fuera el meollo de nuestras desgracias no aceptadas ni compartidas.
El padre protector que castiga a los hijos que se sublevan y privilegia a los nacidos en buena cuna y dando oportunidad a los que se “blanquean”, permiten su propia negación, el ladinaje, esconder en el closet su verdadera identidad, dejar de ser el siervo, convertirse en el empleado del patrón, del señor que envidia secretamente deseando ser como el.
Negar los modelos de la cultura materna e importar otros mas para unos cuantos con la esperanza de que sean mas que eso, mas que cuantos, pero al no alcanzar el objetivo, seguir incrementando las imperfecciones del espíritu y alejarse mas del verdadero ser que nos representa. Y así llegar a la traición, a la negación, al desprecio, al laberinto de espejos que distorsionan la realidad y la propia frustración de no poder alcanzarla, de no poder “integrarla” y así no ver nuestra verdadera imagen: indígenas y mestizos embrutecidos por la herencia crónica de la desnutrición y el hambre a la indeferencia y apatía de nosotros; otros, disfrazados de un modernismo ficticio, despreciando su propia condición, alejándose mas de si mismos y finalmente empecinados en no ser nadie, ningún pedazo de espejo, ningún espejo, ningún objeto perdido en el supuesto mundo del colonizador, del amo; alejarse mas de una realidad que nunca ha sido la suya.
Por: Modesto Herrera González | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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