Domingo, 23 de septiembre de 2007
A veces los pensamientos,las ideas, las sensaciones, viajan tan rápido que es difícil aterrizar un instante...
Esperaba las tardes del café, para tomar una aromático Express cortado y leer uno que otro artículo de la revista del mes, cuando no, atravesar con avidez la novela que estaba releyendo, o el libro que estaba consultando, quería buscar la palabra clave que me permitiese seguir pensando que todo esto había valido la pena y cuando digo todo esto, eran los siglos que habían pasado para la construcción de esta nación, como muchas otras en Latinoamérica que tenían un pasado común. Ya eran muchos los actores a través de los tiempos que habían puesto toda su energía y toda su dedicación para interpreta, inventar y rehacer el mundo que les había tocado vivir y estudiar. Posiblemente lo que a miles nos pudiera tocar era vivir la vida como si no pasara nada y dejar que las circunstancias se fueran presentando para sortearlas en este breve paso de la niñez a la vejez e irse con la sabiduría sencilla que habíamos sido felices, pero eso era todo?, siempre me había dispuesto a rechazar las cosas simples, siempre había algo en que entretenerse y después abandonarlo para empezar un nuevo juego, y así el misterio se dormía, para no lastimar, las preguntas no se planteaban porque se sabía que la búsqueda de las respuestas no estaba sencillo y ya bastante era difícil la vida cuando no había dinero o había que presentar los exámenes o los trabajos, según sea el caso, para seguir adelante.
Aturdido, esa era la palabra que, en estos días, mas se acercaba a los pensamientos entrelazados con mis sentimientos, en una especie de carrusel o tío vivo en que las figuras y los asientos, los caballos y demás cuadrúpedos, parecían recordarme y a la vez marearme entre tantos temas y sensaciones que perturbaban mis ideas en este entonces; la política, el ensayo científico, las notas del día, los Blogs, la Historia (sobre todo la de México), la gente que me rodeaba, el afán de leer las novelas una tras otra para encontrar el punto de arranque con mi propio diálogo interno, lo social y la noticia en los periódicos, la apatía, la inconciencia, la conciencia; todas eran animales de feria y caleidoscópicamente se miraban como uno solo, en la misma estructura –al fin y al cabo encontraba el significado de la palabra panóptico sin saber con qué o para que, si tenía caso hablar o no, mejor tomar el camino del silencio, era preferible, como respuesta al aturdimiento, el noqueo de cientos de de relatos, de cuentos, poemas, historias, palabras contadas o dichas, o vistas, la vigilia del sueño en lo cotidiano o en el rito del vivir y trascender como criatura partícipe de un todo-nada, de esa divinidad inexistente tan cerca de los sueños como de la rutina misma, del rito y la violencia intrínsecos, provocados por una supervivencia mal entendida en todos los ismos y dioses de la propia historia desenvuelta en dos caras como objetos divergentes que regresan a un punto de encuentro en la paradoja del instante visto con ojos diferentes, medidos en dos o tres sistemas relativos y excluyentes, para saber que instante, si fue el evento mismo platicado en diferentes formas y significados.
Estaba atrapado entre tantas interpretaciones de la realidad y veía con los ojos de otros que sin ser yo mismo los dejaba ser, los dejaba apoderarse de mi esencia en un juego de pin pon (de espejos) en que las dos partes se enfrentaban y no había respuestas.
La Historia se dejaba ver como era: desnuda de sus propias máscaras, de las inventadas, de sus escenarios que a pesar de toda la ciencia, también construía el mundo con mentiras y verdades a medias, es por eso que quizá se encontraba la siempre referenciada (historia) en un diálogo con el mundo, de mis reclamos ante el tiempo y el espacio divorciados en ese carrusel del instante, de la aparente convergencia, de las asociaciones reducidas a un solo juego de palabras que podían recrearse en otro juego más elaborado, de metáforas enmascarando la confusión, el caos nítidamente explicado en el juego de dados previamente documentado por la estadística y la probabilidad. La tendencia y la interpretación, eran parte de lo subjetivo que se transformaba constantemente en principio universal según las reglas del juego y otra vez el pin pon enterrando los espejos en que se reflejaban al unísono la victoria y la derrota como partes de la unidad aparente.
No estaba escrito que teníamos que seguir sin ninguna esperanza, la verdadera esencia de la vida era luchar con ella para arrancarle sus secretos, alinear las baterías para no dormirse nunca, ni aún estando dormidos.
¡Había tantas cosas y tantos caminos por donde caminar! Vaya que si no, y posiblemente la clave era el hacer lo que “nos había tocado” hacer, pensar que así tenía que seguir, conformándose con lo que se tenía, conformarse con las respuestas simples y sencillas: el amanecer, el atardecer, el día, la noche, el sol, la luna y las estrellas, la canción de moda, la película de moda, la serie de moda, la mujer de moda, los amigos de moda, la edad de moda, y entonces retomar el camino con sabiduría, ver crecer a tus hijos, envejecer dignamente y en las pláticas de café o las tertulias, platicar del país y del mundo como si este se encontrara lejos, distante, remoto para ese núcleo que era nuestra comunidad entrelazada con miles de ellas a través del territorio …
Luchar era la clave, quien sabe para que o para quienes, rescatar la parte de uno y darse cuenta que uno es la parte de otro y de otros pero seguir luchando para encontrar el punto negro y la nada, esa dialéctica de lo incomprensible que permitía que el mundo siguiera aparentemente evolucionando, el mundo de los seres humanos, no importaba que hubiera guerras, epidemias y pobreza, ¿o que no era recurrente en toda la historia de la humanidad?
Había que hacer el trabajo que le correspondía a cada quien con la responsabilidad de hacerlo bien, o al menos eso era lo que pensaba en estos momentos, pero ¿cual trabajo? ¿cual de todas las actividades?
( El trabajo! Bendito el trabajo, el oficio, la actividad el amor a el! a las cosas que hombre hace, ya fuera pedir limosna, lavar los parabrisas por unas monedas, vender chicles, prostituirse, robar a alguien, matar a alguien, robar autos, traficar con drogas, secuestrar, vender órganos, sacrificarse por sus ideas y matar matarse por la supuesta libertad en el otro mundo, el placer de la vida en el mas allá!
Trabajar la tierra, (plantar amapola, marihuana, coca, etc.), sembrar maíz, trigo, legumbres, fríjol, arroz, sentir la vida en el crecimiento de esas plantas que darían después de comer y de morir, estudiar, tener empresas, dar trabajo, hacer programas, instalar cables para el gas, para el teléfono para la electricidad para la televisión para el Internet, elaborar combustibles, fabricar cosas para el confort, construir, puentes, casas, edificios, fuertes, cárceles, estudiar para optimizar los productos de bienestar a una pequeña tercera parte quizá del planeta, levantar presas, extraer minerales, petróleo, carbón, gas. Pescar, y estudiar para desarrollar mejores herramientas por medio de la tecnología, ser ingeniero, o abogado para defenderse los unos a los otros, ser obrero, albañil, carpintero, mecánico, pintor, curar enfermedades, cuidar enfermos, ser profesor, soldado, investigar, etc. si, todo eso envolvía a el trabajo que era parte esencial de la actividad humana que aparentemente inconsciente como por instinto teníamos que seguir haciéndolo según nuestros gustos o nuestras limitaciones, nuestros placeres o nuestras necesidades.
Hacer la guerra, ciencia, filosofía, música, poesía, cine para el entretenimiento de los demás y para el crecimiento espiritual de todos, era la otra parte de las divisiones, el espectáculo, los deportes, el teatro .
Me estaba desviando en mis propios pensamientos para desahogar mis inquietudes y frustraciones, mi impotencia y mi desesperación por tratar de encontrar ese hilo negro que podría acercarme a la tranquilidad de la conciencia, del pensar que la vida tenía que seguir y que entonces valía la pena decidirse por cualquier camino de la abstracción para desprenderse de lo cotidiano, de lo enajenante…
Por: Modesto Herrera González | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com