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La ciudad de los soles nocturnos

Sábado, 10 de mayo de 2008

Caminata

 

En mi acostumbrada caminata,

a un lado del mar, el sol estalla

y cientos de haces luminosos rebotan,

todavía con el sereno matinal,

en el gris poroso y fresco de las piedras.

 

Enfrente, una mujer bella y serena

al desplazarse por la playa,

hace balancear sus piernas

con el vaivén sincopado y melodioso

de las olas con la arena;

 

Ellas besan sus pies, mojan sus piernas

y un poco mas arriba de su cuerpo,

majestuoso,

unas caderas exquisitas,

voluptuosas,

las cabalgan

y en medio de ambas:

una esfera perfecta

partida a la mitad

y dos mitades,

lunas menguantes

provocando al mismo tiempo que las olas

las mareas en mi mirar.

 

De igual forma la mujer, el sol,

las escolleras en su trabajo

de separar el azúcar con la sal,

me evocan la flora deliciosa del lugar:

un mango carnoso

(en vez de labios)

Melocotones, duraznos

melones y papayas,

una sandía partida en dos;

todo un coctel de frutas

que en la mirada se relaciona

el comer con el amar;

pero también la fauna y el paisaje,

las gaviotas,

un pobre pez

atrapado por las redes,

en lucha encarnizada

para no ser un pescado,

un par de mariposas,

perros jugando con sus dueños,

jirones de nubes emperladas,

azuladas

y al fondo,

como un cuadro lejano:

El horizonte

dividiendo los colores

y la vasta soledad de la mañana,

sumergida y distante de este lado

en que el sol acaricia a sus amantes...

 

 

 

 

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

Sábado, 10 de mayo de 2008

entonces ¿quienes somos los que somos

si no es lo que somos

que sin ser no somos nada?



 

 

No puedo sustraerme de tu encanto, me tienes atrapado

en medio de dos corrientes de agua en esencia diferentes

ambas son anáforas, sinónimas, parónimas, contrarias,

hermanas,  rivales, sacerdotisas de la vida y de la muerte;

a veces parecen enemigas y otras por su origen incestuosas,

una baña el árbol que me brinda un  manto protector

seductor y cristalino, la otra abre su boca siempre inmensa

y se empacha  con su imagen por la esquina de mi casa.

 

 

Eres el mar embravecido, la calma necesaria en la tormenta,

el faro inservible en una noche brumosa y sin estrellas, pero

también la música de pájaros, luz que se cuela en  mi ventana

tardes de abril sin prisas, la mirada serena y fija en la montaña.

 

Sin ti el tiempo entre una jugada de ajedrez es el rey muerto

pero también sin ti la reina es la señora pintora de los cuadros

la albacea de herencias sin fortuna en una mañana desolada,

pintura sin óleo, un jardín sin crisantemos 

y vacío sin eco transparente.

 

En ocasiones voz solitaria sin orquesta, canción sin armonía

a veces lince, pantera o loba protegiendo a sus cachorros

de la hiena; la selva negra, el momento anterior al sacrificio,

la antesala de la vida aprisionada. pero contigo, el mar verde

azul de las seis de la mañana, que vence a las gaviotas y los peces,

pescador de sueños, coral arrepentido de agua dulce, huellas dejadas

por el sol en las arenas de la playa mientras mis sentimientos flotan.

 

No puedo abstenerme de tus reglas construidas en la nada

la conciencia sin verbo, la ausencia de palabras, la ausencia

de todo lo que pueda percibir o imaginar  el pensamiento,

necesarias para poder acechar  al  hacedor de nuestro tiempo.

 

No quiero que seas mujer, amante,  adverbio o adjetivo

no quiero mezclar las recetas que conjuran al misterio y

lo hacen regresar desde atrás para llegar a ese instante en

que la pluma o la máquina, al fin y al cabo dos cosas parecidas,

resuelvan la pugna entre lo que es verso a secas y poesía.

 

Vuelvo mis pasos a las canciones que escuché en otro poema

con otras voces ahora que no me dicen nada y sin embargo

pueden decirme lo que busco: el encuentro de mi yo perdido

entre tantas caminatas acompañado por el sonido en el vacío.

 

No puedo desprenderme de tu espera y salgo a tu búsqueda

con un par de cuencas, una bocanada de humo, papel y lápiz

la mirada difractada en el vidrio de la historia, amores idos

ilusiones escondidas en los caminos recorridos del silencio.

 

Sigo mis pensamientos que se refugian en el diccionario

ellos quieren encontrar la palabra que lo diga todo como

alguna vez fue el Verbo y otras veces el espejo, el sentimiento

desolado, la muerte, los fantasmas, el cuerpo fragmentado,

las frases congeladas como la rabia, el destino, la soledad,

el mismo tiempo.

 

Llevo a cuestas un proceso estéril al tratar de  cocinar 

nuevas palabras, saco algunas de mi viejo  portafolios 

construido por el viento,  quiero coser una frase hecha

con otra ya desecha, la intersección o un conector diferente

a las vocales permutadas, el dedal, el horno a cuatrocientos grados,

los botones del placer, el ojal y el cierre, hilvanados

al  cristal  de las ideas de la misma forma que el camello

pasa por el ojo trasparente del misterio.

 

Pongo punto y aparte en este momento en que te busco

y te encuentro, te acepto y te rechazo y sin embargo estoy

de nuevo en la conjura del sol de las 11 de la noche, repitiendo

las mismas frases,  narrando el cuento de una forma parecida

sin pensar que esto puede volverse diferente, el cansancio

y los párpados cerrados, el ron, el viaje, el cigarro, las reumas

que de un tiempo acá le aquejan a mi mente y sin poder contar

con esa yerba milagrosa que aligera las neuralgias y las penas.

 

 

 

II

 

Sigo en mi pensar, me duermo y pienso que al otro día

seré otro, después de una taza de café, y otros sueños, 

después de haber atravesado tres historias de Toltecas,

Yoremes y Huicholes, de haber tomado un té en el alba

de salvia, romero y cruda, tres flores rojas, palo mulato,

 

después de haberme bañado con flor cuatemocate, anís

de estrellas y corazón de palo, con el poder del águila

que me dan por nacimiento los abuelos del Tlalocan

para emprender sin dolor las enseñanzas del Toltecayotl.

 

Me apresto a recibir tu ausencia con palabras nuevas

que en realidad son palabras que tienen dos mil años 

y en la cornisa en que el tiempo y el vacío construyeron,

ellas esperan que una oración diferente las haga canto.

 

Ahora te invoco con  el sonido del grillo y del tambor,

con los 20 cantos chamánicos del aprendiz de brujo

cuando el aliado le sopló en el ayuno del sexo, y los

bordaron con el  fuego y los pases danzados al compás

del grito  soñado del silencio.

 

La noche regresa una vez mas reclamando tu presencia;

te conjuro en una ceremonia conducida por el cuervo,

el coyote y la culebra y alrededor del fuego, la polilla

envidiosa nuevamente de  las mariposas.

 

No es que seas una mujer, o un collar de cuentas

o las ocasiones  en que nuevamente  la nada te nombraba 

sin presencias nocturnas ni aliados invisibles, o reclamos

de poderes en la cueva del abuelo; solo eres la abstracción

del  principio de los tiempos, la historia del mito en ambas

partes del océano, la mezcla de colores  para tejer con ellos

el tapete del venado, del peyote y el toloache, agazapados

en la bolsa que guarda los deseos de dialogar con Tate Wari,

el viejo padrecito que ilumina la conciencia.

 

Soy el ayudante del que sueña sueños y por lo mismo

los descifra, explica, a los que sin ilusiones, mas allá

de los reclamos de esta gran sociedad de los insectos

consumen el alimento enajenado de las cosas

que no dan saber, ni aceptación, solo el hastío

de seguir ambicionando las luces de neón;

 

de igual forma curan sueños y los trabajos de quien

hace daño; no se porqué no escriben sus memorias

aquellos que entre ellos se llaman Jiteveris, Maracames

Ahuizotes, sanadores, brujos, poetas todos juntos

artífices de símbolos rescatados en los sueños.

 

No se si en Wirikuta la tierra añorada del peyote,

haya abedules u otros tipos de árbol, solo se que

el viejo huichol emprende el camino cada año

mucho tiempo antes que Don Juan fuera leído.

 

 

III

 

No es el toque mágico el que me impulsa a continuar

ni el camino del corazón por las calzadas de la vida

esa idea que encierra el intento de bordar en el manto

de la noche mi firma indisoluble y manifiesta.

 

No es que piense en las palabras

cuando te estoy pensando,

quizá porque el largo cortejo de  los rostros

como películas añejas ha pasado,

como pasa el tiempo

que a veces sin pasar por estos lugares

en que la paciencia es limitada,

parece decir que aquí efectivamente

no ha pasado nada, solo palabras ancladas 

vetustas y  caducas, como disco de acetato

que en los surcos de la ausencia

se repiten gastados, como ellas

que al mirarse en el espejo ante tu espera,

aparentan el cansancio de tantas líneas repetidas,

muchas oraciones que de tanto repetirse,

tampoco dicen nada.

 

No es cuestión de conjurar al diccionario

y rescatar los signos escondidos

del polvo de los libros no leídos, olvidados

y deseosos  de ser una vez mas renacidos.

Repetirse entre frases nuevas

que digan lo mismo repetido,

sentimientos que quieren ser los únicos,

los que en un momento exquisito del silencio,

se pueden convertir en criaturas diferentes

al batir de alas y  pájaros nocturnos

y se esconden en el lado  oscuro 

de hace muchos siglos  y milenios.

 

 

El mundo híbrido ya no es mágico,

no hay burbujas encantadas;

los manuscritos

no revelados

para el grueso de la gente,

grabados con  las piedras y el silencio;

son reescritos nuevamente por los signos

ocultos de la luz estacionada en la cabaña

en que el viejo Hooker cantaba "of big town".

 

Ciudades grandes que se tragan mis palabras,

anzuelos  como máquinas  rastreras a la búsqueda

de mundos aún no descubiertos por los sueños.

 

 

Me encuentro a la espera de la carta

que se ha escrito en mil lugares,

con manos diferentes,

de personas con un solo lenguaje:

el que acecha la palabra que se esconde

en el sonido del jaguar y del tigrillo,

producido por varios instrumentos,

antes tambor, sonaja, teponaztli, huehuetl, 

caracol, chirimía,  berimbau, clavicordio, laúd

y ahora una guitarra valenciana.

 

IV

 

 

Estoy  rodeado de papeles y de libros,

de objetos inservibles,

y cuadros de los Beatles

de Alberto Einstein,

del Ché,

de Marcos,

de mi madre,

yo mismo hace treinta años, 

mi mujer, mi hija;

un viejo pizarrón, discos

y una silla verde que recuerda mi nostalgia,

dos aparatos de sonido

y dos computadoras,

 varias revistas de historia  y de poesía,

un perro, viejo, 

que por soledad, le hago compañía.

 

 

Sigo revolcado en mis entrañas mar adentro

de mis viajes interiores como Jasón y Eneas,

buscando nuevos continentes de palabras,

amuletos encontrados en la mitad del viaje

que acompañan este sentimiento de ausencia

y ansiedad por nuevas frases que atisben

el mundo de los muertos y renacer con ellos

en un país de olvidos y de símbolos  perdidos.

 

Tengo en mis manos y releo Altazor de Huidobro,

Piedra de sol  de Paz y  Muerte sin fin de Gorostiza.

Narradores de ciudades celestiales e invisibles

exploradores del ser entre las trampas de la historia,

prisioneros de su búsqueda,

universales de si mismos,

sonajeros haciendo ruidos con metáforas

miradores del hombre

creadores de ventanas

hacedores de estrellas silenciosas

inventores de letras y de mundos

náufragos en mares de palabras

nuevos inquilinos en  nuevos continentes

creados, recreados

y vueltos árbol y pájaros

en los pasajes desérticos de arenas amorosas,

críticos de si mismos y de los otros

que al final son ellos mismos de otra forma

recogiendo sus pedazos de alma

en los fragmentos del cuerpo repetido

en uno y otro viajando por los vientres

de mujer, oficiantes en catedrales

(de campanas) mudas,

suicidas concientes al caer en los desfiladeros

como tropos,

exploradores de montañas,

senos manando la savia de la vida

y muriendo en ellos.

Los que desnudan el agua

y le dan a Dios forma de vaso

y al vaso recipiente de almas hechas a medida,

sedientos de tiempo cuando los belfos fueron agua,

monjes cartujos que en sus celdas

hay reclamos de tiempos paralíticos

y silencios como pájaros

alrededor del beso

como pensamiento

al escribir en sus versos

la palabra beso.

 

Cantos a la poesía y el lenguaje,

creadores de infinitos,

inventores del amor con otras formas

y como pretexto:

el hombre, sus pasiones, 

la mujer y Dios.

 

V

 

Salgo de un mundo y entro a otro en que "el otro"

es el locutor del yo extraviado y fragmentado

de los espejos rotos, la llama como imagen fortuita

la cárcel con barrotes de palabras y de versos;

de animales mitológicos que vuelan a la mitad

del cuarto y  buitres al acecho de los tiempos

olvidados por los muertos del mañana.

 

Mi cuarto es otra trampa, y otra trampa mi ventana

los ruidos yuxtapuestos, los sonidos lejanos

el poco viento, el ulular de la sirenas prediciendo

que el sol se extingue entre las ramas de los árboles.

 

El mediodía no es una hora adecuada para hacer poesía,

preferible la noche, recinto donde se aparean las serpientes,

lenguaje mudo de  arañas cuando ellas tejen

la colcha del silencio, los hilos invisibles del rocío.

 

Una sombra que se piensa en su propio pensamiento

presagia lo que hoy es placer inmenso, después nostalgia,

líneas que marcan territorios y expulsan negaciones,

mala vibras, malos viajes  en el rito del mitote

me impulsan a pensar en la meseta y abajo en la cañada,

el refugio del coyote cuando abandona la otra parte.

 

Me enfrento a mi Nahual, un  animal de seis cabezas,

soy el coyote, la víbora y el conejo escapando de ambos,

vuelo con el cuervo al prestarme sus graznidos.

Regreso a mi cuarto aquí no hay nadie, ni yo mismo,

Lo cotidiano me persigue y en vez de sortilegios esperados

descubro nuevamente el holograma de mi ser que se

pierde en un vieja foto cuando me torno pájaro y después 

serpiente que se arrastra por la tierra para encontrarse

al fin con su morada.

 

 

VI

 

Me sustraigo en mi pensar y solo te evoco

y me recreo;

el dichoso pensamiento es un vórtice fotónico

en hoyos negros, micrométricos,

que me chupan energía,

es tu imagen que gravita por mis venas 

y mi cuello,

detiene mi cerebro la oración precipitada

para clamar por tu regreso,

mientras el sonido de las almas

diluyéndose en el humo,

ahuyentan de igual forma los espíritus molestos

e invocan  con su ruido silencioso

a todos mis aliados y mis muertos.

Hoy es el tiempo del conejo,

el salto de la iguana y de la rana,

afuera la explanada espera por sus velas, 

la cañada es de nuevo el laberinto,

entonces escuchamos al que canta letanías y parábolas, 

el hacedor de cuentas y de cuentos,

el que provoca que  las piedras graviten alrededor del fuego;

 danzan las partículas del cosmos

dibujan en un soplo los mapas de la nada

y en la segunda noche,

cuando el árbol tiene sed y el animal se duerme,

pueda salir del círculo de fuego,

robándole el secreto que me conduce a ti,

mariposa de las alas negras

y en el centro de su vientre

un punto rojo simbolizando al fuego

y en su manto nocturno las pinceladas de plata

las estrellas y una bola amarilla en cada ala 

invocándose a ella misma, mariposa de la luna,

la que provoca terremotos al otro lado del océano,

la que desborda las palabras y las convierte en manantial

de pájaros volando al infinito,

ecuaciones silenciosas tapizando las respuestas

que la ciencia niega

y eso que llamamos brujería,

tampoco explica,

solo el canto del hombre con bastón y la lechuza,

el que sueña los sueños de todos sus ancestros

y todos los ancestros de los hombres,

el que escribió la primera palabra

con las plumas del águila y del cóndor;

aquel que también se convierte en zopilote

para limpiar al mundo

de todas las inmundicias de los hombres

y todas las mentiras

 y todas las verdades de la historia,

el que nos deja sin  lenguaje

y nos conduce hacia la muerte

y nos regresa hacia la vida,

el que sueña que puede soñar lo que soñamos

cuando el sueño es el lado oscuro en que habita el universo

con todo su manar de gravedades y de cuerpos

y entonces, solamente entonces,

es el verbo, que nace igualmente de la nada.

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 24 de abril de 2008

Waldo López el danzante del silencio

 

Desde donde habitan los sueños

Desde donde nacen los días y se consumen las noches.

Desde donde el silencio se vuelve llamarada

y los hombres salen de sus tumbas

Desde donde las cuentas se vuelven presagio

y la oscuridad harapo de las sombras...

(Murmullos de Peña Blanca)



Hay una parte en mi, castanediana, matusiana, sabinesca, (totonaca) tolteca, fuertemente arraigada, en que el chamán blanco, el sicoanalista  no pudo abordarla con los elementos mágicos de los shamanes siberianos  ni los druidas, y mucho menos los mitos surgidos de la Paideia. Solo el humo del copal, los espejos que se desvanecen con ellos y los regresa, Tescatlipoca el dios de dioses, lo pueden interpretar. El suave murmullo de las palabras que transporta el viento, la noche, las colinas, los recuerdos perdidos en ese "inconciente colectivo" mas allá de la geometría cartesiana, el crecimiento a la orilla del río de las mariposas (Papalopan), el viaje al monte de la media luna, el encuentro en Tuxtepec con la naturaleza y el universo completo dentro de un cuarto, el mitote, el peregrinar a Comitán, la Mixteca, Xochicalco, algún café perdido por el templo mayor; Tlaltelolco,  donde las palabras anteriores se escapaban de la red que las contenía como peces deseosos de regresar a su origen y desgraciadamente se estrellaban contra la calzada, los cuentos de chaneques, la cochina con zuecos que espantaba a los hombres que atravesaban el puente después de las 12 de la noche en Juchitán, el venado sagrado de los huicholes, y así muchas cosas mas que me hacen viajar y recordar los  murmullos de “Blusero”....     

Fragmento del Quinto murmullo 

"De un pincel brotan mariposas, vuelan trémulas, eructando colores

en las ciénegas celestes.

Salen del sueño, traspasan tiempos y direcciones,

encuentros virtuales y ceremoniosas despedidas.

Vuelan y desperdigan visiones de raro esplendor,

epopéyicas travesías, océanos y madrigueras,

continentes y oasis de frescuras desquiciantes.

Vuelan y vuelo

con el soplido de unos labios delirantes.

Vuelan y vuelo sin volar.

Sin estar siquiera, sin devenir, ni decir para apalabrarlo con la mirada del olvido.

Caos celestial que hace estallar al cristal que contiene la noche.

Vuelan y mi desvelo se vuelve mortaja blanda,

para esa parte intrascendente de ti y esa parte rugosa de mi

que es vuelo que vuelo sin soñar,

sin el repiqueteo de campanas del recuerdo....

El hombre jaguar

es movido por la ayahuasca y el abuelo; conjura, dice.

Arma con una pala una luna

que para volar necesita volverse águila encendida.

Lleva la palabra - murmullo

El ara de una realidad desconocida.

Delirio - flecha

En el pecho de un raro designio

con el que marca el ritmo con su maraca - infinito.

El tambor, latir del fuego eterno

Abuelo-Vuelo

Vuelo-Abuelo

Convoca la sangre de los ancestros, para que brillen los dolores y las desilusiones.

A pesar de que aún muerto sigue este dolor..."

EL “Blues en la cabaña” (otra forma de decir las cosas), es una especie de respuesta a la poesía de  La magia se hizo canto, aunque antes fue El blues… , los tiempos se tropiezan en su diálogo y el círculo se cierra. La espiral de la noche en el canto solitario de los sin patria, el canto rebelde de los sin padres, el canto subversivo de los sin "hermanos", aislados por la sinfonía de los mediocres, descubriéndose diferente en el reflejo del espejo que alguna vez los toltecas inventaron para que su dios principal se disolviera y así la tangente con la cuerda disparasen una flecha al horizonte para despertar al águila dormida mientras la serpiente acechaba. EL circulo se cierra, todos los cantos son un solo canto y el canto final, el de aquellos que blusero dice que son los dioses: “las estrellas”, irradian su esplendor en los murmullos que sin querer alcanzaron el grito del coyote cuando de otros lugares diferentes se tendió el puente para que nunca jamás la magia fuera de unos cuantos...    

El vapor suave

consecuencia de haber amado el cielo y la tierra

se evaporó en el infinito;

las estrellas entendieron el embrujo y enviaron un destello

para fertilizar en el barro el canto del tambor.

 

Canto Negro

 

Tres cicatrices de espuma quedaron marcadas

en el costado de la historia.

Abrieron compuerta, rompieron celosía.

No se comprendieron a tiempo las trampas del espejo, las cuentas,

la pólvora, el caballo y la armadura.

Crucificos para despostillarlos en la espalda

de nuestros ancestros.

Látigo para mostrar la buenaventura

del pan y del vino.

Tres cicatrices sobre un mar desconocido,

acechado de monstruos...

 

verde-negro al rojo de las llamas del desencuentro.

Idilio sopesado en el ansia;

en la alucinación voluptuosa de hablar con la muerte; de ser y no ser

en la explosión contínua de los instantes...

...

New Orleans la de muchos amantes,

la que se desgrana en noches tintineantes

y aguijonea, aún más, la tristeza del abuelo...

Waldo nos comenta sobre los Danzantes Nocturnos:  “La hora en que los danzantes nocturnos se convierten en estrellas. Son palabras robadas a otro texto que escribí tiempo atrás. Algo tenía este verso que atrapó mi atención más no así el poema en su totalidad. En el momento de la relectura, con unas buenas tijeras, podé todo el poema y solo sobrevivió esta línea, sin remordimiento o un mea culpa extraídos desde la distancia.” … 

TUM TUCUM

TUM TUCUM

BACUM BATICUM

Adombe, Gangá, Mondé

Candombe Nené.

 

Las intensidades se duplican.

Los sudores son la quintaesencia

de las olas.

Aya Bamba, Ya Bembé

Candombe Nené

Es la hora de los adagios.

Cuando la señora noche

muestra sensual sus confiterías celestes...

 

Las tijeras son otra metáfora mas de la poesía y sus imágenes que vuelan como la nave del quijote alemán hacia la luna que en ese momento para él es el infinito. Los versos y las metáforas como una caja de cristal en que las mariposas tropicales se encuentran atrapadas, vuelan una por una, el cazador de ritos, el hechicero de las formas y las sinécdoques, el trampero de fantasmas que alguna vez se pensaba que habían desaparecido, las deja ir y las atrapa al instante en que ellas dejan de ser palabras, solo son manifestaciones del espíritu que desean danzar alrededor de los tambores y calor de las llaman conjuran las fuerzas del infinito, es decir los misterios que el universo no detiene y van más allá de el. El sudor transporta el mar de los conjuros y la urbe se desvanece ante el aplastante peso de unos días dentro de la selva negra. Cachao ha muerto y ha muerto Nicolás, también el sol es absorbido por Mocambo y otros diablos que quieren ahogar el espíritu de la danza, no importa que sea el Caribe o los desiertos de Arizona, o Veracruz o Tijuana o el Amazonas no importa el mar ni la luz plateada; lo que importa es el rito solitario del jaguar, de la dos veces serpiente.   Leer “Murmullos en Peña Blanca”  “La magia del canto” “Caleido-scorpio”   y otros poemas más es un viaje por los mundos en que el peyote es un personaje, la Ayahuasca es su contraparte y los cantos rituales de un congreso de brujos en los recintos sagrados del poder, se enredan con las voces de todos los hombres antes grito ahora canto, antes un lamento, la expresión de un sufrimiento transportada a la música y la poesía y nuevamente  a las imágenes que transportan las palabras en los poemas de Waldo López alias “Blusero”.  Te invito a que te atrevas a viajar con las palabras por una cantina de Nueva Orleans a la cabaña perdida en Luisiana, a las selvas en el Caribe al desierto de Arizona, a Tijuana y San Diego, en donde  el blusero los amarra con palabras a un pañuelo alrededor del cuello del brujo en el ritual de Peña Blanca: 

 

Waldo López: Performero, poeta del silencio y promotor cultural 

http://bluzero.blogspot.com/  

Por: Modesto Herrera González | Ensayo | Comentarios (0) | Referencias (0)

Martes, 22 de abril de 2008

Otra forma de decir las cosas

En mi país que tristeza, la pobreza y el rencor… Dice mi padre que ya llegará desde el  fondo del tiempo otro tiempo y me dice que el sol brillará sobre un pueblo que sueña labrando su breve solar… Alfredo Zitarrosa 

 

 

Los días pasaban como el jueves de plaza en el viejo barrio Santa Cruz o la escuela y el tranvía que me regresaba a ese lugar privilegiado que era mi cuadra mi casa, el cine de barriada, la cerrada, donde jugaría por las tardes el tochito,  el bote, a la botella, las anchuras, el spiro. Una lonchería en el pasillo del viejo cine me recordaba las grandes salas de café de un lejano París, siempre soñado nunca visitado, alimentado por los filmes que en ese entonces pasarían por las noches del martes a 3 pesos por entrada y dos películas. 

Las “marías” vendiendo en sus tendidos los vestigios del “milagro mexicano”: jitomates, ajos, chiles, tortillas azules, nopales y tlacoyos; sin embargo el sistema encarnado en las “julias” del gobierno, por querer embellecer una ciudad, arrasaría sus tortillas y los hijos junto a ellas. Por otro lado aparecían en la radio, noticias, canciones, comentarios suspicaces de una sociedad aún muy lejos de ser cosmopolita; el Tláloc, símbolo se piedra en los “Tiempo modernos”, era transportado a su nuevo recinto, yo lo había visto en su lugar original. Los desayunos escolares antes del “milagro petrolero”, se repartían en todas las escuelas oficiales (las privadas se eximían de comer semejantes tonterías con el pretexto de abdicar para los “niños pobres” que no asistían al México).

Había uno que otro maestro comunista y a los alumnos regalaban libros sobre la vida de héroes no “oficiales”, los hermanos Rodríguez aún no habían muerto en las calzadas del asfalto y los peraltes. Eran tiempos del Memín y de la plaga, del camión de pasajeros que arrastraba con el esa vieja película de “Esquina bajan” con David Silva, de “Con quien andan nuestro hijos” y “Quinceañera” , de “Rebelde sin causa” y “Esplendor sobre la hierba”; “Ella te ama” era la canción junto con “Sombras” que se escuchaba por la radio y las niñas eran fresas y las niñas nos besaban en el juego de botella y las niñas comenzaban a ser mujeres, esposas, secretarias y  amantes del mismo señor que daba clases de moral alrededor de la mesa  a los miembros de su casa. 

Los melenudos, piojosos, jipis le decían, eran ajenos en esa calle perdida de la Del Valle es cierto, “el milagro mexicano” era un éxito;  Salvador Novo en esos tiempos no lejanos era el cronista y Octavio Paz no había ganado el premio Nobel todavía. Solo pocos, como entonces, leían el periódico; en Siempre! la revista, surgía una nueva camada de escritores, periodistas, cronistas, mafiosos al decir de una sola voz por esos días. Mundo, Caballero, D´tiqueta, Vanidades, el Ja-Ja y otras tantas revistas, sin leerse, llenaban a rabiar el puesto de periódicos en la esquina.   

Todos íbamos de corbata a la escuela secundaria; pasaban documentales de antiguos emiratos que ahora por el petróleo se habían modernizado y nosotros, cantábamos las canciones del primer disco de los Beatles. Ni pensar que algún día existiría Avándaro o el viejo lagarto quemando mota en el desierto, María Sabina apenas era descubierta por turistas un poco mas aventurados que los chavos de mochila haciendo turismo ecológico y viajes iniciáticos. Las fiestas con mocasines de gamuza y playeras de “vanlon” con el mismo color de calcetines, grises pantalones igual que los zapatos y amarillos lo demás, pelo corto, bien portados, Rocío Durcal, los Teen Tops, los locos del ritmo, Enrique Guzmán y Cesar Costa, era lo común por esos días en que otros lugares combinaban el jolgorio con la Sonora Santanera y Carlos Campos, el mambo, y Trini López, Sonia y Miriam y los Panchos, para alegría de los mayores, de esa última defensa de las “buenas costumbres”. 

Es cierto que las noticias llegaban un poco menos lentas y los Beatles poco a poco llenaban el espacio de la radio, sin embargo Hungría, Checoslovaquia, la guerra estúpida en una ciudad de la península indochina, todas esas noticias, aún no alcanzaban las frecuencias. Así empezó todo este relajo del cambio, el caos, el rompimiento del sistema, el miedo de los grandes, las buenas conciencias amenazadas por la música, y el discurso subversivo que también acechaba en los salones.   

Mi pregunta es si acaso haya sido el rock a secas, o la poesía de Neruda y de Vallejo, Pedro Páramo, Revueltas, la República refugiada en los pasillos de la UNAM, o los barbones guerrilleros liberando a la isla del tirano y todas las muertes paradójicamente dos veces reprimidas por la radio, fueran los responsables de despertar a la conciencia del hombre arrodillado durmiendo a expensas del mentado milagro mexicano. Ocho años atrás, Jaramillo asesinado con toda y su familia, Vallejo, Campa y los acusados por ese artículo de disolución social, sacado de la manga, esperaban en la cárcel por nosotros y demás elementos invisibles que en un momento se unieron para otro “despertar”.  

No se que pasó, solo se que en esos momentos, Parménides, José Agustin, entre otros, el jazz antes en los plásticos cafés existenciales, la barba de candado, las catacumbas, el “Randevoú” y algunos lugares que  no conocía: Lecumberri, la Sierra Madre en el pueblo de  Madera, el FLN, el ejemplo en ese entonces de “pulgarcito” defendiendo su porción de tierra y paraíso ante la “junai1” y los mafiosos, Arbenz y Guatemala, el despegue del Ché y el supuesto lugar de nacimiento del antiguo presidente, Camilo torres, Bob Dylan, “Rayuela”, los Grafitis reinventados en París, otra vez los Beatles o que se yo… por fin se pasearon por las calles de Tacuba y de Copilco, y después, las calzadas bañadas por la sangre derramada como hace siglos, en otro templo igual al mismo espacio el dos de octubre, fueron los que al fin detonaron con lágrimas y fuego, esa dormida rebeldía, el despertar una vez mas de la conciencia.

No se si fue el rock o las películas, los jipis, la UNAM, las muertes, Camus, Sartre, la brujería, la astrología, la poesía; Chico Buarque, Benedetti, pero ahora después de esos años, a pesar de tantas vidas sacrificadas y tantas muertes, las marías ya no venden milagros, solo hay rescates bancarios  con 40 millones de pobreza, narcotráfico, reformas, una tras otra que supuestamente nos harán ricos, sabios, educados.

Ahora, seguimos con las mismas preguntas y abultando una vez mas las carteras de los otrora viejos gordos, retratados en los monos de Quezada y la novela Artemio Cruz de Carlos Fuentes, políticos, magnates, industriales, prestanombres; en estos tiempos: delgados banqueros deportistas y sin tener culpa en parte las escuelas, egresados de Yale, Princeton y Harvard; nosotros… a los que nos llaman “pueblo”… también llenamos los bolsillos con la ausencia de respuestas y de sueños.  Ahora, sin saber como pasó, ahora después de tantos despertares, volvemos a dormir sin poder alcanzar a nuestros sueños. 

 1.-  Así le decían a la United Fruit Company

Por: Modesto Herrera González | Crónica | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 18 de abril de 2008

Tristeza Soledad

Puedo llenar las hojas en blanco de tristeza,

hablar de las canciones de Silvio describiendo

los tiempos escampados de esperanza.



Puedo escuchar en esto días

de días por venir ahora lejanos

las canciones de dolor y rabia y

escribir por ejemplo que estoy triste

y no se si por no encontrar la rima

que empañe de alegría mi nostalgia

o moje mis recuerdos de esperanza.

 

O escribir por ellos aún dormidos:

es hora  que despierten y que luchen

por los pedazos de tiempo arrebatados

que les fueron robados hace mil años

 

que no se dieron cuenta de la trampa

del famoso engaño de la ciencia

de un merolico y un payaso,

y de una caja de pandora idiota

que al abrirla como espejo

nos vuelve mas idiotas

 

Quiero pensar que otras canciones

que los años vuelven viejas

y de tanto cantarse siguen frescas

me regresen a esos tiempos de cedros

y cipreses y laureles en la frente y

caballos en el viento persiguiendo

heliotropos, azucenas y mujeres.

 

Que no sean nunca más los pájaros

ni los peces silenciosos y pudientes

lo necesario para describir con ellos

el amor entre las sábanas y el campo

de aquellos girasoles en la tarde

de sol dorada y bella, como una

mirada de mujer cuando se entrega.

 

Que sean las palabras no rimadas,

aquellas que le dijeron piernas

boca, senos, pezones, caderas

y cuello, labios y manos seductores

o  cobíjate en mis brazos amor mío;

sin las mariposas del tiempo; ni

decir que me despierto con el alba

de tu sonrisa de niña enamorada. 

 

Es preferible hablar de sentimientos que

al perderse en la esquina  de la almohada

mojada se abandone  al beso  despechada

en vez de disfrazar con las palabras

los estados que difractan a la nada

y se transforman en una larga melodía

de silenciosas imágenes dobladas en

el pliegue final de la puta y bendita soledad

mil veces insistente y fielmente enamorada.

Por: Modesto Herrera González | Poesía | Comentarios (2) | Referencias (0)

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Pongo a disposición mi trabajo (poesía, crónica y narrativa entre otras). Pues bien aquí comienzo...

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