Sábado, 13 de octubre de 2007
Que soledad tan grande hermano
Que enorme vacío gozoso compartirla
Que terrible revelación se abre
A nuestros ojos interiores
El tremendo fracaso de ser hombres
No sabía a donde iba a llegar con este relato, es como si me estuviera guiando hacia un momento o punto que no visualizaba, era un viaje en ácido o el largo camino del desencuentro: otra vez el Oximorón, la divergencia de los puntos encontrados, la divina trinidad desdoblándose en una sola persona a pesar de que eran tres las partes, tres los momentos de mi estación que sabía que faltaba la cuarta, la no atravesada por ninguna parte de mi ser, a pesar de que ya estaba recorrida por cada una de las tres, por cada una de las estaciones, los momentos, los movimientos de una sinfonía clásica en que el último podría no ser como la coral de la novena de Beethoven, sino el propio principio de mis búsquedas no logradas, de mis encuentros desatinados en que el mundo de lo imaginario, de lo fantástico, de lo irreal, de lo virtual, el mundo de lo no explorado podría ser la base de todo lo anterior, algo nunca vivido ya vivido. El mundo virtual como si estuviera atrapado en esa gran madeja de hilos que posiblemente se materializaría en la metáfora descarnada y descubierta de la WEB, ¿en realidad eran tres mis momentos con una introducción a Narvarte y la bruja del desencanto? No eran cuatro los grandes momentos de mi vida y entonces ya estaba todo resuelto, cuando el amor ya había tocado a mi puerta y no me percataba de ello?
¿Era la búsqueda de mis orígenes de izquierda a través de Narvarte o la Universidad, a través de mi familia o la Banda o un pueblo pedido entre los afluentes del Papaloapan? o era la búsqueda esencial del ser humano al querer darle un significado a su destino, a la verdadera naturaleza de las cosas que no significaban mas que eso: cosas, cosas que llenarían las próximas mañanas y tardes de mi vida con una que otra situación inesperada para no pensar que lo tenía resuelto?
Había sido Diane lo que me había significado en la vida? o mi compromiso con Félix el guerrillero centroamericano que se apoderó de mi casa sin que pudiera decirle nada a pesar de mis defensas hacia lo que no estaba convencido?, de esos momentos de vergüenza al sentir miedo por albergar a un sacerdote guerrillero o su hermano mismo paseándolo por los centros nocturnos de la ciudad para distraerlo? O era el advenimiento fantástico de la Red al encontrar a Lilian la amorosa Lilian leyéndome a Neruda o a Gioconda Belli desde la remota y lejana ciudad de Temuco, amándonos como desesperados al sabernos distantes y lejanos, irreales y verdaderos como todos los amantes epistolarios del mundo en el siglo XIX?
We can get work it out me traía aquellos momentos de felicidad inconciente de mis quince años en una ciudad que no entendía pero me atrapaba al adaptarme a ella con todo y sus contrastes y su mundo mezclado entre varios siglos que no podían apuntar todavía al XXI
Era un largo carrusel que no terminaba desde hace 40 años en que comenzó todo esto que estaba apunto de darme en la madre para siempre jamás, es decir, ya me había dado sin haberme resuelto ni aportar nada a este mundo de mierda en que la derecha era la que mandaba, quien lo iba a imaginar después de que la derecha se había disfrazado de liberal en 100 años, ahora tenía el rostro descubierto como nosotros, aún no, nosotros los que siempre habíamos pensado que el mundo era diferente mientras este se agotaba aceleradamente con la rebelde aceptación de llamaradas de petates y contradicciones que siempre había tenido esta bendita y puta soledad sin nombre que llamábamos izquierda con todo el romanticismo de los que después se arrepintieron y la terrible existencia de los que no estaban en esta jugada a pesar de las ideas, porque también existía el budismo Zen y Don Juan y Pachita y los Huicholes y algún occidental perdido en medio de la selva lacandona como Marcos con todo y sus animalitos y el viejo que le contaba historias.
Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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