Lunes, 15 de octubre de 2007
Fui a México la semana pasada y me regreso con un buen sabor de boca, el viaje fue inesperado y por lo tanto no programado, pero que delicia el regresar a esa ciudad dinámica, monstruosa, bella y complicada, con un sin fin de errores y accidentes y otros tantos aciertos y cualidades.
No pude contactar a Oscar y Héctor para desayunar el viernes temprano, como lo hicimos en los últimos tres años, pero el sábado desayuné con Javier y Misael en el Konditori de Insurgentes y me pasó algo curioso: hace unos días revisando las tarjetas que tenía en mi cartera di con un nombre: Fernando González de la Garza y mi memoria fallaba al tratar de acordarme de el; pues bien ya sentados los tres, se acerca una persona y me saluda con efusión y me comenta: No te acuerdas de mi verdad? Yo le contesto, discúlpame pero no me acuerdo, se identifica y cual será mi sorpresa que me dice: Soy Fernando González de la Garza! Yo seguía pensando que me confundía pero la coincidencia fue interesante, en fin me quedé sin saber en donde o como nos habíamos conocido.
Por la nochecita asistí con mi hermano y su novia y José Luis al nuevo departamento de Ulises, por la Portales, tomamos un par de copas y nos acabamos un queso cotija que nos sirvió para entretenernos al calor de la plática y tres veces puesta Carmina Burana que Yolanda, la novia de Javier, no se cansaba de escuchar. La plática como en cualquier reunión entre pocos, tomó diferentes caminos pero siempre con el deseo interno de todos de intercambiarnos las novedades de lectura y acontecimientos después de tres meses de no vernos. Al día siguiente y muy cerca de ahí, en la misma colonia, nos fuimos a desayunar con un par de tecates bien heladas, los famosos tacos de cecina y chorizo para crudos, con mas de 17 años por esos rumbos, antes se encontraban en la Noche Buena, por la Plaza México, aunque dejaron una sucursal.
El lunes siguiente me acerqué a Marina Nacional para comer con algunos amigos de Pemex, Enrique, Gustavo y Miguel Ángel, en una cantina enfrente de las oficinas del Ovaciones y la plática fue de contrastes, siempre en mente a la oficina en la que pasé unos 10 años de mi vida y construí una verdadera red de amigos como ellos, los últimos pero no menos importantes. Para la segunda taza del Express cortado Enrique y yo, ya solos, nos enzarzamos en una plática llena de vivencias familiares y deseos futuros, expectativas y consejos mutuos. Por el lugar saludé a un grupo de amigos queridos, Juan, Jorge y Héctor, que se han hecho “viejos” en Petróleos desde aquellos años de 1989-90 en que los conocí recién salidos de la Universidad.
Vi a otros amigos y comí con Marcos en su cantina (El Afán por el Ajusco), y al día siguiente con Pablo Schabes, mi amigo de hace tantos años y vivencias, platicamos de su viaje a Perú una semana antes y las ruinas de Machu Pichu y el congreso de Física asistido, de los años que se nos quedan y su próximo viaje a Veracruz para pasar unos días conmigo.
Me faltaron varios días para visitar a los amigos queridos pero algunos pude ver; tomar un café en la Gandhi esperando a Rocío y cenar después unos tacos de hongos y nopales con queso en la Lechuza acompañados de otro par de cerveza para adentrarnos en la plática de nuestras mutuas inquietudes existenciales por esos días. Hablar de política era imprescindible para ambos, ponerme al tanto de lo que estaba sucediendo entre los pasillos del partido, comprar la Jornada para no perderme el especial del Che, hablar de amores, de poesía y cine fue una delicia que me dejó un buen sabor de boca y de espíritu, a pesar de que nos vemos con relativa frecuencia, las últimas ocasiones siempre estábamos rodeados de amigos.
Me tuve que regresar, no había nada que me llamara de regreso a Veracruz, lo había dejado todo en orden, sin embargo sentía la necesidad de regresar a escribir y pelearme con el calor y la lluvia, caminar por la playa y tomar mi café en Plaza Palmas. Sigo sintiendo ambigüedad entre estas dos ciudades queridas, me parece curioso estar escribiendo sobre Narvarte en Veracruz, pero en fin…
Por: Modesto Herrera González | Crónica | Comentarios (1) | Referencias (0)
Adriana Zavala de Margolus | 25-10-2007 11:01:16
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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