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La ciudad de los soles nocturnos

Sábado, 22 de septiembre de 2007

Desde donde estás...

Desde donde estás, perdida en mi memoria, recojo todos los momentos en que me hiciste sentir que el aventurero que hay en mí, exploraba continentes perdidos al recorrer tu cuerpo.

Sabías desplazarte en medio de esos mundos de palabras y te comunicabas con tus manos y tus piernas. Eran tus rodillas dos lunas que constantemente gravitaban sin leyes newtonianas.

Tus muslos dos planetas alrededor de un sol oscuro y húmedo, las arcadas del misterio, la compuerta deteniendo a otros universos sin principios ni reglas. Cierro los ojos y alcanzo a recordar los desdoblamientos de mi cuerpo detenido por tus hombros y tus codos sujetando los instantes en que viajamos por otras rutas en que ninguna carta de navegación podría indicarnos en que punto del espacio nos encontrábamos.

Tus senos apuntaban siempre hacia una constelación diferente y así atravesábamos el universo como preludio de las leyendas de otras vidas mejores que las nuestras.

Hoy después de millones de estrellas y tantas vidas, casi como un milagro escondido, te materializas en la María de Juan, en la María de todos y llega a mí la imagen de la mujer-símbolo en la cual deseo diluirme y te idealizo y “te veo igual en la tierra como en el cielo”.

Eres todos mis muertos y mis vidas por delante, la búsqueda que se esconde en algo inesperado, repentino que fue llegando suavemente y construyendo un puente mental de mi espíritu para apoderarse del tuyo y así seguir siendo tú y yo: los mismos en este espacio que se diluye entre el silencio y las palabras que se quedaron detenidas por el tiempo.

Años que esperé para volver a verte, como una vez en mis sueños tu figura desmanchada y falsa se metió en mis venas y fue largo el viaje de la sangre que mi mente alargó un tiempo taciturno, quebradizo y roto.

Un millón de espejos se rompieron provocando destellos entre el sol y el viento o las noches oscuras de mi cuarto. Un millón de veces rechacé la llegada de mi sangre hacia el cerebro, sangre en la que viajaban células tuyas prefijadas en mis sueños.

Pero a pesar de aquellas veces que mi ser se revelaba cuando tu aparecías en mis sueños y despertaba de repente sin poder atraparte en mi conciente, no pude detener el avance del polvo y de las piedras, el largo camino hacia la mente, tu cuerpo desnudo y los orificios de historia y de rutinas, las pesadas relaciones familiares se cayeron y me olvidé de parientes sin sangre ni raíces y solo a ti te vi. Fue tanta presión la que llegó a mi mente que la sangre me bañó por dentro, sentí envejecer y nacer al mismo tiempo, tu estabas presente sin quererlo tu memoria fue más fuerte que la magia, navegaste sola por mi sangre y poco a poco mis sueños recobraron tu imagen repetida y rota en medio del silencio de mi cuarto hasta que Dios y el diablo nos olvidaron

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

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