Martes, 02 de octubre de 2007
Y de repente la ciudad se quedó dormida a lo lejos intuía que no era cierto miles protestaban de nuevo por el resurgimiento de lo que un día pasó entre nosotros y fue callado, aplastado, de otra forma, criminal digna de las bestias.
Yo después de 20 años rumiaba mi propio malestar en medio del silencio a fuerzas, en medio de la desolación si bien no sabía que esta se encontrara en mi casa o en todo alrededor.
Seguía sin entender las mismas cosas pero sin las fuerzas de aquellos sueños que me soñaban, soñándote, buscándote.
Parecía que todo iba a resolverse cuando te conocí no me imaginaba que el amor llevaba pegado en su mas profundo escondite, la carga de la impotencia de todos esos sueños frustrados.
…”De repente, mi niñez, mi educación, las instituciones la ideología disfrazada, satanizaban ese mundo de libertad el cual pensaba que había (mos) conquistado. “
Se corrompía todo como una enfermedad sin cura provocada por el virus desconocido.
Y resulta que el amor también tenía que ver con ese mundo racional de las estructuras.
El overol de mi padre y el mandil de mi madre eran símbolos de una realidad invisible para mis juegos con los cometas y las mariposas de la primavera, y los primeros encuentros con mi sexo.
El descubrimiento de los hilos podridos de esta gran madeja me trazaron el camino a medias.
Resulta que no me incorporaba a las filas de las instituciones pero tampoco resolvía desprenderme de ellas.
Durante largos años, después de que pasó el gran momento, muchos dejaron sus sueños entremezclados con la sangre y no nada más la que se regó en la Plazas de esta gran metáfora (el tornillo de la gran costumbre diría Julio Cortázar en Rayuela). Creía que por arte de magia el conjuro de tu amor me iba a rescatar de la incertidumbre y el escepticismo.
Ya habían también pasado sin pasar, los Beatles y las clases engañosas de física que impartía en un lugar frío y conformista en el norte de esta gran ciudad, lejos de esos sueños perdidos y mis pequeñas batallas gloriosas contra la clase media.
Perdí mi deseo de rescatarme y sumarme a la plaza cuando otros eran los sueños y no pude descifrarlos-
Perdí quizás en un domingo normal y rutinario en que los Beatles en Abbey Road me hicieron desgarrarme por dentro en un grito triste y desolado fuera de contexto, del momento que compartíamos.
Perdí en el grito de un sábado en la Hacienda de San Miguel Regla cuando en la tina de baño leía el reportaje del testimonio de una mujer sobre su dolor y pérdida por la ciudad derrumbada debido a sus cañerías corruptas y el abandono de este sistema al reencuentro de nosotros ese fatídico 19 de septiembre.
El psicoanálisis me quiso ayudar a recuperarte y me di cuenta que además de mi nihilismo político, solo el brujo blanco cubría una parte de la solución de mi ecuación, faltaban los ritos chamánicos y el conocimiento de Juan Matus, mas allá de Freud, Marx y Lacan, se encontraba lo que llamaba magia a través de ciertos intentos de poesía, el descubrir la otra parte que no eras tú, escarbar mas allá del fondo de la botella y el universo físico, ir con la palabra en una aventura que no ha terminado pero que te abandonó.
Hoy estoy solo, con esta gran madeja de hilos podridos, la única metáfora que he podido conservar a través de los años, la que representa a mis amigos muertos o perdidos, la que empañó esa transparencia profunda” cuando pensaba en ti, - la obsesión de aferrarse a algo ¡Oh deseos de seguir buscando sin que piense que estoy detenido en estos largos 20 años que han pasado rápido y comienzan a dar retoños! Vislumbramientos de momentos mejores para todos, como si el sacrificio de nuestra sangre despertara a los dioses al fin y al cabo, y estas alianzas raras de los tlaxcaltecas y el señor de Chalco no fueran en balde.
Como si repitiéramos las guerras floridas en aras de la preservación del espíritu cósmico que un día se esfumara en Teotihuacan y algunos atrapáramos estelas de humo que se elevaran hacia la parte más inalcanzable del cielo.
Todas las alianzas no fueron en vano, mi soledad, mi autodestrucción, mis contradicciones, no fueron en vano, como el overol de mi padre y los soldados cuidando el orden en esa ciudad ferrocarrilera por aquellos días terribles en que México perdía de nuevo su dignidad y el amor era encerrado entre barrotes.
Cuantos errores que individual y colectivamente, conocidos y anónimos, nos han hecho cobrar la verdadera conciencia de la soledad (un país remoto y frío, diría Silvio Rodriguez)
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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