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La ciudad de los soles nocturnos

Lunes, 24 de septiembre de 2007

Rock (o la posibilidad de que me ames así) Segunda parte

Unas cuantas monedas tiradas en el suelo
que recuerdan cada esquina de este mundo
cada una de las llamas saliendo de la boca
que reflejan el hambre y la mentira
otras lenguas que se pierden en la selva
en el color verde que invita a proseguir
el viaje.
Un río de pirañas
de largos muros que ocultan la miseria
del color rojo que de tanto detenerse
nos vuelve indiferentes
de cien lectores de un solo diario
de perderme en lo mas simple
de seguir buscándote sin esperanzas
de cristales rotos y esta pinche cultura
que es mierda y huele a resistencia
a guerrilla escondida
al pavor inmenso y aséptico de la palabra
lucha
que huele quizás a otros tiempos
otras bocas
a otros besos
a otros dientes
que también huele a un sexo diferente
a seguir la busca en el bolsillo
de la palabra nueva – el otro lenguaje –
(el mismo grito putañero de mis años fuertes
de hace tantos años y hace tantas muertes)
huele a reconciliación, a encuentro
a ninguna luz que no sea ámbar
luz de alerta, frustración del conductor
para aplacar a su conciencia

Lanzar al aire una moneda de 100 pesos
y una caja de cartón con chicles sin anuncio
huele a estación de tren a las tres y media
de la tarde en aquel país que es México
huele aunque usted no lo crea a Rock
y otra vez a mierda

(huele también a las flores del cempasúchil
eterno, flores moradas que nunca se marchitan
flores de hace cuatro años
huele a barro antes del concreto)


(a Cecilia Toussaint)

Sin ninguna palabra en mi bolsillo

(salvo monedas, llaves, un pedazo de papel
un chicle comprado en una esquina por
el desencanto del amor perdido)

con qué romper la otra parte de la historia
que se fue gestando en los pasillos
obscuros en que los monjes cantaban
a la víspera el conjuro que nos dejó
marcados antes de que el relato se contase,
sigo a la espera
en este quehacer ya voluntario
leyendo las noticias de la tarde
retomando una cuenta de barro y unas plumas
alargando el Ay tan lastimero
el Ay de espasmo
el Hay de soledades atrapadas
por el tubo de fotón
el Ay-eroscuro
el Haya-ganas
los dientes apretados,
los ojos bien cerrados a las tres de la mañana
recorrer todos los días que fueron recorridos
atravesar en un lenguaje nuevo o inventado
cada día que enredaba más al mundo
el laberinto sin pasajes ni salidas

conjurar desde atrás, al revés
regresar por la línea que no se
ha escrito
reinventar el acomodo
la posición de los astros
romper con todos los sistemas
el Cartesiano
el de Copérnico
el de Newton
el del PRI
Bautizar nuevamente a Circe, a Hera
a Marte, a Magallanes, Anteoquea
poner de nuevo un nombre a todos los días que no sean
siete ni trescientos ni sesenta las aproximaciones
del planeta Júpiter
hacer añicos todo
y una vez amasada la palabra nueva
“bautizar” con otros nombres ese sitio
prolongado de la fatalidad que es la nada.

Reconstruir una a una todas las cartas de navegación
fuera del cosmos
diseñar el tablero en que la dama
no sea la pieza fuerte
que el peón o el alfil
se puedan desplazar entre los rombos
o habitaciones circulares
o rayos de luz
y que el ganador no se percate del derrumbe.

Encontrar
una palabra
releer el manuscrito en el que estaba escrito
que tú y yo naceríamos en este siglo
y bordar todo vestigio de existencia
volver a asirte
volver a hacerte
regresar al momento en que el planeta
nadaba en el océano
sumergir (nos) entre las venas
de la posibilidad
rescatar la trayectoria del cometa
larga fila del desencanto de la travesía
en una ciudad sin “nohombres” sólo
pasados de nombres que se superponen
cómo continuación de la pirámide
rindiendo culto al hombre rojo
al hombre verde
aplastando tres historias
que datan de mil años.
Regresar de nuevo en que la tierra
era agua
esencia misma de lo que no
somos esencia

Consumirnos lentamente a la espera del milagro
de una profecía no escrita
ni narrada
a la espera del embrión nuevo
del capullo semiótico.


Son las 6 de la tarde de muchos días de estos
en que el cortejo de lagartijas se fue
sin dejar su nombre a la llegada de las lluvias
Un fuerte viento pasa y lo derrumba todo

(Como si en este cuarto la navegación sin
tripulantes pudiera permitir la fragilidad
de lo que en un batir de pájaros de acero
barrieran el deseo de lo que no quedó entre
nosotros)

Recuerdo que una mariposa perdida fue el
presagio
la presencia
el advenimiento de la profecía
en una larga noche de asteroides
sin tener el mismo idioma
y poco a poco pájaros y peces anunciaban
el puente de las soledades
la necesidad de ti
las ganas locas de esperar noche tras noche
otro presagio que te fuera construyendo
(en mis pensamientos)
te fuera dando cuerpo
y forma
y nombre
y entre los dos viajáramos hacia otros peñascos
flotando en el espacio.
Navegábamos juntos
sin promesas
a la gran aventura de ninguna parte
fuimos iniciados sin querer en ese loco
proceso del que tiene un nombre cuando
nos presentaron en una noche en que
el sol brillaba sin estrellas
y así nos convertimos en planetas
creamos un sistema indivisible y loco
papalotes a las cinco de la tarde
el encanto de Antonio el niño alegre
en las montañas
una piedra al descuido
dibujando al eclipse
al chipote
la constelación sin diamante
ni nebulosos
en una noche de Rock y de Poesía
de comunidades solitarias en medio
del carrusel sin memoria.

No busco la palabra nueva para conjurar el hechizo
por segunda vez
No quiero ser Ulises atravesando una ciudad
que se derrumba en medio de la desesperación
por que su maquinaria no funciona

pero qué fácil es cuando en ese beso que no detengo
en mi memoria, ese estar adentro de tu cuerpo
sin nada que decir (tan sólo ese grito
de la soledad a medias) el itinerario de Caronte
en el océano de la desdicha
el desentierro de la misericordia para todos
para ambos…
me permita soportar tantos sonidos
de estática desvestida a la mitad del tumulto
los millones de caras repetidas en cada parte
de mis sensaciones mientras espero el avance del semáforo
la apatía del que tuyo la posibilidad del desquite
el conformismo de las oficinas automatizadas
los cinco kilos de basura clasemediera en cada puerta
el deambular de las ratas y las cucarachas
“lo bonito que se ve la ciudad de noche”
(a lo lejos)
el cemento como doble metáfora del desahuciado
Cecilia gritando con su vientre
Mientras una niña espera
la esperanza
Y yo
Sólo
Rumiando la cuarentena de novelas policíacas
Con dos cajetillas de cigarros diarias
Pink Floyd gastado por la fuerza de la costumbre
viajando todos con mis pensamientos a ninguna parte
que conduce al mismo sitio
a esta mesa redonda que se cansó de ser cuadrada
al mismo universo de piedra
que entre grieta y grietas
se cuelan los ayes y los ayeres
los pequeños átomos que comparten
mi secreto de buscarte
los guarazapos que necesitan un poco más de lluvia
los lamentos de puerta rota
de ventana quebrada por el canto tranquilo de las ramas.


Las seis de la tarde se ha escapado
sigo a la sombra del librero mágico
el de la revolución mexicana y otros
dioses
una fotografía de hace quince años
el mismo Pink Floyd acompañándome
haciendo ruido
para que en otra repisa de madera plástica
el cortejo de las piedras me sigan lastimando
con sus cientos de millones de segundos
y de horas
con su indiferente postura de tiempo indiferente
de tiempo mudo
deteniendo mis libros de poesía.

Sin ninguna palabra en mi bolsillo
abro el diccionario más pesado
el ilustrado me rescata en este pozo
interminable de ellas
El Ameyal
antesala de esta búsqueda infernaria
me ayuda a definir el sentimiento que place
y que replace
amoriscado
amorfo
amotinado
anisómero
mientras de nuevo el verde se confunde
con la vista
el pase sin cobrarse al infinito.

La espera cursi de una ciudad sin manchas
de una ciudad sin lágrimas que se contienen
a las tempranas horas de la tarde
de una ciudad que no me recuerda tu presencia
tu huída
la sensación de encontrarte enfrente de mi casa
la sensación anónima de estar juntos
la misma indiferencia de tocarnos
en cada respiración carbónica
mientras el fuego en cada manzana
quema el estómago de los atrapados
por los ejes viales
de todo esto que está a punto
de darnos en la madre de la conciencia
la madre de los desamparados
la madre concreto
la madre semáforo
la madre calle
la madre barrio
la Puta Madre !




La madre del poeta cobijando
a seis millones de apestados
en otro pozo seco amoscalado
y polvoriento
madre necesidad y panfletaria
eva sin sexo devorado por los
buitres y los zopilotes
madre carroña de los purulentos
sacrificando al sol a cinco cuadras
cinco veces.

Cuatro pirámides del sol en una luna
cuatro años promedio de primaria
mientras mi búsqueda en la bolsa
imaginaria se derrumba
se desahucia

Mi cobardía es una bofetada
en el centro del ombligo
un lamento inútil que viaja en mis arterias
afuera de mi casa los perros y las ratas
se disputan la comida

y encuentro la palabra inventada
en una celda inventada de barrotes
la palabra cárcel
la palabra miedo . . .

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

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