Sábado, 22 de septiembre de 2007
Independientemente que estoy introduciendo parte de mi producción reciente, el libro que recopiló casi toda mi producción versificada de los años 80 al 2000 y el cual publiqué por mi cuenta, se llama igual que el título de mi bitácora, y la explicación la expongo a continuación. aunque solo agregaré tres de los poemas que marcan la dinámica y el lenguaje de La ciudad de los soles nocturnos, ya que es muy importante para mi que tu sepas el porque de este título.
La mayor parte de mis poemas los he escrito en la noche, en que los ruidos nocturnos se cuelan por todas las aberturas de mi cuarto. En ese momento, paradójicamente extrañaba el sol y lo dejo entrever en mis versos.
Es recurrente en mi poesía el reclamo del sol y de los pájaros, la constante permanencia de la noche y la búsqueda de lo que alguna vez estuvo. Y por otro lado la lucidez de la vigilia me provocaba la fluidez de la palabra como un torrente de luz. Esa es la razón del título.
En cada uno de los poemas, emerge el sol como referencia nocturna.
Los poemas representativos del libro que quiero introducir a este espacio, se reducen a 3: Intentos cosmogónicos, Rock o la posibilidad de que me ames así y Rabia Congelada, ellos conforman los sistemas solares en el que los demás giran a su alrededor y en medio de esta constelación: la ciudad, la mujer y el intento de resolver la ecuación existencial del Yo y el nosotros, tres poemas, tres tiempos diferentes, el mismo espacio en el que los universos del amor, la política y la música se desarrollan y convergen en una metáfora recurrente. El teorema se plantea en Intentos cosmogónicos y hay pasos intermedios en que la solución de la ecuación se resuelve y se olvida para continuar por otros caminos que tienen que ser recorridos, de la misma forma en que su momento Don Juan le comenta a su discípulo Carlos: “Hay que recorrer todos los caminos que tienen corazón…”. Esa es la dialéctica del libro y que se resuelve solamente en el instante que es lo único que permanece como una fracción de un tiempo no medible y por lo tanto inexistente desde el punto vista físico. Ahí se encuentra la paradoja.
Comencé a sentir lo que era la poesía cuando leí por primera vez Quevedo, Salvador Díaz Mirón, Enrique González Martínez, a Ruben Darío, Amado Nervo y Ramón López Velarde con su Suave Patria, principalmente, pero en realidad lo que cambió el orden establecido de mis lecturas y me trastocó desde entonces fue Piedra de Sol de Octavio Paz y me atrapó como una mosca en la telaraña y ya no pude desprenderme de ella. entonces, toda una larga fila de poetas, Sabines, Villaurrutia, García LOrca, Gorostiza, Pacheco, Huerta, Neruda, Vallejo, etc. me han acompañado y enseñado muchos universos paralelos, fascinantes, demoledores, infernales y sublimes, religiosos y amorosos.
Para mi la poesía es el universo en el que las palabras encuentran su propio acomodo en significados diferentes, a todos los lenguajes que las utilizan, después de que es gestada lentamente (amasada) con los sentimientos, las visiones, las sensaciones que van construyendo al poema sin que nos percatemos mucho antes de escribirlo para provocar estallidos de todos esos momentos (cotidianos) que escondieron lo insólito al irse descubriendo por si solos.
En realidad ellos (los momentos y las palabras) le dan forma (el espacio) a esos cuestionamientos inexplicables y relatan la travesía interior con la ayuda de la magia que es convocada en esos estados de asombro o pánico, de gozo o de infinita soledad. El poema se construye entonces por si mismo y ya no te pertenece, y así solamente te conviertes en el artesano en el taller de las letras.
Ha sido también, la dialéctica (mi dialéctica) de la forma y el fondo, la forma alcanza las profundidades de la reflexión o la reflexión más profunda con tan solo dibujar la superficie del poema con las combinaciones que conforman la frase, el verso o la imagen de lo que quieren representar las palabras en una metáfora que emerge del sentimiento o la impotencia de no saber describirlo.
Dejar que la poesía por medio de la palabra, el verso, la metáfora, las imágenes se vayan apoderando de ti y te conduzcan a través de paisajes que solo tu imaginación podrá realizar en el momento de la lectura y será único en función del estado de ánimo y tus propias necesidades espirituales. Todo ello convoca a un rito único e irrepetible y es el punto en que te atrapa. Porque decía Stendhal: para el amor no se necesitan de analistas sino de poetas yo agregaría que para la poesía no se necesita del entendimiento común de la razón sino de la razón del sentimiento.
Por: Modesto Herrera González | Presentación | Comentarios (2) | Referencias (0)
Ignoraba acerca de este libro, recopilación como tu lo dices de todos tus escritos a través de tantos años, interesante explicación del título del porqué "La ciudad de los Soles". prometo leer uno a uno todo tu trabajo e incluir un comentario, me da gusto volver a reencontrar a una persona que en su momento y espacio fué muy importante en mi formación, gracias por compartir el sentir de todos estos años que de cierta manera han formado a la persona que eres hoy, te quiero.
RUTH
Ruth Herrerra Naranjo | 23-09-2007 05:20:04
Javier Herrera | 06-10-2007 23:59:33
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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