Sábado, 22 de septiembre de 2007
Apuntes del libro "Narvarte"; por limitaciones de espacio en el blog, esta es la primera de cuatro entregas, las cuales forman parte de la introducción.
Estamos atrapados en el fondo de la botella
no podemos escarbar
removemos la tierra a dentelladas
para encontrarte
(1982)
Parecía que el tiempo se hubiese detenido en todos estos días, si tan siquiera encontrase la respuesta interior de todas mis inquietudes. Ya no quedaba nadie por ser culpable, todos estábamos atrapados y los viejos sueños entre ladrillos Narvartianos me regresaban todas las caras celosas del tiempo-piedra, las ganas locas de volver a ser nada (como si en estos momentos el jueguito del ser lo tuviera resuelto) y ser nada significaba la libertad encerrada entre tantas glorieta de antaño, camellones en donde retozar la hueva filosófica, esquinas acomodadas estratégicamente para tomarse una “coquita”, algún árbol adecuado para desaguar, el bochito de Píramo que nos transportaba hacia cualquier lugar del Sur, testigo mudo de cerveza y marihuana, lugar de reunión para escuchar “Vibraciones” pláticas esotéricas con música de Cuco Sánchez mientras tomábamos una que otra cerveza, la hora de Chicago que tanto emocionaba al “Güerito” en fin, nuestra segunda casa, quizá la única por esos tiempos sesenteros en donde todo el mundo se daba cita para visitar o partir de Narvarte.
¿Cómo pudo haber comenzado todo esto que oscilaba entre John Lennon, Los Panchos y Julio Jaramillo, Julio Cortazar y este pinche mundo lleno de mierda?
Los años habían pasado y no podía pagar un sicoanalista progresista, la Universidad quedaba lejos, mis poesías eran solo leídas en noches de reventones nostálgicos por mi cuarto, mi mujer me había abandonado después de haberla atosigado entre tantas canciones de los Beatles y Led Zeppelín, Píramo ya no estaba, se encontraba lejos de mis inquietudes como para poder darme ánimo y seguir sin ella “La gran Maga”, mi aterrizaje, mi reencuentro con mis raíces.
Me encontraba solo y eso no tenía vuelta de hoja, desperté de un sueño de 16 años, demasiado largo para ser verdad!
Me preguntaba cuantos habría como yo, no podía creer que fuera el único atrapado sin salida en este laberinto de mierda repleto de oficinas burocráticas y ahora tecnocráticas, la misma gata, trampas sofisticadas para los pendejos que nos creíamos distintos, en esos momentos en que hasta los muertos votaban por el PRI.
El rompimiento se había dado, el globo de Aquiles estallaba después de tantos años de espera a la no posibilidad. Ciudad Universitaria se encontraba extraviada en algún lugar remoto del Sur, al cual todos los caminos estaban cerrados por la memoria y principalmente el olvido de algún sueño perdido entre un disco viejo de los Beatles y alguna manifestación contra los salarios caídos.
La metáfora de Eva que quiso apoderarse de ti se desvanecía en el momento de terminar el poema, malgastando las letras cansadas de inercia y falta de acción.
¡Oh esos grandes y locos sueños de escritor urbano!, retomando los recorridos de cualquier aprendiz de antropólogo, émulo de Quetzalcoátl o turista europeo ocioso y cansado de búsquedas por el Nepal o algún lugar cercano a San Cristóbal o Palenque y porqué no? las viejas minas de Santa Fe a unas cuadras adentro de cualquier capitalino ex provinciano, urbano terriblemente urbano.
Los viejos sueños Narvartianos se habían congelado entre tantas reuniones de ron y mota, de alguna encamada con quien se dejara atrapar por las mismas frustraciones y los sueños de opio.
Se encontraba lejana en la memoria las pláticas con el lechero desarraigado (ahora inexistente) o por la misma paisana abandonando Puerto Ángel para cosmetizarce, recuperarse, dignificarse ante los suyos.
No había escapatoria por ningún lado que se viera y entonces ya no nos podíamos salvar (equivocar?) estábamos condenados desde antes por nosotros mismos, es decir, por nuestras propias angustias adheridas a los sentimientos como esponjas a los 17 años y aún más, los pequeños mensajes que no se podían distinguir en medio de un espacio nebuloso de detergentes y comerciales de dentríficos y cigarrillos.
¡Carajo, Carajo ¡ me rebelaba, no era cierto, no había sido un sueño!
No podía quedarme como ese personaje de Orwel en “1984” enajenado y determinado por el estado, mi subconsciente era más que todo eso y lo peor del caso es que sentía que todos estábamos dentro de la misma cochina botella hasta el fondo de nuestros propios sueños y la Historia como una vieja chimuela con sus senos flácidos y secos amamantándonos hasta chuparnos la sangre!
Tampoco era el momento de salir a la calle con un rifle entre los brazos y darle la madre al sistema, como si este se encontrara encarnado o materializado den alguna parte de la Ciudad o en el Capitolio o el mismo Kremlin de entonces o en Chicago con los neoliberales o en la dirección de Coca cola, pero además ya las viejas teorías del Zen habían pasado de moda, las nuevas escuelas ricardianas se disfrazaban de “progress”, la Prepa popular siempre fue una falacia del underground universitario, mis cuates usaban corbatas escocesas adquiridas en la store de su universidad, Europa era la vieja chimuela que nada podía ofrecer después de dos mil años.
Continua...
Por: Modesto Herrera González | Narrativa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...
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