Lunes, 20 de junio de 2011
... y nuevamente tu cuerpo
es un universo de palabras
los doscientos seis inquilinos que te habitan
se trasladan de un punto común
y rutinario a otros puntos que son imaginarios
La mente elabora trampas silenciosas
a los días inmersos en el mar de la rutina
los hace naufragar en sitios que rescata
de un universo complejo de palabras
Los deseos se transforman en dibujos
que se plasman en el papel de arroz
y la palabra es el principio y fin
Porque cuando dibujas una palabra
describes el paisaje donde se encuentra
incrustada
y es la piedra,
la arena,
El agua que se escurre
por las faldas
de la montaña
y fluye
hacia
un arroyuelo de metáforas
es el color tornasolado de las hojas
en un tiempo que el otoño hace infinito.
Pero también le das un pronombre diferente
elaboras crucigramas por tu cuerpo
como un manojo de huesos sin forma
y en cada respuesta se pueblan de la carne
que hace falta para dibujar el beso
o ese roce silencioso de los muslos
y el contorno de tus labios.
En las cuencas que esperan tu mirada
hay una palabra que se llena de luz
para que que tus ojos miren
hacia un lugar que aún no existe
y con callada artesanía has inventado.
Has deshecho el mundo en un pedazo de papel
y en una pantalla de electrones
construyes tus preguntas
con los versos que esculpen los deseos
en el sentimiento de la ausencia
ese contante invento de inventarte
en la radiografía de tu carne
y de tus besos
despoblarte de geografías que se repiten
por todos los huesos de tu alma,
descubrirte entre los fantasmas de tu cuerpo;
tus pies se han descalzado del milagro
desnudos buscan cobijo en la espalda
que en ocasiones el verso le construye alas
y eres un ángel sexual y trashumante
en un periplo de silencios laberínticos
La palabra es un festín de encuentros
entre los dedos de una mano sin cuerpo
que en su lectura ciega llena el espacio de tus besos
dibuja la promesa del encuentro en otro verso
le regala pistas al interlocutor imaginario
deseas que sea el otro, el que no existe
el que provoca rebelarte de tu instinto
el que encarna de sueños tu esqueleto
el tiempo,
tu silencio,
tu accidente
el mundo detenido en un acento;
mueles el tiempo al quedarte detenida
en algún escondite de tus sueños
solo el verdugo de tu silencio,
el verso
y entonces
el beso,
el encuentro
el amor entre dos seres
sin cuerpo
se transforma en país de desahuciados
un paraíso
cuando el lector de tus deseos
resuelve crucigramas por tu piel
y puebla de criaturas sin tiempo,
a un bosque de esperanzas,
una metáfora
la imagen de una Eva sin manzana
a una nación de verbos sin espejos
y nuevamente tu cuerpo
es un universo de palabras
los doscientos seis inquilinos que te habitan
se trasladan de un punto común
y rutinario
a otros puntos que son imaginarios
ciudades que no han sido conquistadas
o poblaciones de almas en pena
aliadas de la magia
ayudantes del hechizo
para atrapar Odiseos,
Jasones,
Teseos,
descubrir al dios que hay dentro del cisne,
romper el mito de que el mito existe
y refrendar al cuerpo inventado por tus versos
Eros vencido por un Tanatos victorioso
en la batalla de la muerte con tus versos
la imagen misma,
el esqueleto,
la calavera
como contraparte del espejo
mujer sin banderas cuando escribes versos
hechicera que vuelas en el oscuro cielo
del deseo
que ha sido trastocado por el verso
en un país imaginario
donde quedé atrapado.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
Viernes, 17 de junio de 2011
Me preguntas si es cierto que te extraño, el clima en esta ciudad es caluroso las pisadas de mi cuarto al escritorio son un surco de silencios obligados
Me preguntas si es cierto que te extraño,
el clima en esta ciudad es caluroso
las pisadas de mi cuarto al escritorio
son un surco de silencios obligados,
el domingo es el día de los suicidas
o el baño de camposanto solitario,
me envías fotografías para no olvidarte
yo te envío radiografías de mi cerebro
donde los pixeles son cientos de letras
y en cada cuadro dibujo una palabra,
ellas delinean el contorno del deseo
dan cuerpo a la sensación de ausencia,
con ellas se dibujan los días restantes,
los estados de animo cambiantes
de una alegría desbordante a veces
a un ostracismo casi perfecto
del gozo de imaginarte con nosotros,
los habitantes de mis pensamientos
al tiempo prolongado del encuentro.
No sé a estos niveles del silencio roto
por qué o cómo es que te extraño
cuando la espera no es solamente nuestra
si no los días que lamentablemente ya pasaron
y construyeron arrecifes con el tiempo
de mi encierro obligatorio por tu ausencia.
He dibujado un campo de añoranzas muertas
un mar de tierra con corales impacientes
varias islas dentro de un mar sin viento
en que de vez en cuando una señal tuya
tu cuerpo cambiante se esculpe en mi memoria,
he detenido el calendario de la espera
porque la espera se confunde con tu ausencia
he trastocado la función de mis muebles y mi hambre
el comedor es ahora un lugar par el recuerdo
el espejo es también el diván del sicoanálisis
y en varias ocasiones el doctor y su paciente;
mi cama es el puerto donde siempre retorno
y también la embarcación en la que viajo,
la cocina un laboratorio de recetas y farmacia
el hospital que me recuerda cada aniversario
el estudio, antes un cuarto repleto de historias,
es un librero hueco que no acepta inquilinos,
lo mejor de todo esto que ya no hay fantasmas
ni preguntas que exijan mas de una respuesta.
Me preguntas si es cierto que te extraño
o si alguna vez en el futuro estaremos juntos
y yo he intentado en vano de decirte
que mi futuro es un laberinto de pasados,
verbos sin conjugar reflejados en el baño
con todos los inquilinos que lo habitan
en este encierro obligatorio espera mágica
y sí, en algunas ocasiones he extrañado
el deleite de imaginarte en este espacio.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
Domingo, 08 de mayo de 2011
Cuando nos encontremos de frente
y la idea de tus huesos
sea una sombra del cuerpo
que sostiene la carne del espíritu,
la inmortalidad en la paradoja de la vida,
entonces podré despojarte
del escudo que protege tu alma
de ocultas gravedades,
de misterios que no resuelves
por el solo hecho de continuar desnuda
sin ojos,
dentro de un cuarto donde sos la dueña
de esqueletos consanguíneos
y ancestrales,
en la cuenca del vaivén del infinito.
Solo el vacío que protege tu mirada,
el nombre común de tus secretos,
el carcelero de la carne como máscara
palabra sin un significado de promesas,
un cuarto sin ventanas,
ama de llaves tu cuerpo
de tu alma
provocas aguaceros de versos
por tus huesos,
metáforas de huesos por tu carne
cuando el sol,
la elipse distante
donde un punto se desliza
por el negro tupido del poema…
me hace preso de un secreto
que ha crecido en el exilio,
en la tierra diferente donde tus versos
nacen
con esa ausencia de quedarte detenida
en el instante
ese no saber de ti porque no puedo mirarte
ese decirte con palabras
lo que mi cuerpo me reclama:
En la cuenca de mis ojos un espejo
sin reflejo
sin poder ver a través
de un cristal negro,
un lamento
me imagino,
un dolor insepulto
en sepulturas.
la memoria se detiene
donde tu y yo sabemos
que mas allá de la vida con palabras
de lo que puede ser el momento previo al verso
son tus versos que tu carne llama
y tus ojos sin mirarme
con palabras se dibujan
en la radiografía del intento,
otra posibilidad dentro del cuerpo
mas allá de lo que el verbo
nos reclama
a través de una oración de rosarios trasparentes
en el punto entre el negro de tus ojos
solamente esa luz
que mi oscuridad
y mis entrañas
y tus huesos
y mis ganas
resuelven tus respuestas inventadas.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (2) | Referencias (0)
Martes, 26 de abril de 2011
Como dices: “un ceremonial de espejos” “En el ceremonial de espejos
la imagen repetida en miles de fragmentos que nos
hace recordar la historia
y enterrarla entre los espejos de la repetición
del bucle
donde “la abeja reina” se posa en “las cuerdas del infinito”
nos zambullimos en mares desconocidos
para colectar auroras, ensueños y naufragios..."
Ahí en la colmena celestial
donde la palabra es la abeja reina
pulsamos las cuerdas del infinito,...”
En el lugar insoportable del hastío me sacude la palabra
como una colmena embravecida
asisto al ceremonial de los espejos y con cautela me reflejo
en su inmenso peregrinar hacia la nada
en ocasiones existo
y en otras ocasiones mi fantasma deambula como imagen
sin alma y sin reclamos.
formo parte de el
y es cuando la letra se dibuja en el espacio virtual del infinito
la realidad se aleja en un tren de oraciones ahogadas
en el fúnebre silencio de los muertos
las metáforas despliegan su abanico de significados.
La sensación de estar vivo me atormenta en la tragedia
de este relato infernal de ser parte del enjambre.
De ser el cuerpo de un monstruo
creado en las arenas de la sangre
derramada
en el lento desollar del espíritu
de los que no pueden gritar.
El reclamo es un tiempo que se colapsa en la gravedad del inconciente
la otra parte de mi indiferencia ante el asesinato del planeta.
Muero lentamente sin percatarme en la dualidad del espejo
los que somos convertidos en lo que no deseamos ser,
nuevamente el canto de la desesperanza
y ante la palabra, como último recurso
la conducimos
por el pasillo de la tragedia que nos devuelve las imágenes
de lo que algún día pudimos ser
y en este columpio de lo eterno
entre las nubes de la fatalidad, la fiesta del vació
nos emborracha con su silencio clonado
para la satisfacción de nuestro yo perdido en el anonimato.
Somos una obrera más en la construcción del suicidio
el pájaro carpintero repiqueteando el eco del ozono
el diluvio en instantes que se repite en el reloj del infinito
que nos conduce al destino de nuestro propio epitafio.
Como dices: “un ceremonial de espejos”
la imagen repetida en miles de fragmentos que nos
hace recordar la historia
y enterrarla entre los espejos de la repetición
del bucle
donde “la abeja reina” se posa en “las cuerdas del infinito”
lo que nunca hemos sido que sin ser lo que somos
nos refleja la historia intermitente del primer asesinato,
la quijada del burro como símbolo del crimen
a este espejo enorme que se desintegra en la oscuridad del vacío
y que en algunos instantes de luz perdida nos regresa a la nada
somos la vomitada de un sueño equivocado
aprendemos a salvarnos con la palabra y se nos olvida el verbo
como origen del caos
el verdadero enjambre de lo impredecible
donde se gesta el advenimiento de la fatalidad y la dicha
como siameses de la propia realidad.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)
Lunes, 25 de abril de 2011
Una larga fila de personalidades
en la pasarela del cambio
de la celebración del grito
y Patty Smith iniciando el rito de la melancolía.
I En el centro del silencio
En el centro de la música
que reencuentro después de años,
en medio de la inmovilidad por las palabras,
los muertos
y las festividades sagradas
de la resurrección de la vida,
entre pantallas líquidas
que en otros días fueron papel quemado por el tiempo
y de sus cenizas,
un pájaro sin alas remonta el vuelo
a través de un universo imaginario
en que los espejos
como radares o faros de luz,
devuelven la oscuridad a las sombras
y proyectan la ruta de un camino sin fin,
En el centro del silencio
me despojo de mi cuerpo
y regreso a la palabra,
a su espacio original.
Alrededor de la llama sagrada,
el viejo canta,
(soy yo) ante la imagen danzante del color azul
en espera del espíritu,
el Nahual acecha en el cuerpo de un coyote,
Joni Michel anuncia el final de los tiempos
de una época
que se quedó atrapada en las paredes del viento
y como una piedra estacionada en la mitad del siglo,
me vigila con los carceleros del lenguaje,
con una frase solitaria sin pronunciar
hasta que el silencio,
en su muda gravedad,
se colapse con la oscuridad de la noche
y se aleje de los sueños sin realizarse.
He cumplido con el tiempo de espera
para cocinar al infinito
en la cacerola del olvido y de la magia,
he desnudado los ruidos del vacío
y cantado el diálogo de los desposeídos
con los seres sin alma.
He danzado con la muerte en un lugar del norte
al ritmo de una nota de samba
escrita por un mariachi;
me han mostrado el largo viaje sin retorno
con el humo que se disipa
en la desgarrada presencia de la nada.
En el corazón de las tinieblas
me han imaginado
sin la belleza de una palabra
y dibujada con metáforas
la trayectoria de una mariposa nocturna;
revolotea al compás de la luz
que generó el silencio mismo
cuando me asomé a la ventana
y vi pasar el cortejo de la historia
sin poder hacer nada,
solo miraba los rostros que aparecían
y se alejaban como una larga fila de trenes
reclamando el abordaje.
Y yo observaba,
mientras mis dientes se caían lentamente
y mis ojos se alejaban del paisaje.
Vi llegar a los soñadores
a la casa de los locos,
bajaban uno a uno de la rueda de la fortuna,
se estacionaban en el anden de los sueños detenidos
y otros se quedaron atrapados
entre los estantes de los supermercados
y sentados en su féretro
los fines de semana,
enfrente de la caja de las imágenes.
Otros habían regresado al polvo
y algunos rescataron a la flor
que se transformó en la mirada de una mujer
que esperaba año tras año a su amado
sin perder la esperanza
de que algún día,
antes de su partida,
el la rescataría del olvido.
En el centro del silencio
me he refugiado de los sueños líquidos
y de las dulces melodías del alba
que bañan con su sonrisa
los cristales de mi ventana.
He sido un apóstata del ritmo
en la construcción de las líneas imaginarias
que separan un pensamiento de otro
para viajar juntos.
II Entonces me pregunto
¿Acaso el sentimiento que esconde un signo,
se cobija en el pensamiento
y con la intuición de lo que es,
viaja sin parámetros
hacia el momento que no ha existido aún?
Las mariposas salen apresuradas
de una cárcel obligatoria
cuando el silencio
es la paradoja del crecimiento,
la metamorfosis del alma
en la búsqueda del cuerpo,
la otra habitación que nos espera
en medio de la soledad sin nombre,
la cortesana del amor sin repliegues del espíritu,
solamente un cuarto sin ventanas
para que la imaginación no escape
y cultive con sus especies el caldo de las respuestas
Ellas fluyen por una vereda de cocuyos
y luciérnagas
hasta la profundidad de la noche,
símbolo del bosque,
representación del misterio
en el mundo de los seres sin rostro.
El mar no cubre con su poderosa respuesta
las complejas preguntas sin plantearse
en el cuarto de las gestaciones,
el alumbramiento del verbo
en la estática flama de una vela
que simboliza la metáfora del descubrimiento.
Recorro los senderos que coquetean
En esa parte del bosque
donde la verdad no tiene reflejo
en el espejo de la historia.
Salto de una palabra a otra
para atravesar el riachuelo de los sueños,
entonces los versos son de piedra,
las canciones del aire se cuelan entre las jaras y los bambúes,
para despertar al centinela de los pensamientos
que en otros tiempos co habitaban
en la cueva de las profecías.
Una palabra se sacude de los sonidos de la noche
para quedar desnuda de significados,
al bañarse en la cascada de interrogaciones.
El poema se construye con los recuerdos de otras vidas
en el sepulcro de los deseos.
Reconozco el rostro de mis antiguas compañeras
y entonces me pregunto si ellas
son la delicada flor que me regala la vida
en esta parte de mi recorrido
que se abre al misterio de la palabra vientre,
que nos recuerda que alguna vez
fuimos luciérnagas
que danzaban en el reflejo de la luna.
Entonces todos los versos encuentran su respuesta
cuando el espíritu me susurra al oído:
Todas las mujeres son un solo rostro
en los intentos de equilibrio mágico,
las palabras son los puntos luminosos
en la gran telaraña de los tiempos,
la Historia es una madeja de hilos rotos
en el otro lado que nos define,
la memoria quebrada ante la fragilidad,
instante en una realidad sin tiempo.
“dentro de mi se encuentran los intentos
de equilibrio mágico”
“La puta y bendita soledad sin nombre”
siempre agazapada en los pliegues de las sábanas.
El salto del brujo en la percepción del aprendiz,
las largas tardes de una canción
por las viejas calles de una ciudad inexistente
mientras 4 emisarios del recuerdo
nos ofrecían sin percatarse,
el don del cambio,
La mesa en que se apoyan las palabras
para el regocijo de la poesía
los libreros mágicos…
Y el sonido de una Kena que reproduce los caminos
que las nubes construyeron,
hace muchos mundos,
para el reencuentro
de lo que fuimos:
Hendidura en el polvo,
la otra parte del hemisferio,
donde reside el espíritu
en su disfraz
de vieja sacerdotisa del conjuro
que nos susurra nuevamente
que somos el amor,
la carátula de la nada
metáfora del pájaro
en una palabra
y otra
y otra
y
otra
y así
de peldaño
en peldaño
subimos
por el camino de las nubes
acompañados del viejo cóndor
centinela
que nos conduce
hacia el verbo.
Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (1) | Referencias (0)
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